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Arrancamos

OPINIÓN Por Gustavo Porfiri | 10 de diciembre de 2019

Bueno, llegó el día tan esperado por millones. Seguramente este 10 de diciembre pasará a la historia por ser una de las fechas más anheladas. Pero el calendario no tiene sentido alguno, cada día es el que le toca en el carrusel del devenir histórico; eso es azar puro, el sentido se lo damos los seres humanos, los únicos que podemos -gracias a nuestra subjetividad- hacer que un día sea especial, diferente a otro. La cuestión es que a este martes le tocó en suerte ser extraordinario para los habitantantes del trozo más austral del mapa americano. 

Igualmente, no todo es subjetividad. Hay millones de argentinos que están empantanados en el hambre y la pobreza. De allí hay que sacarlos urgente. Ya casi ni importa quiénes los mandaron a la cloaca social, aunque no viene mal recordar: fue el conglomerado derechoso llamado Cambiemos que gobernó durante los últimos cuatro años.

Por otro lado tenemos a otros cuantos paisanos, pongamos algunos miles, que tienen en la mochila la responsabilidad de accionar en la emergencia para aliviar tanto sufrimiento. Claro, a partir de aquí empieza el juego subjetivo: no es lo mismo esa acción en la urgencia para Nicolás del Caño que para Alberto Fernández. Pero el presidente de todes es éste último, y son sus decisiones políticas las que cuentan ahora.

Sin embargo, desde el Frente de Todos hacia la izquierda, no puede haber disenso en la siguiente cuestión: superada la emergencia, hay que generar laburo, mucho laburo. Y acá sí debemos empezar a debatir el cómo. ¿Cuál es el mix más apropiado para “encender la economía”, como dice el presidente electo? En estas tierras ya se probaron varias recetas: fuimos el “Granero del mundo” pero, mientras exportábamos granos hacia todos los horizontes, la pobreza no paraba de crecer. Permítase una ida por las ramas en este punto: “pobreza digna” diría algún garca que nunca falta en estas conversaciones. Bien, en otro momento le entramos a los “planes quinquenales”, de los cuales el primero abrió unas puertas inmensas a una incipiente industria sustitutiva de importaciones, ya con el segundo empezamos a derrapar hasta que -otra vez- los sectores más recalcitrantes de nuestra sociedad activaron el bombardeo sobre Plaza de Mayo, ese espacio público que se ha transformado en el símbolo del encuentro y del desencuentro según habite quién la Casa Rosada que está enfrente. Con permiso, otra salida de pista: haber sacado las rejas a la plaza histórica es, a la vez que un símbolo, un síntoma de que nuestra salud mental va mejorando.

Bueno, después vinieron los experimentos “neoliberales”, los modelos monetaristas, el capital financiero haciendo y deshaciendo todo. Así quedamos… La dictadura que reinó entre 1976 y 1983 nos llevó al laboratorio para los primeros ensayos. Más tarde llegó(o se quedó) Domingo Felipe Cavallo, que avanzó en sus “investigaciones” durante un gobierno “peronista” y otro “radical”.

Y así hemos ido y venido, probando jaleas y venenos, sin distinguir demasiado entre unas y otros. Así es que hemos arribado al 10 de diciembre de 2019. Avanzado ya el siglo XXI, no nos quedaría mucho margen para seguir experimentando. Más vale que aceptemos que va siendo la hora de definir qué cuernos pretendemos “para nosotros, para nuestra posteridad, y para todos los hombres del mundo que quieran habitar en el suelo argentino”, como reza el preámbulo de ese librito que nos guía y que más temprano que tarde deberíamos revisar.

Escuchemos a uno que sabe

Enrique Martínez es Ingeniero, miembro del Instituto para la Producción Popular (IPP) y fue también director del Instituto Nacional de Tecnología Industrial(INTI) entre 1986 y 1988 y entre 2002 y 2011. Recientemente ha publicado un texto en el que ataca este asunto de procurar dignidad al pueblo a través del laburo. Dice el hombre: “La cultura dominante señaló durante mucho tiempo que serían los emprendedores capitalistas quienes resolverían gran parte de las necesidades de trabajo. La responsabilidad de un gobierno, en ese marco, sería facilitar la capacitación de una oferta laboral masiva; la financiación de planes de infraestructura a ser ejecutados por las empresas; crear un clima de negocios favorable a la inversión. Esa oferta encontraría así su demanda adecuada”. Bonito, ¿verdad? Sin embargo, el mismo Martínez nos recuerda que “eso no pasó nunca, a satisfacción plena, desde hace medio siglo”.  Ajá, ¿y entonces?

Nuestro invitado lo explica así: “Lo esencial no es solo sumar gente rápidamente al trabajo, sino garantizar que ese paso contribuye de manera sólida a la salida de la pobreza. Por lo tanto, no hay que ver el árbol sino el bosque y la relación entre los distintos estratos para tener la tranquilidad que todos podrán crecer”. Bueno, pero eso parece un poco… pretencioso, don Martínez, ¿o no?, lo escuchamos: “el trabajo digno nunca podrá ser de baja productividad. Este atributo –mal atributo– pronostica la dependencia de un intermediario o la necesidad de un subsidio, que nunca será suficiente, o finalmente un ingreso pobre. Cualquier proyecto de generar trabajo en un país tan golpeado como el nuestro, puede comenzar por esquemas de cualquier modestia que se crea conveniente. Sin embargo, no debe detenerse hasta que la productividad se sume al escenario en términos virtuosos”.

Bien, más allá de seguir debatiendo cómo lo hacemos, los argentinos de estos tiempos estamos ante la fascinante tarea -irrenunciable- de “ponernos a las cosas”. Y ojalá sea de una vez y para siempre. Basta de “stop and go”.

Ilustración: “Manifestación”, Antonio Berni.

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