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  • viernes, 07 de mayo de 2021

Sin puntos ni comas

Crónicas del Faquir (Etapa chacabuquense)

Capítulo I

Por Juanjo Vasquez

Este relato es parte de historias reales recorridos de vida inspirados en vivencias personales a las que condimentamos con la particularidad de una transgresión gramatical que se propone no usar puntos ni coma porque lo que importa es la historia misma.

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Sin puntos ni comas

Nadie sabe a ciencia cierta de donde vino nuestro héroe los cronistas no se ponen de acuerdo sobre ese punto lo que sí se sabe es que una mañana fría del siglo 21 llegó en bus se hizo descargar su bicicleta media carrera de la baulera ató su valija de cartón su único patrimonio al porta equipaje y el Faquir empezó a rodar por Chacabuco ho amigo que me escuchas todos los cronistas coinciden en que la primer aventura ocurrió porque  dado su estatus de poeta fue invitado a un ensayo teatral la obra era dirigida por  Cacho y se llamaba Las Palomas del General la autora había enfocado un acontecimiento de la vida sentimental del General Belgrano durante ese ensayo se inició la primer amistad del Faquir en Chacabuco un tal Lalo con quien esa misma noche salieron de recorridas por los bares de los arrabales de la ciudad en una motito de plástico al primer lugar que fueron aquella noche memorable fué a un bar que estaba ubicado en las profundidades de la calle Rivadavia cerca de la Sociedad de Fomento el establecimiento era regenteado por Victor y esa noche era el cumpleaños del Tina por lo que en el local había una gran agitación la casa había cocinado un abundante guiso con panceta chorizo colorado y todo lo que le corresponde a una receta semejante la llegada de Lalo acompañado por un desconocido fué saludada por los presentes con gran algarabía después de las presentaciones del caso el vino en damajuana empezó a correr prodigiosamente unos folcloristas de bombo y guitarra animaron la reunión  a un costado se armó una mesa de truco donde el Faquir participó y se ganó las primeras simpatías por sus humoradas y atrevimientos ingeniosos esa noche Lalo contó para la carcajada de los presentes su aventura al borde de la muerte cuando dolido de una afección estomacal aguda fué Lalo a visitar a un curandero un tal “Mocho” que oficiaba sus curas en un desarmadero de autos en la ruta a Salto  el hombre morochazo y corpulento miró fijo a su paciente y luego de un rato misteriosamente le dijo “vaya nomas lo suyo ya está curado” “lo mío está curado” les decía Lalo a los parroquianos asistentes en el  establecimiento de Victor en aquella noche memorable con la que todos los cronistas están de acuerdo en que fué la primer aventura vivida por el Faquir en estas tierras “lo mío está curado” repetía lalo y todos morían de risa “ media hora después me tuve que presentar en la sala de guardia del Hospital en cuanto me vieron los médicos me pusieron en una camilla que rompió los record de velocidad por los pasillos y en un santiamén me estaban operando de urgencia” “El cirujano me dijo si no lo operábamos inmediatamente usted no contaba el cuento” completó Lalo y todos se descostillaban  de risa y agregaba “¿ pero como? si el Mocho me dijo que me fuera a casa que estaba curado” tal vez por el alcohol que a está altura nuestro héroe como todos los asistentes había ingerido el asunto que descompuesto de la risa perdió inesperadamente el equilibrio cayó aparatosamente hacia atrás sin poder evitar fué a dar con todo su cuerpo encima de una de las mesas donde todavía se jugaba al truco y ahí quedó entre todos muy solícitamente lo llevaron a un rincón y lo dejaron durmiendo la mona la reunión siguió su curso hasta que el canto del gallo encontró a nuestro héroe sentado en una de las mesas del bar de Víctor solo escribiendo en el cuadernito que llevaba en la valijita de cartón con su lapicera Parquer con capuchón de plata “ En está tierra donde la amistad y la alegría se enseñorean yo me quiero quedar” guardó todo y con paso tembloroso enfrentó el nuevo día.