• 05:34
  • miércoles, 28 de septiembre de 2022

“Chacabuco debe reconstruir su historia de lucha, de vida comunitaria”

Cuando fuimos el futuro llegó a su fin. En la contratapa de hoy publicamos la última edición de una serie de relatos del periodista, escritor y docente universitario Manuel Barrientos. Con anclajes en su infancia transcurrida en Chacabuco, la historia recupera “la potencia durante los años del despertar democrático”. En diálogo con Cuatro Palabras, asegura que la ciudad debe “profundizar más la reconstrucción de su historia de trabajo, de lucha, de vida comunitaria”. “Por eso intenté no solo rescatar ciertos personajes, sino también contribuir a poner en valor ciertos trabajos culturales”, dice.  

283766703_2101883203312771_8614866644133431194_n
“Chacabuco debe reconstruir su historia de lucha, de vida comunitaria”

“Me interesaba mucho recuperar la potencia que yo viví en el redespertar democrático, el regreso del trabajo en los barrios, del trabajo solidario, de la cultura comunitaria. Es decir, una mirada de la política que atraviesa lo partidario, pero también lo desborda”, dice Manuel Barrientos a este medio. Para el escritor y periodista, Chacabuco “es hoy una ciudad llena de personas, de lugares a las que les debo eterno agradecimiento”, y está convencido de que “debe profundizar la reconstrucción de su historia de trabajo, de lucha, de vida comunitaria”. “Por eso intenté no solo rescatar ciertos personajes, sino también contribuir a poner en valor ciertos trabajos culturales, que, con las grandes diferencias, van desde la literatura de Conti hasta las medialunas de Lacentra o los salames de Zammuto o de Milione o Cieri”, dice. 

El foco de los relatos está puesto -entre otras cosas- en la potencia de la vida política y la participación ciudadana de los ochenta. Lo cierto, cuenta, es que empiezan a surgir con la muerte de Alfonsín y, al mismo tiempo, con la lectura de varios libros de Zygmunt Bauman en los que plantea que en nuestra infancia adquirimos las ideas de familia y de Estado. “Me di cuenta de que mi educación primaria estaba temporalmente vinculada al retorno de la democracia en la Argentina y a la presidencia de Alfonsín: arranqué primer grado en 1983 y terminé séptimo en 1989. Entonces era una coincidencia temporal perfecta”, dice. 

Era la infancia de un personaje con la infancia de una democracia. Además, consideraba “más rico y complejo que el niño personaje tuviera simpatía familiar por el peronismo, entonces había cierta distancia acerca de esa primavera que generó el alfonsinismo”. 

En ese recorrido, surgen ciertos personajes ficticios y otros bastante reales, sobre los que tiene una mirada muy amorosa, afectuosa, de mucho reconocimiento: Carlos Bettoli, el maestro Pelikan, Cacho Zaccardi, Fermín Dasso, Osvaldo Rodrigo, mi tío Pedro, o mis tíos Pedro, Cacho, Tito, entre otros. 

-¿Qué devoluciones recibiste en este tiempo?, ¿qué va a pasar con Camilo?

-Fueron muchas, muy cálidas, en un principio de familiares, luego de modo más extenso a personas que no conocía, u otras que hace tiempo que no veía, como algunas maestras o profesoras que me formaron en talleres de periodismo ¡en sexto grado! 

-¿Cómo fue el proceso de escritura?

-El proceso de escritura fue muy tortuoso, arrancó hace más de diez años, de modo desordenado, garabateando algunas ideas en cuadernos Rivadavia, luego en la computadora. Me ayudó mucho la lectura de amigas, de amigos, pero aún no se cierra, aún hacen falta algunos ajustes. Con el personaje de Camilo me gustaría hacer una segunda serie, con su educación secundaria, que coincide en modo casi exacto con la primera presidencia de Menem, y rendir tributo a personajes como Carlos Bettoli, Roque Cattaneo, Marcela Valerga, Mónica Olivetto, el Chata García, Fideo Gajate, Lucas Bettoli, entre otros, que fueron fundamentales en nuestros aquellos años. Más allá de eso, primero debería terminar de ajustar ciertas cuestiones que creo que aún no pude lograr de Cuando fuimos el futuro, por mis limitaciones literarias.

-¿Cuánto te atraviesa la literatura de Conti? ¿Qué otros autores te inspiran?

-Conti es omnipresente, aunque a veces intente tomar distancia, siempre vuelve. Hay frases completas, ideas literarias, formas de describir personajes y lugares de Chacabuco que se me imponen por momentos de modo inconsciente, en otros casos de manera más premeditada. Se me hace muy difícil escribir sobre Chacabuco sin que aparezca su presencia. También me fue muy inspiradora la lectura de La conjura de América, de Phillip Roth, una ucronía que narra desde la mirada de un niño el triunfo de un candidato pronazi frente a Franklin Roosevelt en los Estados Unidos de 1940. Otros autores que me ayudaron fueron Ian Mc Ewan y Richard Ford.

- ¿Dónde está centrada tu atención como periodista? ¿Hacia dónde debe mirar hoy?

-Mi trabajo periodístico hoy está centrado en la memoria y en la economía cooperativa. Ahora estoy trabajando en un libro de relatos campesinos del norte argentino, entrevistando a productores campesinos e indígenas, tratando de reconstruir sus historias de lucha, de producción popular, de construcción de comunidad. Me resulta muy atractivo y potente poder contribuir a la comunicación del trabajo de miles de organizaciones cooperativas que hay en todo el país, que muestran mucha solidaridad, capacidad de innovación, creatividad y lucha para enfrentarse a miles de dificultades y obstáculos y crear espacios de producción comunitarias y de desarrollo local. Hay mucho por aprender de esas experiencias.