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  • miércoles, 16 de junio de 2021

COMUNIDAD SOLIDARIA

“Muchos vecinos se levantan sin saber cómo pasar el día”

Con índices de pobreza que superan el 42%, recesión económica, falta de oportunidades en la ciudad y medidas de prevención para frenar la segunda ola de contagios, merenderos y comedores se convierten en lugares de resistencia para cientos de familias que se acercan por un plato de comida, en búsqueda de contención o un abrigo. Yisela Molina, al frente del merendero “Uno para todos y todos para uno”, reconfiguró el espacio que planificó hace algunos años en su casa y entrega casi cien viandas, tres días a la semana. Nancy Nicolini, hace nueve años que está al frente del ropero comunitario y un poco menos del merendero "Palmeras, niños felices". Desde el año pasado incluyeron un día más de entrega de viandas para hacer frente a este tiempo pandémico. 

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“Muchos vecinos se levantan sin saber cómo pasar el día”

“Por suerte venimos trabajando bien, se acerca más gente porque el tema del trabajo está más complicado y amerita más ayuda”. Yisela abre las puertas de su casa los martes, miércoles y a veces los viernes para entregar viandas familiares al mediodía. “Sacamos alrededor de cien platos y también preparamos las meriendas para todos los días de la semana, además del roperito”, cuenta. 

Por esta segunda ola de contagios, además, están en campaña “para conseguir elementos de higiene personal para los pibes, porque está todo tan complicado, y por ahí todo el mundo piensa en la comida, pero la higiene es un tema también”. 

Yisela no paró ni un solo día desde el comienzo de la pandemia. “Pudimos ayudar, seguimos ayudando y eso que se acerca cada vez más gente, aunque las donaciones son complicadas, pero le hacemos frente, cuando llega el momento no nos falta nada”, asegura. 

El 25 de mayo hubo un encuentro entre la Red Solidaria y distintos comedores y merenderos de la ciudad. Según explica Yisela, sirvió para poner en común la situación de cada uno de los que están al frente de estos proyectos. “Algunos, por ejemplo, estaban preocupados porque no les llega ropa a su barrio, osea a su roperito, porque hay mucha demanda de ropa y es poca la que le llega. Porque también es cierto que la gente la vende en las redes, porque no hay plata y cada uno se defiende como puede”, dice y asegura “Estamos todos estamos en la misma, tratando de organizarnos para que entre todos podamos hacer que no nos falte nada y podamos ayudar más”. 

En este contexto, los comedores y merenderos de la ciudad se convirtieron en servicios esenciales para cada vez más personas que no llegan a acceder a la canasta básica de alimentos. “Yo creo que uno ya pasa a ser familia, está el que te mande un mensaje de whatsapp y te pide un poco de azúcar, uno los contiene, estamos al tanto de como están, le preguntamos todo el tiempo si están trabajando y te dicen “sí, hoy tengo una changa”. Está bueno no solamente dar la comida sino seguir en contacto con cada uno”.

En ese sentido, Yisela asegura que es muy necesaria la contención. “Sería muy lindo que si alguien con esa capacidad se pudiera sumar, porque los chicos necesitan contención, las madres también. Muchos pueden decir “está lleno de vivos, de vagos” y a veces es cierto pero también está la otra cara, las personas que están mal, que se levantan y que no saben cómo van a hacer para pasar el día”. 

Yisela insiste en que hace meses que cocina sin carne, “lo poco que compro yo, pero hay veces que no puedo y la verdad es que cocino mucho con verduras, pero necesito carne como para que la comida sea contundente, para que tenga todos sus nutrientes”. Su página, para poder colaborar es “Merendero Uno para todos y todos para uno”. 

Nancy Nicolini ayer se preparaba para el día de entrega de viandas. Desde el año pasado han incluído los miércoles para complementar con un día más, “y poder ayudar en está época difícil que estamos pasando”. Son más de cien las que entrega cada semana.Además, desde hace nueve años tiene su ropero comunitario. 

En su caso, cada familia se acerca a buscar su bolsita de facturas, llevan la botellita, se higienizan y se rellena con leche para que la lleven. 

A veces reciben ayuda y otras deben rebuscarselas. “A veces, el Movimiento a la dignidad nos está dando mercadería seca, como fideos, leche, harina, pero en el tema de verduras y carnes estamos complicados pero bueno aportamos un granito de arena entre todos los que podemos y cocinamos rico”, cuenta a este diario. 

“Casi todo el mundo tiene mi número de teléfono”, dice. Pero la encuentran en Elguea Román 73, Alem 550, y sino a través de su facebook personal. 

Nancy colabora con vecinos y vecinas “en lo que necesiten”. El tema de la mercadería -dice- es que los chicos que van a los colegios, reciben dos bolsines y uno ya sabe que esa familia cuenta con eso. Por eso cubren la edad intermedia, “hay gente mayor que necesita también, con lo que tenemos estamos haciendo cuanto podemos, juntamos algún bolsín y vamos a esa familia, ese señor o matrimonio que sabemos que está pasando necesidades”, cierra.