“Sabemos hacia dónde ir”

ENTREVISTA EXCLUSIVA  |  14 de febrero de 2020 (02:10 h.)

El Ministerio de Agricultura de la Nación anunció la creación de la Dirección de Agroecología y, si bien no hay designaciones, aseguran que Eduardo Cerdá estará a cargo del área. En los años noventa la Argentina usaba 30 millones de litros de agroquímicos; en 2019 se aplicaron 500 millones. Un estudio de la Universidad Nacional de La Plata confirmó que las nubes tienen agroquímicos. Para Cerdá, el modelo agroecológico es transversal, tiene que ver con la salud, con recuperar la vida en el campo, con el trabajo digno, pero también asegura que hay sobrados ejemplos de productores que se volcaron por la explotación autosustentable y “les ha ido muy bien, están desendeudados y más capitalizados”. “Hay muchos proyectos en todo el país que hay que acompañar, hay gente que sabe hacia dónde tenemos que ir”, dice en esta entrevista con Cuatro Palabras.

Por Martina Dentella

Parte de su infancia la transitó en la quinta de su abuelo, productor de verduras. Escuchaba las charlas de los mayores sobre las siembras y el campo, en las visitas que se hacían de familia a familia. Recuerda ver una cantidad de pájaros que ya no se ven, y sabores que se han perdido.

Eduardo Cerdá nació en La Plata. Hizo la Secundaria Agropecuaria en Miramar y volvió a La Plata para estudiar de ingeniero agrónomo. Cuando se recibió se fue a vivir a Tres Arroyos donde fue docente y asesor de una cooperativa. Ahí tuvo unas primeras experiencias en agroecología con productores.

En el ‘98 lo invitaron a ser el Director de Producción del Municipio y en 2003, en comunión con la Universidad Nacional de La Plata, trabajó en un libro sobre gestiones municipales y mirada sustentable con enfoque agroecológico. “El modelo de esta agricultura basada en químicos iba a dejar mucha gente en el camino, fue artificalizando la forma de producir e hizo que los costos se fueran por las nubes”, dice.

Por eso siguió trabajando con productores a los que les interesó la mirada de la agroecología, en dejar de usar agroquímicos y empezar a pensar en la salud del suelo, de las plantas, de los animales, de la gente que trabaja en el campo.

Hace unos cinco años el municipio de Guaminí lo invitó a dar una charla, y una vez ahí los productores se entusiasmaron con las experiencias que llevaban adelante en otros campos, y lo convocaron para trabajar. Cerdá asegura que “Les ha ido muy bien, están desendeudados, más capitalizados y muy contentos. Eso contagió a otros municipios de la zona y nos hizo pensar que teníamos que trabajar en red”. Así nació la Red Nacional de Municipios que fomenta la agroecología (RENAMA).

Luego, firmaron convenios con universidades nacionales, con municipios y defensorías. España y Roma, desde Naciones Unidas invitó a la organización a dar charlas y talleres. Ayer firmaron un convenio con la defensoría de la provincia de Buenos Aires.

 

-¿Creés que a esta situación se llegó por una desconexión de las personas con la naturaleza?

-Totalmente, nuestra formación ha sido muy química, física, mecánica, y se perdió de vista mucho el ambiente. En las escuelas se trabaja mucho sobre la vida, y no se entiende qué es la vida. Se lo quiere representar como una cuestión mecánica, “si no te anda un riñón te lo cambio”, pensamos en una naturaleza que compite, y no es así, la naturaleza tiene mucho más de cooperación que de competencia. Si no, no existirían los bosques, la selva. Este tipo de agronomía química nos ha llevado a querer ver en un mismo lote un solo cultivo, y donde aparece una plantita hay que matarla, y algunos herbicidas que controlaban muy bien algunas malezas ya no lo hacen, porque se fueron haciendo resistentes.

Por suerte hay mucha sensibilidad, cada vez más. La sociedad percibe que no es necesario tener que intoxicarnos para producir alimentos, que los alimentos son otra cosa, y que hay que trabajar para recuperar la mirada sobre la vida. Desde RENAMA tenemos un objetivo común que es la salud, el campo y la vida. 

Lo bueno es que cuando uno charla con los productores que vuelven a trabajar en la agroecología, una de las cosas que más manifiestan es “entro al campo y me da satisfacción volver a recordar lo que había”, porque antes estaba todo muerto. 

-Hay muchas comunidades que están generando conciencia y se están animando a denunciar también cuando son fumigados. Con la creación de una dirección nacional de agroecología, ¿por dónde se empieza?, ¿cómo te imaginás un programa federal?

-Todavía no están las designaciones de las nuevas direcciones, pero venimos charlando y hay una muy buena intención desde de la Secretaría de Agricultura Familiar de acompañar. Creemos que es un año para visibilizar todas las experiencias que hay y también encontrarnos pensando a ver qué tipo de agricultura queremos para el futuro a través de los municipios, con las provincias y las universidades. Hay muchos proyectos en todo el país que hay que acompañar, hay gente interesada y que sabe para dónde tenemos que ir. El problema es que mucha gente no sabe que hay otras maneras de producir, cree que solo hay una. Nosotros siempre fuimos por los que querían, y si es desde el Estado, mejor, porque se llega de otra manera, si es con la sociedad, mucho mejor, y sino seguiremos trabajando con nuestras redes, hermosas. 

-Hay un sentipensar de pueblos originarios que tiene que ver con la comunión con la tierra, ¿lo toman?

-La agroecología incorpora y tiene muy en cuenta los saberes ancestrales, de la agricultura madre. Siempre se ha estado atento, tanto es así que toda la cosmogonía que tienen todos los pueblos indígenas, de alguna manera la hemos trabajado. Con calendarios astronómicos que piden los productores, que son útiles. Hacer agricultura no solo depende del suelo, las plantas dependen mucho de las lunas, y esa es una mirada de los pueblos originarios, y también de nuestros abuelos. Mi abuelo era quintero, agroecológico, para él era importante sembrar, podar, de acuerdo a las lunas. Hemos hecho investigaciones con el INTA y la universidad, y una fecha distinta hace que nazca menos maleza, o que tengamos una respuesta mayor en rendimientos, y todo eso no está en la agricultura convencional, tan racional y tan despojada de la vida. Es una cultura drogadicta, que cada vez pide más. Mucha gente vive más porque está empastillada, es una sociedad que consume mucho ansiolítico, medicamento para dormir, y hasta en eso tiene que ver la alimentación

-¿Se puede recuperar un suelo sobreexplotado?

-Hay recuperaciones, y son más rápidas de lo que uno pensaba. Con plantas es como vuelve a tener vida, no es con más drogas o más veneno. Entender a la naturaleza nos libera, y nos hace repensar las formas de vida. Muchos médicos con los que trabajamos nos dicen que la enfermedad aparece cuando se pierde la coherencia. La coherencia se pierde fácil, cuando uno hace una cosa y dice otra. Cuando uno cree que no debería aplicar con agroquímico, pero lo aplica. Eso, a la larga, puede traer enfermedad. 

-¿Sos optimista respecto a que en algún momento se puedan prohibir los agroquímicos?

-No tengo esa expectativa, siempre pensamos en que ojalá podamos persuadir a mucha gente, estamos convencidos que es lo mejor que nos puede pasar desde lo profesional. Ojalá que la instituciones del agro entiendan que bajar costos es la mirada que tenemos que tener, después se pueden repensar retenciones de otra manera, ojalá se puedan fomentar los cultivos que sean agroecológicos, y tengan mayor valor nutricional. No se puede seguir aplicando más, ya aplicamos 500 millones, la UNLP ha demostrado que hay agroquímicos en las nubes, ¿vamos a seguir así? ¿dónde paramos? ¿en 600 millones, en 1000 millones?. Hay que hacerse más preguntas. 

 

 

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