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Hasta siempre, poeta-sacerdote-revolucionario

cuatropalabras.com.ar | 03 de marzo de 2020

OPINIÓN / Por Gustavo Porfiri

“Los sueños nos tenían separados, en tijeras / tapescos y petates (caeda uno en su sueño) / pero el despertar nos reúne. / La noche ya se aleja seguida de sus seguas y cadejos. / Vamos a ver el agua muy azul: ahorita no la vemos. Y esta tierra con sus frutales, que tampoco vemos. / Levántate Pancho Nigaragua, cogé el machete / hay mucha yerba mala que cortar / coge el machete y la guitarra”.

Esta columna de opinión tenía predeterminado un eje: el discurso del presidente Alberto Fernández en el Congreso de la República. Se caía de madura, como la pera, pero… la muerte, esa parte tan fascinante de la vida nos sorprendió, como lo hace siempre, y la página en blanco ahora será destinada a homenajear a Ernesto Cardenal. Cabe aclarar que esta decisión está impulsada por un gran componente emocional que afecta a quien firma, puesto que en aquella década hermosa de los ochenta del siglo anterior, estaba absolutamente atravesado por el proceso político de América Latina. En ese marco, Nicaragua se había transformado en un faro de atención radiante para las juventudes inquietas y el sacerdote-poeta-guerrillero era una referencia ineludible.

Estandarte de la teología de la liberación en América Latina, ministro de cultura del gobierno surgido de la Revolución Nicaragüense, tras su triunfo el 9 de julio de 1979, hasta 1987. Halaba de la "revolución desprovista de venganza". Le puso el alma y el cuerpo al Frente Sandinista de Liberación Nacional en la lucha de aquel pueblo centroamericano contra la dictadura de Somoza. En 1980 recibió el Premio de la Paz del Comercio Librero Alemán.

El 4 de marzo de 1983, Karol Wojtyla encarnaba al papa Juan Pablo II y visitó Nicaragua. En la bienvenida que le ofreció el gobierno revolucionario, Ernesto Cardenal lo recibió arrodillado. Su Santidad, aprovechó el momento para humillarlo públicamente por formar parte del Gobierno Sandinista. La foto le sirvió a aquel pontífice para demostrar al mundo que él estaba en una cruzada sin cuartel ante las ideas revolucionarias. Después, el 4 de febrero de 1984, Juan Pablo II suspendió “a divinis” del ejercicio del sacerdocio a los sacerdotes Ernesto Cardenal, Fernando Cardenal (hermano del anterior), Miguel D'Escoto y Edgard Parrales, por su pertenencia a la teología de la liberación. 

El poeta pueblo

Quizá por su “oficio”, siempre ligado a la escucha de los fieles, quizá por su entereza humana, Cardenal siempre escribió como si su pluma fuese una cámara fotográfica que registra con la más alta precisión un momento, un sujeto, una historia. Este poema, titulado “Sobre el mojado camino en el que las muchachas con sus cántaros van y vienen” da cuenta de la sensibilidad extrema de este ser humano gigante:

“Cortado en gradas en la roca,

colgaban como cabelleras o como culebras

las lianas de los árboles.

Y una especie de superstición flotaba en todas partes.

Y abajo:

la laguna de color de limón,

pulida como jade.

Subían los gritos del agua

y el ruido de los cuerpos de color de barro contra el agua.

Una especie de superstición...

Las muchachas iban y venían con sus cántaros

cantando un antigua canto de amor.

Las que subían iban rectas como estatuas,

bajo sus frescas áncoras rojas con dibujos

los cuerpos frescos de figura de ánfora.

Y las que bajaban

iban saltando y corriendo como ciervas

y en el viento se abrían sus faldas como flores”.

El 17 de febrero del 2019, se dio a conocer una carta del papa Francisco a Ernesto Cardenal informando a éste del levantamiento de la suspensión a divinis impuesta por Juan Pablo II en 1984. Quince horas antes, el obispo auxiliar de Managua, Silvio José Báez, hizo pública una fotografía arrodillado ante la cama de Ernesto Cardenal en el hospital donde estuvo ingresado por insuficiencia renal, explicando que el obispo había pedido a Ernesto Cardenal su bendición como sacerdote de la Iglesia Católica a lo cual él accedió.​

Se fue un hombre íntegro, una referencia que quizá por estos días turbulentos no tenga la dimensión que se merece. Estamos en medio de un temporal de ideas baratas, pero ya pasará, y entonces, figuras como ésta volverán a iluminar el camino.

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