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  • miércoles, 16 de junio de 2021

SE REINVENTÓ CON LA PANDEMIA

“Hay que arriesgarse y emprender porque la vida pasa”

Mariana Maiale se fue a estudiar a la ciudad de La Plata en el 2008. Después de construir parte de su vida allá, a raíz de la pandemia, y con la necesidad de estar cerca de su familia y vivir en un lugar más pequeño, decidió volver a Chacabuco. No volvió sola. Lo hizo con su marido y su hija de 4 años. Las restricciones por la pandemia afectaron a cientos de rubros, aunque paralelamente algunos emprendedores surgieron o se reinventaron a propósito de las nuevas necesidades. Mariana, con algo de ayuda, tiempo y sacrificio logró abrir su propio local. 

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“Hay que arriesgarse y emprender porque la vida pasa”

“Nos surgió la idea de irnos a vivir a un lugar más chico y yo obviamente tiré para mi ciudad, el no es de acá, pero pidió el pase a su trabajo y nos vinimos”, cuenta a este medio. Siempre le gustó Chacabuco y tenía la idea de volver. Cuando visitaba la ciudad recorría los mismos negocios, alguno de los cuales debieron cerrar sus puertas. “Ahora noto que hay muchos locales que han cerrado, y hay algunos nuevos, lo que sí está a la vista es que hay muchos emprendedores que venden por Instagram”, dice. 

Su emprendimiento arrancó con la pandemia, precisamente en abril del 2020 con la necesidad de obligatoriedad de la utilización del cubrebocas. “Yo sabía coster lo básico, una amiga me dijo que los hiciera y me paso un tutorial, yo trabajaba en mi casa en un instituto, pero online, pero en primer lugar los ofrecí en el grupo de mi edificio y después lo publiqué en mi instagram personal, ahí me empezaron a pedir, entonces me entusiasme y los hice”. 

 Al principio trabajó con telas que tenía en su casa y con el modelo básico de los pliegues. Su novio la ayudaba a plancharlos, los cortaba y ella los cosía. Así terminaban cerca de 40 cubrebocas por día. “Era agotador, estaba 8 horas sentada en la máquina de coser con mi hija dando vueltas. Todos los días, a través de las empresas de delivery los entregaba, porque obviamente la ciudad de La Plata no es como acá, tiene otras distancias”. Con los meses empezó a anexar otras cosas a raíz de que también mucha gente empezó a hacer cubrebocas. “A mi me gustan mucho los mates. Primero encargué mates, después mi suegra me hacía canastitas de tela,y algunas otras cosas deco, y sobretodo apostando a las redes sociales, pero notaba que en una casa por ahí es difícil que la gente toque el timbre y tenía que sumar gente de acá porque casi todos mis seguidores eran de La Plata, y un día, cuando estaba yendo al supermercado, pasé por este local que se había desocupado, y decidí alquilarlo”.

 En otro orden de cosas cuenta que “A la hora de emprender uno tiene muchas trabas, desde las habilitaciones, la inmobiliaria que te pide un montón de cosas, todas son cosas negativas porque esa es la realidad. Y la verdad que si no le pones onda, no abrís, el emprendedor que tiene que estar apostando no tiene todas las de ganar, al contrario, si es por eso no abrís porque todo es negativo”. 

De todas formas, decidió ir para adelante, “decidí probar y que sea lo que sea, todos me decían que estaba loca por abrir en pandemia y lo que yo creo es que la vida continúa, que uno está detenido, que no hacemos la vida de antes pero que hay que aprender a convivir con esto y seguir porque la vida pasa”.