• 19:32
  • viernes, 01 de julio de 2022

Semana del aquelarre

El Foro Económico Mundial (WEF, por sus siglas en inglés) ha vuelto a sesionar de manera presencial por primera vez en más de dos años, tras el inicio de la pandemia del coronavirus. Este domingo, la ciudad suiza de Davos se convirtió nuevamente en la sede del encuentro que se celebrará hasta el jueves 26. La élite del sistema de gobernanza global se reúne aplicando derecho de admisión para pergeñar cómo seguir dominando el planeta sin chamuscarse.

Por Gustavo Porfiri

Semana del aquelarre

Unos 2.500 representantes de los negocios, la política, la sociedad civil y los medios de comunicación, incluidos más de 50 jefes de Estado y Gobierno, participan en esta edición del evento económico para lanzar "una nueva era de responsabilidad y cooperación global".

Sin embargo, los organizadores decidieron en marzo de este año suspender sus relaciones con Rusia y no mantener ningún vínculo con personas o entidades rusas sujetas a sanciones, en consonancia con las sanciones contra Moscú tras el inicio de su operativo militar en Ucrania. Así, los magnates rusos, los terceros multimillonarios más representados entre los asistentes en el Foro de 2020, estarán ausentes de las sesiones de este año.

Cuadro de honor

De tan magno encuentro participan la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, el presidente de Polonia, Andrzej Duda, el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, y la directora ejecutiva del Fondo Monetario Internacional, Kristalina Georgieva, entre otros altos comandantes de la guerra que Occidente le ha declarado -por ahora- a Rusia. Ya le llegará el momento a China, vía Taiwan. 

Según los organizadores, el WEF transcurre "en el momento geopolítico y geoeconómico más trascendental de las últimas tres décadas". Los líderes abordarán "los retos humanitarios y de seguridad urgentes", incluida la crisis en Ucrania, uno de los temas clave del evento.

La estrella del momento

Uno de los animadores estelares de esta edición es el presidente ucraniano Volodímir Zelenski. Antes de entrar en la política, este hombre fue actor, guionista, productor y director de cine y televisión. Creó la productora audiovisual Kvartal 95 Studio, dedicada a desarrollar contenidos para el cine y la televisión y a la organización de conciertos. Con ese bagaje acumulado, don Zelenski representa muy bien el papel protagónico que las potencias imperiales de Occidente le han asignado: el de superhéroe en la cruzada contra el demonio ruso. Así, este ignoto gobernante, que cobró notoriedad global desde el día en que Moscú decidió intervenir militarmente en Ucrania, ha sido escuchado en varios parlamentos del mundo y ahora tiene la vidriera de Davos a su disposición.

Algo parecido ocurrió con Juan Guaidó, quien en enero de 2019 se autoproclamó "presidente encargado" de Venezuela, e inmediatamente fue reconocido por Estados Unidos y luego por varios gobiernos de América y Europa. Era la figura bendecida por el imperio para derrocar al dictador Nicolás Maduro. Claro que hoy  Guaidó está completamente devaluado, mitad porque es tiempo de mejorar las relaciones con la Revolución bolivariana, no sea cosa que el conflicto en Ucrania derive en la necesidad de hacer negocios petroleros con los herederos de Hugo Chávez.

Volviendo al presidente ucraniano, este lunes, disfrazado con la camiseta verde olivo que porta desde el inicio de la guerra, fue la estrella principal en Davos. El señor no dejó pasar la oportunidad y pidió que le manden más dinero y armas. Aunque agradeció la ayuda internacional que ha recibido hasta ahora, opinó que aún no es suficiente. En Ucrania “ya no hay ciudades pacíficas sino ruinas, y en lugar de turismo, bombas y misiles, este es el resultado si seguimos como hasta ahora”, advirtió, ante los líderes políticos y empresariales que le prestan atención momentáneamente. “Ucrania necesita todas esas armas que estamos pidiendo y no solo las que nos están brindando. (...) Ucrania necesita financiación, cuanto menos 5.000 millones de dólares al mes”, afirmó Zelenski logrando un grado de ridiculez propia del Guinness.

El tiro por la culata

Ninguno de los personajes reunidos por estos días en Davos tiene la capacidad de admitir el tremendo fracaso que significa para Occidente haberse metido en el conflicto ucraniano. Venían trastabillando, luego llegó la pandemia y puso de manifiesto la crueldad del sistema económico que se propala -entre otras usinas- desde la villa alpina que le da nombre al Foro. La peste sirvió para potenciar al extremo las fortunas de una docena de multimillonarios y empujar a la pobreza a cientos de millones de habitantes del planeta; las desigualdades crecieron de manera irracional.

Pero lo curioso es observar cómo esta gobernanza planetaria reunida en Suiza, en su intento de perjudicar a Rusia, no hace otra cosa que tirar un bumerang para angustia de sus propias poblaciones. Las tasas de inflación de la mayoría de los países del G7 (Canadá, Francia, Alemania, Italia, Japón, Reino Unido y EE.UU.) se han elevado a "niveles no vistos en décadas", aseguraron los ministros de Finanzas y gobernadores de bancos centrales del grupo en un comunicado conjunto, tras su reunión celebrada la semana anterior. Por caso, la inflación en el Reino Unido registró en abril su tasa más alta en 40 años. El índice de precios al consumidor pasó del 7% en marzo al 9% el mes pasado, según las últimas cifras de la Oficina de Estadísticas Nacionales. 

Hace mucho tiempo que esta élite oligarca viene jugando con fuego, y si bien ha hecho que pueblos enteros hayan caído en desgracia por sus acciones, por estas horas las llamas la están cercando.