martes. 23.04.2024

La pelea para que nadie quede afuera

Por Gustavo Porfiri

Del 6 al 10 de junio próximo se celebrará la IX Cumbre de las Américas, en Los Ángeles, California, EE.UU. Allí se reunirán los jefes de Estado y representantes de gobiernos de los países del continente americano como lo hacen, cada tres años, desde 1994. Sin embargo, esta vez el imperio norteño decidió dejar fuera del encuentro a Cuba, Nicaragua y Venezuela, mostrando una vez más su arrogancia y desprecio por los pueblos de este continente. Felizmente, se han levantado voces valientes contra semejante atropello.

 

"Los países que por sus acciones no respeten la democracia no van a recibir invitaciones", dijo recientemente el subsecretario de Estado estadounidense para el hemisferio occidental, Brian Nichols, en una entrevista con NTN24. Por supuesto que esta postura se contradice abiertamente con lo publicado por el mismísimo Departamento de Estado, que en su página oficial señala: “Estados Unidos ha demostrado, y seguirá demostrando, su compromiso con un proceso inclusivo que incorpora las aportaciones de las personas que representan la inmensa diversidad de nuestro hemisferio e incluye las voces indígenas y otras históricamente marginadas”. Verso, humo, marketing, maquillaje. Además, si fuéramos a dejar de lado a quienes no respetan a las democracias, nos quedaríamos sin anfitrión.

Esta Cumbre debió realizarse el año pasado, pero fue postergada por la pandemia. Se trata de la novena edición del evento que reúne a todos los líderes de América del Norte, América Central, Sudamérica y el Caribe. La primera también se realizó en Estados Unidos, en Miami, en 1994, cuando Bill Clinton habitaba el Despacho Oval, aquel al que hizo famoso por sus travesuras sexuales. Para esta ocasión, Washington ha programado tres foros: la Cuarta Cumbre de los CEOs de las Américas, uno dedicado a los asuntos de la sociedad civil y otro de los Jóvenes de las Américas. 

“¡Al carajo!”

Una de las cumbres más recordadas seguramente fue la IV, la celebrada en Mar del Plata, entre el 4 y 5 de noviembre de 2005. “Patotear con una simple mayoría, ideas que tienen tanto que ver con la vida de nuestros pueblos, ayuda muy poco a la convivencia de los pueblos” enfatizó Néstor Kirchner, entonces presidente argentino, ante la mirada furiosa de su par mexicano, Vicente Fox y el gesto de hastío de George Bush, máximo mandatario estadounidense. Kirchner fue lapidario. Lula y Hugo Chávez lo miraban con sonrisas cómplices, mientras Tabaré Vázquez -titular del Mercosur- sacaba cuentas de cómo redondearía el documento final. Estados Unidos y sus aliados habían llegado a la “Feliz” con el único objetivo de imponer el ALCA, un tratado de libre comercio que hubiera significado el dominio pleno de EE.UU. sobre las naciones americanas.

Chávez, Lula y Kirchner fueron los artífices del rechazo al ALCA. Lula hizo punta con un discurso en el que dejó claras las injusticias del comercio de la región con Estados Unidos y exigió que se hablara de la creación de empleo. Le respondió Fox, interrumpido por Kirchner que presidía la reunión: “Ese tema no está en la agenda”, le dijo tajante el agentino al mexicano cuando éste quiso colar el asunto del ALCA. Tiempo después, Chávez contó que Kirchner le había dicho: “vos alargá todo lo que puedas, que Bush se pone loco”. El venezolano habló casi media hora sin respirar mientras el presidente norteamericano se retorcía en su asiento.

Finalmente, el intento imperial de abrochar a las naciones del sur en su telaraña comercial fracasó. Pero fue en la “Cumbre de los Pueblos”, un evento paralelo surgido en la II Cumbre de las Américas, desarrollada en Santiago de Chile en 1998, donde Chávez gritó: “ALCA, ALCA, ALCA, ¡al carajo! ¿Quién enterró el ALCA? Los pueblos de América”. El líder bolivariano estaba sobre el escenario montado en el Estadio mundialista de Mar del Plata rodeado -entre otros- de Evo Morales y Diego Maradona.

Voces firmes

La exclusión de Cuba, Venezuela y Nicaragua que EE.UU. decidió para esta Cumbre se transformó en un problema grande para Biden. El presidente de México, Andrés Manuel López Obrador encabezó el rechazo. “Si se excluye, si no se invita a todos, va a ir una representación del gobierno de México, pero no iría yo”, dijo AMLO. Lo imitó el boliviano Luis Arce y se sumó la Comunidad de Naciones Caribeñas (CARICOM) integrada por quince países, la gran mayoría ex colonias de habla inglesa. Sus líderes dijeron que no asistirán si no se revisa la medida. También sumaron sus críticas Xiomara Castro, la primera mandataria de Honduras, y hasta el presidente argentino, Alberto Fernández. Tampoco viajaría el brasilero Jair Bolsonaro, enfrentado con Joe Biden desde que le diera su apoyo a Donald Trump, en las últimas elecciones. Por su parte, este domingo, la ministra de Relaciones Exteriores de Chile, Antonia Urrejola, recalcó que su Gobierno hace un llamado para posibilitar la participación de Cuba, Nicaragua y Venezuela. La canciller añadió que el evento carecería de fuerza en caso de ser excluidas estas naciones, debido a la ausencia de espacios de diálogos en la región, así como los altos niveles de fragmentación y polarización en el área.

Faltan tres semanas para la realización de la Cumbre en Los Ángeles. Serán días de ardua batalla para que las naciones excluidas arbitrariamente por el imperio puedan asistir. Una oportunidad de oro para ver nuevamente -como en 2005- a un mandatario yanqui con la sonrisa arruinada por los pueblos del continente.

 

La pelea para que nadie quede afuera