06:24 h. Sábado, 21 de septiembre de 2019

Rosita... ¿Una trabajadora Sexual? 

FICCIÓN REALISTA 

(*)Por Mariana Olivetto 

cuatropalabras.com.ar  |  22 de agosto de 2019 (16:27 h.)
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Rosita nacía una noche de tormenta, una estrella caprichosa aparecía detrás de una ingenua nube acusando oposición ante la solemnidad del iracundo aguacero. Su destino estaba sellado por el pacto de dos hombres en desigualdad de condiciones: su padre y otro caballero que respondía al Dios dinero, asumiendo el cuerpo de la mujer como una mercancía al servicio del placer del varón, de un sistema de precios formados en un mercado que regula la oferta y la demanda, provecho de satisfacción perversa de la héteronorma.

Decidían sobre la suerte que le correría en el futuro, fatalidad compartida con otras niñas, mandato innegociable por el solo hecho de tener VAGINA y pertenecer a una clase marginal, doblemente oprimidas. Las espinas del ramo de rosas sobre la mesita junto a la ventana de la habitación del viejo hospital donde se ubicaba su cunita predecían su porvenir infortuno. 

Con el paso de las lunas que se asoman y se esconden detrás del horizonte que dibuja su majestad el sol; quien ejerce su autoridad legitimizada por la necesidad de sobrevivencia de lxs seres vivxs, se transformaba lentamente en un cuerpo deseable. Sus pechos voluptuosos y la redondez de sus caderas le auguraban un servicio rentable en el negocio de la dialéctica del amo y la esclava. 

Una mañana, donde un rayo de luz tímidamente se posaba en su almohada, unas burlonas gotas de sangre, en las blancas sábanas que rozaban su inocencia, habilitaban el comienzo de la tragedia pactada desde el mismo momento que su madre se tornaba multiplicadora de la existencia de un nuevo objeto erótico respondiente a una institución masculina patriarcal. 

Quien alguna vez le había dado la vida sería el mismo que se la robaría. Tomaba su pequeña mano mientras la muerte se posaba sobre su sombra. El rosario que rodeaba su cuello perdió su eficacia y el Dios al que le rezaba le mostró su espalda. La felicidad evidentemente no sería eterna, se disfrazaba de instantes, y el dolor era una daga incrustada, una maldita sensación posible de ser arrancada por el derrame sangriento de los lazos que unen la cadena de sumisión. 

En un cuarto hediondo, sucio y alejado del ruido que musicalizaban lxs habitantes que conformaban el paisaje de aquel pintoresco pueblo de la provincia de Misiones, su cuerpo era vejado, humillado y maltratado, lastimado con la crueldad del cinturón de un señor apodado “El Patrón”. Su autoestima aplastada y sus sueños enterrados en las penumbras del abismo. 

Las lágrimas de la resistencia se deslizaban sobre sus mejillas y condenada al silencio disociaba su alma de su cuerpo; abrazada en ese instante por la generosidad anestésica de una sustancia blanca, reducía su subjetividad a la crucifixión sin un Cristo, se embarcaba a la crudeza de las bravas olas sádicas que algunxs llaman trabajo y reaccionan como si defendieran un derecho cuando se trata de la protección de un privilegio. 

Fue excluida de la hipocresía del contrato social por no pertenecer a la clase adecuada, ni a la gente decente. Esmeralda, ahora su nombre de fantasía, era convertida en una nueva esclava, transformada según la construcción discursiva hegemónica, *EN UNA NUEVA PUTA*, en una supuesta *TRABAJADORA SEXUAL* sin un sindicato al cual reclamar, vulnerada en lo más hondo de su integridad era entregada al consumo del goce masculino en marco de una lógica androcéntrica... designada NATURAL. 

(*) Licenciada en Psicopedagogía. Profesora de psicología. Orientadora Educacional DGCyE. Feminista y docente Nacional y Popular. Mamá de Feli y Ale.