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  • martes, 25 de enero de 2022

Son los vecinos, no es Greenpeace

Por Martina Dentella

La narrativa oficial afirma que la explotación hidrocarburífera es la única opción para “salvar a la Argentina de la pobreza y sus compromisos externos". Todo aquel que cuestione el extractivismo, “es Greenpeace”. Hace cincuenta años - 21 de febrero de 1972- Perón reflexionaba sobre la necesidad de “cuidar nuestros recursos naturales con uñas y dientes de la voracidad de los monopolios internacionales” y la preservación de la fauna y flora marinas. No hay discusión real si no se amplía la convocatoria. Incluso si no se buscan respuestas en los manuales propios. ¿Por qué la necesidad de incorporar una mirada ambiental?, ¿Qué es el calentamiento global? Cuarenta y cuatro grados para el viernes, bajo el sol. 

Son los vecinos, no es Greenpeace

Con la noticia del avance del proyecto de exploración sísmica en el Mar Argentino, durante los últimos días se ha desatado un debate furioso entre el “progreso” y el ambientalismo. Los buenos y los malos. Los “progres” o los desarrollistas. 

Un sector del peronismo intentó amortiguar el impacto de la medida de gobierno, tomada el 30 de diciembre, entre gallos y media noche. La pelota, fuera del área. Acusaron de “militantes Greenpeace” a todos quienes se opusieran a la explotación de los recursos naturales. Cuando son las comunidades locales que dependen de esos territorios y recursos quienes se oponen en mayor medida a los saqueos, que reciben cualquier tipo de descalificaciones, y no un grupo de lobbistas transnacionales: los fueguinos contra la salmonicultura, los rosarinos contra los incendios intencionales y los negocios inmobiliarios, los chubutenses contra la megaminería y los marplatenses, y costeños contra las perforaciones petroleras en el Atlántico. 

Argentina necesita dólares, es cierto. Pero los debates de cómo conseguirlos deben ser más profundos, y deben contemplar otras miradas. Son las empresas extranjeras y es el Estado el que debe explicar y justificar que es la única salida, y suministrar la información requerida, y no los ciudadanos los que tenemos que demostrar que nuestras alarmas se encienden con razón. 

 

Qué dicen las y los jóvenes

Bruno Rodríguez, de Jóvenes por el Clima, titula una nota de opinión publicada en el DiarioAr: “El debate sobre exploración en el Mar Argentino no puede partir de un ring de hippies contra desarrollistas o ecocidas versus ambientalistas”. Ahí, abre un canal de diálogo entre los involucrados. Remite a la relación intrínseca entre las problemáticas sociales y las demandas ambientales, y asegura: “Soy ambientalista, ambientalista argentino, no sueco o yanqui. Por eso, también aspiro al aumento de las exportaciones, por eso me importa el estado de nuestra balanza comercial y fiscal. Por eso quiero que el Estado tenga credibilidad”. Se refiere a la necesidad de que no sea el mercado el conductor de la transición ecológica en el sur global, porque no es viable profundizar las lógicas de los modelos del “desarrollo”, impuestos colonialmente en América Latina. 

 

Ya lo decía Perón 

Lo decía, hace literalmente cincuenta años, Juan Domingo Perón en su carta pública titulada Mensaje Ambiental a los Pueblos y Gobiernos del Mundo. “Debemos cuidar nuestros recursos naturales con uñas y dientes de la voracidad de los monopolios internacionales, que los buscan para alimentar un tipo absurdo de industrialización y desarrollo, en los centros de alta tecnología a donde rige la economía de mercado. De nada vale que evitemos el éxodo de nuestros recursos naturales si seguimos aferrados a métodos de desarrollo, preconizados por esos mismos monopolios, que significan la negación de un uso racional de aquellos recursos”. 

En ese mismo texto, emitía un párrafo aparte para el mar argentino. “Después de la tierra, el mar... En el curso del último siglo, el ser humano ha exterminado cerca de 200 especies animales terrestres. Ahora ha pasado a liquidar las especies marinas. Aparte de los efectos de la pesca excesiva, amplias zonas de los océanos, especialmente costeras, ya han sido convertidas en cementerios de peces y crustáceos, tanto por los desperdicios arrojados como por el petróleo involuntariamente derramado. Solo el petróleo liberado por los buques cisterna hundidos ha matado en la última década cerca de 600.000 millones de peces. Sin embargo, seguimos arrojando al mar más desechos que nunca, perforamos miles de pozos petrolíferos en el mar o sus costas y ampliamos al infinito el tonelaje de los petróleos sin tomar medidas de protección de la fauna y flora marinas…”

 

El futuro ya llegó

El desastre ambiental ya llegó. Los 44 grados que pronostican para el viernes son solo un adelanto. Necesitamos que las evaluaciones de impacto ambiental las haga un Estado que las considere claves, y no las consultoras que contratan las mismas empresas extranjeras. Necesitamos que las cuentas no se hagan únicamente en dólares. Necesitamos que se cumpla con la promesa de subsidiar las energías renovables para avanzar en una transición energética. Nunca se avanzó. Necesitamos pensar en las generaciones futuras. Necesitamos que el desarrollo sea tangible y no un acto de fe.