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  • miércoles, 28 de julio de 2021

ARTISTAS LOCALES

“Se puede vivir del arte, requiere tiempo y conciencia del trabajo”

Trabajar en la propia identidad como artista requiere tiempo, estudio y práctica. Así lo cree la ceramista Cecilia Zucotti, que lleva parte de su vida dedicada a los tiempos irreductibles de los elementos que recrea. En medio de la pandemia, mudó el taller a su casa, donde da clases y trabaja en su propia obra. En este diálogo habla sobre esos procesos, la ductilidad y las posibilidades de la materia. El horno, dice, “interviene y modifica la figura, los colores. Las cosas pasan ahí adentro. Es como un Dios que uno tiene que respetar”. 

 

Por Martina Dentella 

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“Se puede vivir del arte, requiere tiempo y conciencia del trabajo”

Su contacto con el arte inició en su primera infancia, cuando hacía dibujos a toda hora. Su mamá iba al taller de cerámica con la artista plástica Lía Ferro, y “Ahí se me prendió la llamita”, dice Cecilia. Después de un paso por la secundaria alejada de ese impulso, tenía que decidir qué estudiar. No estaba convencida, entonces hizo un taller vocacional. “De buenas a primeras me fui a La Plata a estudiar y ahí sí, fue un flashazo encontrarse con otra gente que estaba con el mismo interés, el mismo desafío”. 

Cecilia nunca se había llevado una materia. Era una chica inteligente a los ojos del resto, y por tanto cargó con el viejo estigma: “qué vas a hacer con el arte, cómo te va a meter con esto, de qué vas a vivir”, le repetían. De todos modos, recibió el apoyo de su familia y le puso el cuerpo a su instinto. 

Hoy trabaja fundamentalmente con cerámica, tiene su propio taller donde crea y da clases. Insiste en que cualquier objeto utilitario, como una taza, un plato, puede tener un “toque personal, individual, que habla de uno mismo”. Y sí, una buena parte de su tiempo la dedica a su obra: “Tengo que hacer algo que comunique, y eso tiene que ver con imágenes mías, una tiene esa capacidad de observar más y se ponen en juego los sentimientos, percepciones, después ingresa una necesidad de bajarlo a su lenguaje”. Trabaja con figuras humanas, la persona como fuente de inspiración para contar esos sentimientos, sus ideas, sus sensaciones. 

 El mundo de la cerámica exige adaptarse a los tiempos de la materia, los elementos, de la obra. “Hay que manejar tiempos porque es arcilla, es barro blando, que lo trabajás un día y lo tenés que dejar, y después a la semana siguiente se continúa”. Hay procesos indispensables que hay que cumplir: la producción, el secado, el horno, la pintura, el esmaltado, la pintura y otra vez volver al horno. El horno, sobre todo, interviene y modifica la figura, los colores. Las cosas -dice Cecilia- pasan ahí adentro. Es un mundo aparte. “Es como un Dios, uno tiene que respetar este proceso y por más que uno los apure, lo único que hace es macana, se rompen las piezas y se quiebran, hay que ser pacientes”. 

Trabajar en la propia identidad como artista, y como docente, requiere tiempo y práctica. “Hoy estamos rodeados de imágenes, quienes vienen al taller quieren, generalmente se acercan con el celular cargado de imágenes para definir lo que quieren hacer, yo les planteo que no hay ningún problema, pero que sí que tengan su identidad. Al principio empiezan a copiar y copiar. Pero una vez que se meten en contacto con el material y empiezan a darse cuenta de la ductilidad que tienen y las posibilidades que les brinda, empiezan de a poco meterse en el tema y a buscar su propio camino”, cuenta. 

A principios de año expuso su obra Elementos, en O´higgins. Insiste en que fue un año difícil para los artistas, alejados de los espacios que les permite intercambiar. “Hoy existen las redes y uno sube fotos, pero no es lo mismo ver la obra en forma presencial y vincularse con el material, con la lectura, con con la obra en sí misma”. 

De todos modos, el tiempo de pausa le permitió reconectar con el arte. Mudó el taller a su casa, y entre intervalos de clases virtuales de sus tres hijas y sus propias clases, buscó esos espacios que le hacían bien.

Por último habla del hechizo maldito, la idea instalada y perversa de que los artistas tienen que vivir del aire. “Es difícil, es un planteo histórico y tiene que ver con la formación que tenemos todos. El lugar común es que del arte, no podés vivir, cuando la verdad es que desde que me recibí estoy trabajando con muchas vinculaciones del arte. Sí, soy profe, pero enseño arte, no estoy enseñando economía para después tener mi taller. Tiene que ver con esto que estudié, que me gusta y me moviliza continuamente a hacer cosas”, dice y cierra: “La realidad es que el arte forma parte de la sociedad, es difícil romper con los estigmas, pero está en nosotros mostrar el trabajo que hacemos, no somos todos hippies que estamos en otra dimensión, es un trabajo que implica tiempo, esfuerzo, disponibilidad, estudio y conciencia del trabajo”.