miércoles. 24.07.2024

Desde el sábado 23 transitamos los últimos 30 días previos a la elección general y al final del mandato del actual intendente Víctor Aiola. No estamos poniendo en duda que el traspaso se produzca el  9 o 10 de diciembre tal como manda el cronograma institucional, pero como en todo los casos en que un jefe comunal se despide, el tiempo que pasa entre la elección y la efectiva mudanza se dedica a ordenar la transición. A arreglar cuestiones domésticas, que podrán tener matices según si quien resulta ganador es del palo o no de quien deja la principal oficina de Reconquista 26.

A propósito de eso, en este último tramo de campaña, cada vez hay mas evidencias de las distancias que separan a la acción de gobierno con las necesidades del candidato oficial del mismo partido. Las anormalidades de esta campaña de la escudería oficial tienen su explicación. Todo estaba previsto para que Víctor Aiola fuera por un tercer mandato. Varias cuestiones se interpusieron en el camino. La explosión de los casos de corrupción en el Corralón Municipal, con la consecuente implosión del gabinete que formateaba la campaña del Intendente, significaron un antes y un después. El derroche de los casi 600 millones de pesos que hasta finales del año pasado se resguardaban en instrumentos financieros en el BAPRO, se fueron dilapidando al mismo tiempo que se desvanecía el sueño  de la re -reelección. La programación anticipada de los festivales de Los Palmeras y La K’onga tenían que ver con ese sueño trunco. A partir de ahí se desanda todo un camino y se monta un espectáculo previamente guionado que gira en torno a la discusión del pos aiolismo. Es la imagen donde se mezcla la música cumbiera y las caras del duelo. 

El post aiolismo es de autoría intelectual del multimillonario senador  Agustín Máspoli, que luego de las PASO acaba de volver a la escena. El final de la novela se conocerá el 22 de octubre. Los protagonistas centrales, más allá de la abulia del guionista, son Alejo Pérez, Víctor Aiola y Lisandro Herrera.

 

Las urnas

Hoy más que nunca vale el atrevimiento de remitirse a las palabras del periodista, escritor y profesor Mario Wainfeld, que el último jueves eligió seguir largas conversaciones pendientes con Osvaldo Soriano, Pasquini Durán y muchos otros que lo recibirán entre abrazos y café. “Las elecciones las ganan o las pierden los oficialismos”, repetía hasta el cansancio el autor de Estallidos Argentinos. Por eso nos ocupamos de meternos en esa tribu. Ahí ocurren cosas en las que este cronista pone la lupa desde que arrancó el otoño y cuando la estación de los brotes y definiciones electorales estaban aún muy lejos. Anticipabamos que Víctor Aiola se bajaría de su pretensión por otro nuevo mandato y que la discusión hacia adelante tendría o tendrá que ver con la reconfiguración del poder en el radicalismo. A esta altura, y con hechos que indisimuladamente ponen en evidencia cuales son las posibilidades reales o las intenciones del actual Jefe Comunal, queda en claro a qué juega cada uno.

Primero es necesario remitirse a la disputa por la candidatura donde tanto el mismo Aiola, como el senador Máspoli inclinaron la balanza a favor de Pérez. Eso le permitió al actual concejal, sin territorio ni volumen partidario propio, quedarse con la máxima aspiración aun a riesgo de que se cumpla el objetivo de quienes lo impulsaron. La matriz genética y la impronta personal de Alejo Pérez, pretende poner en discusión el nuevo liderazgo de la UCR. Para eso deberá ganar la elección. Por eso asume el desafío, a sabiendas de traiciones planificadas de antemano. Si le sale bien, jaque mate. Esto no es el peronismo. El que gana se queda con todas las bolitas y los demás, tarde o temprano, pasarán a cuarteles de invierno.

 

Soldado vivo

Mientras tanto, el tercero en discordia hizo el papel que naturalmente actúa. Lisandro Herrera, soportó desplantes, ninguneos y hasta malos tratos. Tuvo que bancar la parada frente a sus propias filas que le reprochaban no haber asumido otra actitud. Jugar las PASO era una opción. Dentro de esa canasta de posibilidades se negó a ser el candidato de Marcelo Daletto y acertó. Está claro que el rey de la rosca e híper millonario legislador del partido de Monzó, volvió a demostrar que no es profeta en su tierra. Lo intenta desde principio de los 90 cuando dejó la UCD y lo quiso torear a Julián Domínguez. Se comió la paliza del siglo, pero siguió adelante. Sabía que lo suyo no era ganar elecciones Lejos de eso, volvió a poner en evidencia que los números no le dan ni para un concejal propio. Pero Lisandro Herrera viene de otra escuela, cree en la legitimidad de origen y también sabe que un soldado vivo sirve para otra guerra.

 

Políticas públicas

Si hay algo que le permitió a Víctor Aiola llegar al poder y ser el primer intendente radical de la historia del pago chico que gobernó 8 años, es su sagacidad para leer la realidad. Para imaginar los tiempos que vienen. Para trazar caminos alternativos. Cuando se analizan las últimas decisiones tomadas desde el principal sillón del Municipio, está claro que ve una situación de alternancia en el poder. Lo sospechaba, lo confirmó en las PASO , aunque, una vez mas es imprescindible volver a Wainfeld cuando tantas veces escribió “los votos se cuentan en las urnas”.

De cualquier modo y hecha la aclaración, vale insistir con que nadie en su sano juicio podría suponer que el actual intendente paralizaría obras públicas, recortaría horas extras o no pagaría el bono a los empleados si él fuera el candidato. Todo esto ocurre, y de hecho, los primeros cuatro días de la semana que hoy comienza, serán en medio de un paro decretado por las dos organizaciones de trabajadores con representación gremial.

Aiola confiesa a sus mas íntimos que está pensado en una transición ordenada y en una oposición responsable, que además acompañará con trabajo cotidiano desde su banca de diputado, en tanto los números del 22 de octubre le permitan llegar a la legislatura de la ciudad de La Plata. Asi las cosas, mientras los compañeros peronistas sostienen un pacto de convivencia, los radicales viven horas parecidas a aquel lejano 2015 en el Pasaje Beltrán. Que cada uno baile al ritmo que quiera, o que pueda. Pero que la próxima joda no la paguen los vecinos. Mientras tanto, esperamos el balance del último recital en la cancha de River.

 

Entre la K’onga y el duelo