Lo que mata es la calor

cuatropalabras.com.ar  |  21 de enero de 2020 (13:37 h.)
 (*) Por Claudia Exner

         Veo al Duende sentado en la hoja blanca,  justo en el borde. No sé si aparece o está a punto de irse. Es que tiene el vicio de presentarse durante esa ausencia incierta que me pone fuera del tiempo y borra el espacio. El vago enciende otro reloj, condensa lugares distantes en ese locus hiperreal que borra toda perspectiva y me deriva en reflexiones que corren todos los ejes por fuera de la base de sustentación de cualquier objeto en el que haga foco.

  • Hola – le digo – Básico: no se me ocurre otra cosa. La experiencia indica que es un buen modo de empezar - Pero con él nunca se sabe… 
  • La calor escandaliza – me escupe con cara de naipe – Algo trae bajo el poncho. Es obvio.
  • Sí – le contesto – No todo el mundo está tan anoticiado como vos sobre esta cuestión de doble género.
  • Calor es una palabra rebelde –opina – Se discutió mucho en la RAE acerca de la conveniencia de aceptar el uso de “la calor”. Finalmente el sur le torció el brazo. El sur de América y también el sur de la propia España.
  • ¡También le torceremos el brazo con el lenguaje inclusivo! – me entusiasmo –
  • ¡Ahá! – dice con gesto sobrador y media sonrisa de licenciado.

      Me la baja, juro que me la baja cuando se pone así. No le daré el gusto, no preguntaré. Mientras tomo esta decisión, el muy cretino se tira de espaldas y rueda por detrás de la pantalla del ordenador.

  • ¡No me dejes en pensamiento interruptus! – le ruego –  

      Su mano aparece al instante como ícono en la barra de tareas. Un solo click  y vuelve a ocupar su lugar en el borde de la hoja.

  • ¿Cuál es la razón que hace necesario que una institución de la corona española autorice el uso de lenguaje inclusivo en Argentina o en cualquier otro país soberano para que hagamos uso de él? – me examina, me irrita, me humilla, me enoja – Me caga. Me caga siempre.
  • Según la AAL [Academia Argentina de Letras] – digo con suficiencia autoengañadora - “La hipotética introducción de esos sustantivos y adjetivos artificiales terminados en “e” daría nacimiento a otros problemas no despreciables, como las dificultades que implicaría la enseñanza del nuevo sistema (el cuestionable entrenamiento de los padres, maestros y de la población en general), la puesta en peligro de la unidad del idioma de veintitrés naciones si ese cambio se impusiera solo en ciertos lugares, como todo indica que podría suceder si se avanzara desacompasadamente en esa línea, y etcéteras que seguramente surgirían a medida que se profundizara la reflexión sobre el asunto.”
  • Qué cosa… - se entristece el Duende – Más de doscientos años de independencia política ganada y sostenida con sangre patriota; un siglo y medio de ser República Argentina y permanecemos alegremente colonizades por un organismo real europeo, europeizante y rabiosamente patriarcal.

Estoy avergonzada. Me entrego, como siempre. Una vez más. Y van…

  • Está asomando un saludable rechazo hacia las políticas de imposiciones normativas -  continúa – Los mismos colectivos que alientan la disidencia y cambian de hecho lenguaje, discursos y prácticas culturales presionan a las academias para que se expidan, mientras el expediente argentino se reconoce vasallo de la real institución europea que vigila tu lengua y regula tus intercambios orales y escritos.

Lo apuro:

  • ¿Qué estás queriendo sugerir? ¿qué actitud te parece recomendable?
  • La doxa siempre impone sus principios. Pegá tu oído al pulso que anima a los pueblos de la Patria Grande, poné palabras rebeldes en el canto y bailá sobre las huellas misteriosas de les Duendes.
  • ¿Les Duendes? ¿Es que esta lógica no binaria atañe también al mundo mágico?
  • Hasta que no cambie ese mundo que te subyace, hasta que en lo profundo del pozo cada palabra de la hegemonía patriarcal sea eliminada o modificada, el régimen colonial mantendrá su vigencia. Para empezar con alguna acción simbólicamente eficaz: soy le Duende.  No binarie, no alineade con el pensamiento hegemónico. 

      Yo quería escribir otra cosa, pero esta hoja está tomada. Quedará para otro momento y para otra hoja. Lo miro [le miro] con cara de “andate!”, pero me sostiene la mirada y no se mueve. Finalmente dice:

  • “La Patria es el otro”. Cierto. Pero la Matria… La Matria es le otre.  Territorio por conquistar. Visceral, pródigo, diverso. Ancestral, profundo bajo la Patria de 1810. Sin Real Academia Española las lenguas maternas sumergidas quieren abrazar como hije al lenguaje de la igualdad.

Una voltereta, dos volteretas en el aire y… Puf! Ya no está.

(Ay…) Sí, está. Se asoma por el teclado detrás de la E y sobreactúa  una carcajada.

  • Lo que mata es la calor – dice – y no lo veo más.  

Disculpas: no le veo más

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