OPINIÓN

Mejor tarde que nunca

OPINIÓN (2)

La Corte Suprema de Chile (CSC) dictó este lunes sentencia definitiva contra siete militares por los secuestros, torturas y posteriores asesinatos del cantautor revolucionario, profesor y militante comunista Víctor Jara Martínez; y del exdirector de prisiones del Gobierno del presidente Salvador Allende, Littré Abraham Quiroga Carvajal, en septiembre de 1973. A través de este fallo, se hace justicia medio siglo después del asesinato. 

 

Por Gustavo Porfiri.

Víctor Lidio Jara Martínez nació el 28 de septiembre de 1932 en San Ignacio, Chile. Junto a Violeta e Isabel Parra, y las agrupaciones Quilapayún e Inti-Illimani, Jara fue parte del movimiento de la Nueva Canción Chilena, que brilló en la década de los 60 del siglo pasado. Con su guitarra, Víctor alzó su voz para testimoniar la realidad de los más relegados, el reclamo de sus derechos y la lucha contra sus opresores.

“Yo no canto por cantar / Ni por tener buena voz / Canto porque la guitarra / Tiene sentido y razón” (1)

Tras el derrocamiento de Salvador Allende, el 11 de septiembre de 1973, la Junta Militar encabezada por el genocida Augusto Pinochet secuestró a Jara, así como lo hizo con otros miles de personas, en su mayoría señaladas como "comunistas" u "opositores" de izquierda. El artista fue arrestado en la Universidad Técnica del Estado y trasladado al Estadio Nacional de Chile, en Santiago, sin haberle formulado ningún tipo de cargos. Ya en el campo deportivo, los militares lo agredieron verbal y físicamente y con particular saña. Según dice ahora la justicia chilena, le infligieron innumerables torturas físicas, "siendo los golpes más severos aquellos que recibió en la región de su rostro y en sus manos". El dictamen también aclara que fue “objeto de patadas, golpes de puño y golpes de culata con armas".

El 15 de septiembre de 1973, los militares, que iban a sacar a todos los prisioneros del Estadio Nacional para trasladarlos a otros sitios de reclusión, llevaron a Jara al sector de vestuarios, en la parte subterránea del recinto, y les dispararon a mansalva: le propinaron 44 disparos. Las balas, calibre 9,23 milímetros, según precisan los informes de autopsia y pericias balísticas, eran parte del armamento utilizado por los oficiales del Ejército que estaban en el lugar.

Tras matarlo, los uniformados sacaron el cuerpo y lo dejaron tirado en plena vía pública, junto a otros cadáveres. Sus restos fueron encontrados el 16 de septiembre por miembros de organizaciones comunitarias y sociales en las inmediaciones del Cementerio Metropolitano de Santiago.

“Allá donde todo aquel septiembre / No alcanzó para llevarse la tempestad / Allá donde mil poesías gritaron / Cuando le cortaron al poeta sus manos / Ay, ay, ay, si hasta el cóndor lloró” (2)

A través de un despacho de prensa, el Poder Judicial trasandino detalló que la Segunda Sala de la CSC falló de manera unánime contra los siete militares retirados del Ejército, tras hallarlos culpables por los delitos de "secuestro calificado y homicidio calificado" de Jara y Quiroga, crímenes perpetrados en la ciudad de Santiago, la capital del país vecino, al inicio de la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990).

De esta manera, seis de los inculpados, Raúl Jofré González, Edwin Dimter Bianchi, Nelson Haase Mazzei, Ernesto Bethke Wulf, Juan Jara Quintana y Hernán Chacón Soto, fueron sentenciados a 15 años y un día de prisión por ser "autores de los homicidios", y a otros 10 años y un día de presidio por el crimen de "secuestro calificado" contra ambas víctimas.

Por su parte, el exmilitar Rolando Melo Silva deberá pagar cinco años y un día de cárcel por encubrir los asesinatos, y otros tres años y un día de presidio por los secuestros. El Poder Judicial determinó así que no hubo error en la sentencia previa contra los condenados, ante la cual su defensa había interpuesto una apelación.  

Más allá de las penas dictadas, el Estado chileno deberá indemnizar a la viuda e hijos de Jara con la suma de 150 millones de pesos a cada uno, aproximadamente 175.500 dólares. En el caso de Quiroga, su esposa e hijos deberán recibir la misma cantidad, mientras que a cada uno de sus hermanos les corresponderían 80 millones de pesos, unos 93.600 dólares.

“Somos cinco mil aquí / En esta pequeña parte de la ciudad / Somos cinco mil / ¿Cuántos somos en total en las ciudades y en todo el país? / Somos aquí diez mil manos que siembran y hacen andar las fábricas”. (3)

Horas antes de ser torturado por última vez y acribillado por la dictadura chilena, Víctor Jara escribió el que sería su último poema. El texto, en el que expresa el horror que atravesaba, logró sortear a los militares gracias a su amigo Boris Navia Pérez y otros detenidos que arriesgaron su vida para que el texto saliera del Estadio Nacional y se convirtiera en un símbolo de la resistencia popular contra la dictadura.

Si bien Jara nunca pudo ponerle música, el poema fue musicalizado desde entonces por reconocidos artistas como Isabel Parra, bajo el título de “Ay canto qué mal me sales”, o el estadounidense Pete Seeger. Más recientemente, bajo el título “Somos Cinco Mil”, el texto fue versionado por la banda de rock psicodélico chilena Mr.Pilz.

En el marco del “Plan Cóndor”, nuestro país fue pionero en enjuiciar a los genocidas de la última dictadura. En otras naciones de la región, la Justicia llega poco y tarde, sin embargo, este fallo reciente de la Corte Suprema de Chile nos empuja a decir: mejor tarde que nunca.

 
  1. “Manifiesto” (Víctor Jara)

  2.  “Los chacareros de dragones” (León Gieco)

  3. Último poema de Víctor Jara (el autor no lo tituló)