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  • domingo, 24 de octubre de 2021

OPINIÓN

¿De qué lado nos paramos?

Por Alfonso Puey

CPN UBA

Desde 2008, con aquel enfrentamiento entre el campo y el kirchnerismo, que culminó con una grieta en la sociedad, que hoy en día subsiste y se acrecienta, mencionar las palabras “subir retenciones” se asimila a una especie de delito para el imaginario colectivo.

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¿De qué lado nos paramos?

El poder mediático atraviesa a la economía política y en nuestro país, quienes concentran el poder mediático, han logrado que una gran parte de la sociedad defienda causas en contra de sus intereses.

El odio hacia un espacio político ha logrado instalar la idea de que las retenciones son el enemigo de la productividad y el crecimiento en nuestro país, como también que “subir los impuestos es malo”, que es preferible devaluaciones descomunales a que haya controles de cambio, y así podemos seguir.  

En la situación actual, en donde la desigualdad, el desempleo y la pobreza producto de malas gestiones y la pandemia son aberrantes e innegables, ¿Podría el gobierno encontrar resistencia a la suba de retenciones para redistrubuir y controlar precios?

El marco actual nos sirve para reflexionar

El sector agroexportador es un sector al que le fue bien y nadie esta acá para discutir meritocracias, buenas campañas y precios materias primas en alza en el mundo (como es costumbre en momentos de crisis y de inyección de liquidez).

Del otro lado, una crisis económica/social enorme, aumentar las retenciones no solo implican mayores ingresos al fisco nacional, para poder redistribuir, sino también controlar precios de los productos alimenticios a nivel local, controlar la inflación, una variable que tiene en jaque al gobierno y a gran parte de la población argentina.

¿Cómo es posible que una medida así logre tanta resistencia de una sociedad que la necesita?

Entiendo que la respuesta se encuentra en la influencia mediática ante una sociedad sesgada por el odio y errores de gestiones políticas que se han transformado en una visión totalmente negativa de la capacidad del estado de transformar realidades.

Venimos insistiendo con que el estado es la única herramienta con capacidad de redistribuir y transformar la realidad con una perspectiva de prosperidad para todos, para eso debemos dotarlo de recursos y exigir el correcto uso de los mismos.

Un estado chico y sin capacidad de accionar contra estos grandes grupos de poder, lo único que lograra es mantener el status quo de la distribución, generando cada vez mayor desigualdad y concentración de riqueza.