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  • sábado, 08 de agosto de 2020

Tratamientos psicológicos eficaces en culturas particulares

(*)Por Lic. Mariano Rato 

rinconpsicología.com
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Tratamientos psicológicos eficaces en culturas particulares

Los tratamientos psicológicos que se encuentran validados empíricamente, son aquellos que han recibido por parte de la comunidad científica internacional el aval que da cuenta de su eficacia y eficiencia. Es decir, estos tratamientos han sido comprobados para determinar que mejoran la patología que dicen mejorar, al mismo tiempo que no presentan efectos adversos más dañinos que aquello que se pretende combatir. 

El procedimiento por el cual se determina la validez de un tratamiento resulta engorroso de explicar, pero en la mayoría de los casos cumple con criterios similares a aquellos empleados para determinar la eficacia de un nuevo fármaco o una vacuna.

Ahora bien, a diferencia de otras terapéuticas, los tratamiento psicológicos plantean un desafío particular. Las diferencias culturales presentan grandes retos en los tratamientos psicológicos. Los mismos se diseñan en situaciones particulares y son validados a partir de grupos de estudio ideales. Es decir, en condiciones que difícilmente puedan ser reproducidas en el consultorio. 

Es por ello que las diferentes circunstancias por las que atraviesan las sociedades, las crisis económicas, devaluaciones, niveles de desempleo, nivel socioeducativo, etc. inciden de manera directa en lo que ocurre en las consultas psicológicas, así como en la visión que se tiene de la enfermedad mental. 

La importancia del contexto cultural se puede graficar al imaginarnos las consultas psicológicas en CABA y aquellas que se realizan en lugares remotos de países orientales en guerra. 

Suponer que se pueden aplicar las mismas estrategias terapéuticas que en Inglaterra, Estados Unidos o Viena, es desestimar la importancia que tienen los factores culturales propios de cada región. 

Cuando en salud mental no se tiene un acabado alcance sobre el significado de cada paciente, se incurre en problemas que pueden ser determinantes para la continuidad de un tratamiento. Solo para poner un ejemplo, la palabra “familia” en argentina hace referencia a los vínculos sanguíneos que se tiene con determinadas personas (generalmente); sin embargo, los testigos de Jehová suelen utilizar el concepto “hermano” para referirse a los miembros de su templo (Maioli, 2015). Lamentablemente muchos terapeutas incursionan en el error de atribuir con significados propios lo que el paciente relata. 

En Argentina existe una apertura mental que posibilita que los pacientes acudan a consulta derivados no solo de médicos (como ocurre en otras partes del mundo), sino también referidos por otras profesiones o incluso por personas de diversos ámbitos. Ir al psicólogo se ha vuelto tan popular que hasta algunos deportistas de élite, e incluso un expresidente, han manifestado públicamente que acuden a consultas. Esto también da cuenta del sesgo cultural que existe en nuestra sociedad, dado que comparados con otras, se tiene menor prejuicio respeto a acudir a terapia psicológica.

El tratamiento psicológico que se emplea para tratar un trastorno mental debe estar validado empíricamente y debe haber demostrado eficacia. De no hacerlo, se estaría incursionando en un grave error al proporcionarle a un paciente una terapéutica retrógrada. Pero además, el terapeuta deberá tener la astucia de incorporar las variaciones específicas para adaptarlo a una población determinada y a una persona particular.

 

(*)Psicólogo, especialista en terapia cognitiva.