Cuando fuimos el futuro

“Necesitamos debatir colectivamente los problemas que tenemos en común”

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El periodista, escritor y docente universitario, Manuel Barrientos presentará el próximo 8 de septiembre su nuevo libro “Cuando fuimos el futuro", que reúne una serie de textos publicados semanalmente en el diario Cuatro Palabras. Con anclajes en su infancia transcurrida en Chacabuco durante las intendencias de Osvaldo Rodrigo y Mario Lalla, el libro de Barrientos tiene el foco puesto en la potencia de la vida política, la participación ciudadana y los lazos comunitarios de los años ochenta.

Por Martina Dentella.

- ¿Cómo viviste pensar en esas entregas semanalmente? ¿cómo fue el proceso de escritura? 

- Comencé a pensar en estas historias en 2009, cuando se conectaron la muerte del ex presidente Raúl Alfonsín y las lecturas de Richard Sennett y Zygmunt Bauman. ¿En qué sentido? Bauman señalaba en su obra la preminencia que tuvieron las concepciones de Patria, Estado, Familia durante varios siglos y cómo esas ideas se empezaban a fraguar por medio de la educación en la infancia y, en especial, en la escuela primaria. Ahí comprendí que, en mi generación, esas ideas se habían forjado en el contexto del regreso de la democracia a la Argentina. En mi caso, había arrancado la escuela primaria en 1983 y la había terminado en 1989. Entonces coincidían el paso por la primaria con la irrupción y la presidencia de Alfonsín. Y mi mirada sobre la Patria y el Estado están muy ligadas a la idea de democracia, lo que no necesariamente ocurre en generaciones anteriores o posteriores a la mía. Por su parte, Sennett analizó en libros como “El declive del hombre público” y “La corrosión del carácter” la pérdida de equilibrio entre la vida pública y la vida privada y la disolución de la vida comunitaria en las últimas décadas. Y mis recuerdos de infancia estaban asociados a los intentos de recomposición de nuestra vida en común luego de la dictadura -sea a través de la educación, la política, las acciones culturales, el trabajo en los barrios- y cómo esa primavera democrática había empezado a tener los primeros cimbronazos en los últimos años del gobierno de Alfonsín. Con esas ideas en la cabeza, había empezado a escribir algunas viñetas que en 2015 publiqué en la revista Haroldo y después avancé en algo cercano a una novela. Pero siempre se postergaba por mis compromisos laborales. Cuando comencé a relacionarme con el diario Cuatro Palabras, me pareció que era un buen espacio para publicar aquel borrador por entregas e ir trabajando y corrigiendo y editando semana a semana. En otras palabras, ese compromiso tomado con el diario y con sus lectoras y lectores era también una oportunidad para comprometerme con esas historias que quería contar y, finalmente, lograr que se convirtiera en este libro.

- ¿Ese formato te permitió cierta flexibilidad en la historia?

- El formato de las entregas semanales -muy utilizado en el periodismo desde el siglo XIX- me permitió no solo ir corrigiendo y editando el material, sino que los comentarios de las lectoras y lectores (y, en algunos casos, el aliento constante) sirvieron para avanzar e incorporar distintas ideas, personajes y lugares que no estaban en aquel borrador inicial. Así también se transformó en un espacio de agradecimiento y homenaje a ciertas personalidades de Chacabuco que fueron muy importantes para nuestra vida comunitaria en los años ochenta.

- Hay momentos de reflexión sobre el contexto, pero además contás la vida de personajes memorables con referencias de cuatro décadas, ¿a quién está dirigido?

Cuando era chico, tendría unos doce o trece años, era muy tímido y me había propuesto o autoimpuesto decirle a una veintena de personas (familiares, amigos, profesores, el dueño de un videoclub) que los quería, los valoraba, los admiraba. Entiendo que no pude vencer esa timidez y no lo hice. Así que este libro es eso también: esa devolución afectuosa y postergada a muchos personajes memorables de nuestra ciudad. En algunos casos, están con nombre y apellido, en otros casos las personas se mezclan o se confunden en un solo personaje. Creo que el libro está dirigido, por un lado, a quienes vivimos o viven en Chacabuco, es un intento por rescatar o poner en palabras ciertas situaciones y ciertas personas que pasaron y vivieron en las calles de esta ciudad. Y, en términos más amplios, es un intento de pensar cómo fue el retorno de la democracia a nuestro país (más allá y más acá de los procesos políticos institucionales, sino en términos más amplios de nuestra vida comunitaria), de cuál fue su despertar, su potencia, su auge, pero también sus obstáculos y límites. En un momento pensé en ordenar el libro en capítulos como las estaciones: Primavera, Verano, Otoño, Invierno (en especial después de Semana Santa de 1987) y otra vez Primavera, porque siempre hay que seguir dando las peleas y porque siempre hay vida nueva que nace. Pero ya hay una película coreana, de Kim Ki-duk, que se llama así.

- ¿Qué tan atravesado está Cuando fuimos el futuro por la lectura de Conti?

- La figura de Conti me resulta una referencia inevitable a la hora de escribir sobre Chacabuco. Y sobre la dictadura. Y sobre esta democracia. Nadie escribió de forma tan bella, afectuosa y profunda sobre nuestra ciudad sobre Conti. Y su desaparición es evidencia del terror que impuso la dictadura en nuestro país. Con el retorno de la democracia, su obra tardó en editarse, en volver a reencontrarse con los lectores, en trabajarse en las aulas. Esa también es una marca de los límites que tiene este proceso democrático.

- ¿Cuánto podemos rescatar de ese reverdecer democrático en tiempos en los que se ponen en jaque derechos básicos y el rol del Estado? ¿Qué tan rotos ves esos lazos comunitarios que describís en el libro?

- La directora de cine Lucrecia Martel hace pocos meses atrás señalaba que en nuestro país “fracasó mucho más la cultura que la economía”, en el sentido de que uno de los grandes roles de la cultura es imaginar un destino común y reconstruir la idea de comunidad. Y hoy se evidencia mucho el vacío de palabras, de referencias. El libro intenta rescatar acciones, gestos colectivos, políticos, sociales, barriales, que intentaban pensar y trabajar en términos comunitarios. En ese sentido, me parece hoy que el gran desafío es crear/recrear esos lazos comunitarios, esa idea de comunidad, acercar la cultura, la política, ampliar las voces de quienes hablan y defienden lo público. Tenemos que crear y fortalecer los espacios de encuentro, los espacios de debate, de discusión, para generar un sentido de pertenencia a esta comunidad de gran escala que es Argentina. Ante el avance del aislamiento, la disolución de lo público, la privatización, necesitamos poder debatir de forma colectiva los problemas que tenemos en común y reconstruir mayorías que piensen de modo federal, comunitario, inclusivo y no en términos de exclusión y fragmentación social.