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Una semana para olvidar

CONTRATAPA | 04 de octubre de 2020

La tensión en la Mesa de Relaciones Laborales llegó al límite. El desgaste de sucesivas reuniones con reiteración de argumentos. La ausencia de Víctor Aiola. El decretazo como provocación en tiempos de mucha sensibilidad. La vieja discusión de la relación masa salarial sobre el total de ingresos. ¿Cuáles ingresos?. La crisis como oportunidad de definir políticas públicas. Informar las cuentas del Estado como verdadero acto republicano. Una salida definitiva aunque dolorosa, pero que no se pague con el bolsillo de los laburantes. Gracias a les trabajadores de la salud. Ya saldremos a la calle y lo diremos de otro modo. 

Por Alejo Dentella

 

La Mesa de Relaciones Laborales llegó hasta el punto nunca recomendable para una negociación. Se agotaron las palabras y la posibilidad de sostener racionalmente una discusión que en cada jornada lleva horas de tertulia. Hubo un exceso de encuentros con reiteración de exposiciones. Mucho antes de la reunión N°7 era necesario contener el legítimo reclamo de los trabajadores. Agotadas las instancias de los representantes del gobierno y del propio ministerio provincial, la intervención del Intendente era una obligación. Un gesto político hacia los laburantes y también a la sociedad. Víctor Aiola se negó a participar y dejó que el desgaste hiciera lo peor. Decidió endurecer su postura y logró lo que siempre debe evitarse, juntar en una misma vereda a todos los que, con diferentes matices y motivaciones, no comparten su gobierno. Lo hace en un momento de extrema sensibilidad. Sanitariamente aislado, sin incentivos personales que le despierten adrenalina, sin gestión de gobierno, con la mancha pandémica en alarmante crecimiento y sin aliados políticos dispuestos a acompañar aventuras a lugares inciertos.

 

 

Pobre corazón

No es un descubrimiento decir que el Gobierno municipal llegó a esta mesa de negociaciones condicionado por sus propios errores. La discusión porcentual de la masa salarial sobre los ingresos del municipio se perdió como argumento. Aumento en la contratación de personal -por diferentes mecanismos-, sobrepoblación de la planta de empleados políticos, manejo discrecional de horas extras y mercantilización de prebendas en tiempos electorales, son parte de su propio menú. Lo heredó y profundizó durante su primera gestión. Prometió un municipio autosustentable, luego déficit cero. Terminó declarando su propia emergencia económica antes de que los chinos construyan el primer hospital en Wuhan.

La legitimidad revalidada en las urnas le devolvió capacidad de maniobra. Lo oxigenó políticamente. De ahí debió rascar la salida del conflicto gremial que amenaza con erosionar las intenciones de recorrer otro camino. Hacía falta un gesto. Sumarse a la mesa virtual. Mostrar la mano abierta y el corazón fraterno. Sus compañeres del hospital están poniendo el cuerpo. Hay muchos que ya son pacientes y esto parece entrar en su peor fase. 

 

Pecado original

 

Más allá del resultado, ninguna negociación debe agotar la paciencia. Mucho menos el mismo diálogo. Justamente es oficio de quienes están encargados del asunto, saber hacer el impasse hasta recuperar oxígeno. Está claro que el manejo de los tiempos, las formas y la fatiga anticiparon lo que venia. Medidas de accion directa, paros a la criolla. Decretazo con aumentos que ni siquiera reflejaron lo que habían ofertado. Paro por tiempo indeterminado. Conciliación obligatoria. Final abierto.

De nuevo, está claro que el Gobierno municipal carecía de una estrategia integral para el problema. Si la tenía, se diluyó en el transcurso de las frenéticas negociaciones. Siete en muy poco tiempo. Se pierde claridad y perspectiva. Mucho antes hacía falta parar la pelota y ganar tiempo. Ese fue el momento en que el propio intendente debió interceder. Haber mostrado lo que tenía en la mano. Ponerlo en el bolsillo de los trabajadores y pedirles una tregua. El decretazo fue una provocación innecesaria.

 

Un debate pendiente

 

Hace más de dos décadas que la discusión en torno a la administración publica municipal pasa por la masa salarial. El municipio paga sueldos y gastos corrientes. Esto último, a veces. No invierte ni tiene políticas proactivas con fondos propios. A esta altura, peronistas y radicales deben reconocer que algún gen los emparenta. Aceptarlo podría ser el punto de partida. Tal vez es el momento de hablar seriamente de políticas públicas. Es decir, algo que vaya más allá de la coyuntura electoral y comprometa a los próximos gobiernos.

Es la oportunidad de Víctor Aiola para cumplir con los principios republicanos esenciales. Informar los actos de gobierno. Eso de lo que tanto hablan los militantes de las bocinas, las banderas y los autos de alta gama con deudas de patentes. Hay que mostrar los números de la gestión pero no en términos técnicos. Los balances se dibujan, acá y en Suecia. Es necesario verificar las cuentas con el formato “libreta de almacenero”. Hacer una convocatoria amplia. Que comprometa a la dirigencia gremial, a los concejales oficialistas y opositores, representantes de la Asamblea de Mayores Contribuyentes, a la Cámara de Comercio e Industria, a las Sociedades de Fomento, representantes de colegios profesionales y todo cuanta mayor representatividad le pueda aportar al debate que no puede seguir pendiente. 

 

Salida política

 

Se ha repetido varias veces. Ahora más que nunca. Dicen que cada crisis es una oportunidad. Tal vez esta sea otra para el intendente. Hoy no tiene la preocupación inmediata de ganar una elección. Pero tiene la obligación de demostrar que alguna vez alguien está dispuesto hacer lo que se debe. El precio del sacrificio no lo pueden pagar los convidados de piedra. Mucho menos los trabajadores municipales. Menos aún, los que están poniendo el cuerpo de verdad. Gracias a ellos, a sus familiares. Ya saldremos a la calle a decírselos de otra manera.

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