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  • sábado, 25 de septiembre de 2021

OPINIÓN

Los abandonados

Por Gustavo Porfiri

 

A mediados de este mes que hoy termina, se conoció la noticia de que al menos 47 personas fallecieron por inanición en una embarcación frente a la localidad costera mauritana de Nuadibú, cuando intentaban alcanzar las islas Canarias, en España. Pocos días después, 52 migrantes africanos murieron al naufragar la embarcación en la que trataban de llegar al mismo destino que los primeros. Situaciones como estas dos se repiten semana tras semana por casi todo el planeta: seres humanos(muchos de ellos niños) que mueren huyendo de otros seres humanos pero también son hostigados por más seres humanos que no los quieren ver pisar sus territorios.

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Los abandonados

El pasado mes de julio, la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) publicó un informe donde señaló que en lo que va de 2021 alrededor de 250 personas fallecieron intentando llegar a las islas Canarias en la ruta del África Occidental. Con esta nueva tragedia el número de muertos se situaría en unos 300. Sin embargo, la OIM alerta de que el recuento podría ser bajo. "Cientos de casos de naufragios invisibles han sido informados por ONG en contacto directo con quienes estaban a bordo o con sus familias. Tales casos, que son extremadamente difíciles de verificar, indican que las muertes en las rutas marítimas a Europa son mucho más de lo que muestran los datos de los que se dispone", asegura la entidad.

Recientemente, organizaciones humanitarias y distintas instituciones han denunciado al Gobierno de España por la devolución masiva de niños y adolescentes a Marruecos. Estas repatriaciones, sostienen los denunciantes, se están realizando sin garantías jurídicas.

Se trata de unos ochocientos menores no acompañados que ingresaron al país europeo durante la entrada masiva de migrantes que se produjo el pasado mes de mayo y que hasta ahora permanecían en la ciudad autónoma de Ceuta, el enclave español en el norte de Marruecos. 

Desde que comenzaron las repatriaciones, numerosas organizaciones han expresado su rechazo. Después de que la Asociación Coordinadora de Barrios para el Seguimiento de Menores y Jóvenes solicitara judicialmente su suspensión, las organizaciones No Name Kitchen, Maakum Ceuta, ELIN, Fundación Raíces y Andalucía Acoge han asegurado en un comunicado conjunto que "se está procediendo a la repatriación sin garantías de varios menores que habían designado abogada, a quien no se ha contactado, vulnerando así su derecho a recibir asistencia letrada".

En su escrito, estas organizaciones también enumeran las irregularidades que se están produciendo: "No se está garantizando el derecho a ser oído mediante la audiencia al menor, no se está garantizando la asistencia letrada, no se están teniendo en cuenta las circunstancias personales de cada niño, ni si se dan las condiciones necesarias para su protección en su país de origen". 

La versión latinoamericana

Desde Panamá alertan sobre la llegada de unos 18.000 migrantes provenientes de Colombia durante este mes. Los gobiernos de los dos países se reunieron hace algunas semanas y optaron por limitar el número de migrantes irregulares que, azotados por la pandemia, buscan cruzar la difícil selva fronteriza del Darién en su ruta hacia Estados Unidos. Este corredor selvático de 266 kilómetros entre Colombia y Panamá se ha convertido en paso obligado para la inmigración irregular que desde Sudamérica trata de llegar a México, Estados Unidos y Canadá. Los migrantes cruzan la jungla, de 575.000 hectáreas, pese a que no hay vías de comunicación terrestres y deben enfrentar grupos criminales, ríos caudalosos y animales salvajes, como serpientes venenosas.

Tan solo en lo que va de este año, 49.000 migrantes, entre ellos menores de edad y mujeres embarazadas, han cruzado la frontera entre Colombia y Panamá, la misma cantidad que los últimos cuatro años juntos, huyendo de la crisis generada por el Covid-19, la pobreza y la violencia en sus países de origen.

La situación amenaza con desbordar los centros de atención que las autoridades panameñas han instalado para brindar atención a los migrantes. Los expertos alertan que antes de la pandemia los migrantes atravesaban Panamá durante la temporada seca (usualmente entre diciembre y abril) debido a que las condiciones climáticas hacen menos dificultoso cruzar la selva. Pero ahora, desesperados por la pandemia, la pobreza y la violencia, realizan la travesía en cualquier época del año.

"Evidentemente es un número que podría impactar la capacidad de las estaciones de recepción migratoria que definitivamente no tienen esa cobertura", advierte Santiago Paz, Jefe de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) en Panamá.

"Sabemos que la pandemia impactó de manera muy seria a toda la población" y eso se ha traducido en "ansias y necesidades" por "cumplir el sueño americano", afirma Paz, y advierte: "no solo pueden ser víctimas de traficantes de personas, sino que pueden perder la vida" por las condiciones extremas de la ruta selvática.

Como vemos, pasa allá, y acá, en el barrio, en nuestro continente. El fenómeno de las migraciones es un problema en aumento que afecta a millones de personas. No podemos aceptar alegremente que a esta altura del siglo XXI la “comunidad internacional” no encuentre una solución definitiva al asunto. Esta es una injusticia mayúscula y aceptarla nos pondría en un lugar despreciable.