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  • lunes, 08 de agosto de 2022

"Esta zona podría ser más rica si fuera agroecológica"

En Esquina Unión se proyectó ayer por la tarde “El camino es la agroecología”, un documental de Santiago Sáez producido por la Red Nacional de Municipios que fomentan la Agroecología. Luego, la ingeniera agrónoma Bernarda Roldán, el promotor agroecológico Santiago Muhape, productores locales y de la zona contaron su experiencia en territorio. “Se puede vivir de la producción agroecológica porque hay más conciencia, más mercado, más información, ya no hay dudas”, aseguraron.

"Esta zona podría ser más rica si fuera agroecológica"

“Este documental es también un logró cinematográfico que muestra una realidad que está sucediendo en Argentina, y que recién ahora empieza a visibilizarse. En 45 minutos el director nos mostró un montón de experiencias muy resumidas, que nosotros ya venimos siguiendo en pueblos
de la redonda”, dijo Santiago Muhape, que abrió el encuentro después de la proyección. En esa misma línea, aseguró que “Chacabuco está quedando aislado porque no hay demasiadas experiencias al respecto'', y señaló la importancia de la lectura de los libros “Escudos Verdes productivos” y “La Argentina fumigada”. “Después de ver este documental vemos cómo estamos colaborando como ciudadanos y la necesidad de pensar hacia dónde queremos ir como comunidad, es necesario unir voluntades”, agregó.

Para Muhape, el documental, “nos sirve para pensar si queremos quedar en la agenda de una Argentina fumigada, o plantear la posibilidad de ser un pueblo sustentable, que significa que un productor pueda tener ingresos produciendo sin contaminar, porque no se pueden seguir contando casos de cáncer y otras enfermedades relacionadas a este modelo productivo”.
Además, afirmó que “no tenemos que ser productores agroecológicos para colaborar, un periodista puede hacerlo, un médico puede aportar sus herramientas promoviendo la salud desde este lugar, las universidades pueden acompañar con el contenido académico, comerciantes y legisladores deben promover estas prácticas y políticas de Estado para acompañar a productores”.

“Estamos conectados y somos un montón”

Bernarda Roldán es ingeniera agrónoma y técnica en ganadería. A los dieciocho años estaba haciendo monitoreo de soja en un campo para un ingeniero agrónomo de Chacabuco. Estaban contando la cantidad de chinches, y enviando los datos a través de un teléfono Nokia 1100. Se acercaron a la ruta para conseguir señal, y reciben una llamada que les advierte que salgan del lote porque estaba llegando una avioneta aplicadora. La advertencia llegó tarde y los rociaron sobre la cabeza. En ese momento decidió que no seguiría ese camino. Presentó la renuncia al otro día.

“El ambiente es muy áspero,yo era una mujer trabajando en el campo, ingresé a la universidad con el objetivo de trabajar en otro tipo de producción, donde obtuve los cimientos para poder generar mis propias herramientas para intervenir los espacios productivos”, contó.Ahí empezó un recorrido por el país para conocer otras experiencias, hasta que se encuentra -en Córdoba- con un grupo que practicaba permacultura. “Di con libros que mostraban un tipo de agronomía completamente diferente, amplia, abarcativa, que no solo integra la parte experimental, sino la cuestión social, de integración, que contempla a las personas que viven en el campo”.

Roldán trabaja hoy en asesorías en Chacabuco, Chivilcoy, Saladillo, 9 de julio, y asociada con una colega en Junín y otras ciudades. En la ciudad, acompaña a nueve productores que trabajan bajo el formato de agroecología bajo el programa Cambio Rural, del INTA. Es un grupo bien homogéneo: hay producción ovina, vacuna, hortícola, cultivos extensivos como trigo, maíz, soja; y un productor de biofertilizantes. “El camino no es fácil, porque no tenemos una huella marcada, somos nosotros quienes la creamos, y es un camino de interdependencia, donde creamos redes, estamos conectados y somos un montón”, aseguró. Por último dijo que “es una espiral que no va a parar de crecer, porque hoy tenemos consumidores más conscientes que exigen la calidad de los alimentos, y la calidad está basada en cómo se produce”.

Cambiar sirve

El productor Martín Salvador contó su experiencia en la producción apícola. Hace veinte años que empezó su recorrido, después de perder varias colmenas con la forma tradicional de producción,empezó a buscar otros modos. Luego de conocer a Santiago Muhape fortuitamente, se interesó en la Agroecología.“En Chacabuco, en los años setenta, se producían 150 kilos por colmena, llegados los años noventa, entre 50 y 90 kilos y en los dos mil, ya con la producción intensiva de soja y fumigaciones, se paso a 30 kilos por colmena, y lo que se pierde de kilos es lo que se pierde de biodiversidad”, asegura. Pero, a través de la producción agroecológica y un ambiente sano, volvió a sacar 40 kilos por colmena.

“Vivo en una isla rodeada de un mar de soja”

Gerardo Ferraroti vive y trabaja en una chacra de cinco hectáreas cerca de Junín, Sol de Llano. “Elegí vivir en el campo porque me parecía que era la mejor vida que se podía llevar, naturista, y empecé a producir desde los comienzos -hace 25 años- de forma agroecológica, siempre dije que vivía en una isla rodeada de un mar de soja”,cuenta.

Se fue concretando con el tiempo, su lugar tiene mucha diversidad: produce trigo orgánico para harinas integrales, frutales de carozo, “que se dan muy bien en esta zona”, hortalizas, entre otras cosas. Vende en Junín y la zona, de forma directa a los consumidores y en dietéticas y mercados barriales. “Los monocultivos han desplazado la diversidad, que podría hacer mucho más rica y más bella la vida en está zona”, dijo Ferraroti y cerró: “se puede vivir de la producción agroecológica porque hay más conciencia, más mercado, más información, ya no hay dudas”.