14:45 h. Jueves, 22 de agosto de 2019

Las invisibles

Por Josefina Poy

OPINIÓN  |  18 de julio de 2019 (15:34 h.)
Más acciones:

 

lo que pasa con el alma es que no se ve 

lo que pasa con la mente es que no se ve 

lo que pasa con el espíritu es que no se ve

¿de dónde viene esta conspiración de invisibilidades? 

- Alejandra Pizarnik, 1971.

¿Qué es lo que queda? 

Cuando la teoría no alcanza y se vuelve verso. 

Cuando la realidad te aplasta.

Cuando echás por tierra todo lo que creías saber.

Me propuse escribir, como siempre, alguna especie de aporte desde la sociología pero me encontré con la pibita de diecisiete años que se fue a estudiar esta carrera “para entender la sociedad”. Y se me está cagando de risa.

El mes pasado, lo que iba a ser una celebración del segundo año de Suplemento F en las calles se esfumó. Aunque algo en mi todavía se resista, hay que hablar de esto. 

Nos falta Gaby.

No existen las palabras correctas, así que les pido disculpas de antemano. 

Nos tocó enfrentarnos a un femicidio, ese gran monstruo del que mucho hablamos pero poco conocemos. Enfrentarnos a que el nombre de esa compañera con la que te escribías una vez por semana aparezca de golpe en todas las conversaciones, todas las redes, todas las bocas.

Y los ojos de quienes te rodean para darte la noticia dicen más que las palabras.

Den por hecha la parte donde para mi es imposible duelar en circunstancias tan violentas. Así que avancemos en el relato. 

Retomar la vida cotidiana es una mierda. Y no entendía porque Facebook era el terreno más difícil, al menos desde mi perspectiva. Me dolía ver la foto de Gaby en tantos lugares para después encontrarme en una marcha con doscientas o trescientas personas. 

Me reventaba liviandad con la que “comparten” algo. Acción que requiere una milésima de segundo, dos movimientos del dedo pulgar y listo. Todxs se sintieron ciudadanxs ilustres, comprometidos, conscientes. 

¿Cuánto más valen los cuerpos virtuales que los cuerpos reales? 

¿En qué momento quedó tan cómodo el sillón de la casa, el télefono móvil, que no importó que mataron a una persona? 

¿A quienes les hablan nuestros carteles y consignas en las marchas? ¿movilizan nuestras movilizaciones? ¿qué convocan nuestras convocatorias? ¿quién recibe qué mensaje?

Ahora nos hablo a nosotras, feministas, mujeres. 

Porque bien sabemos quiénes son los grandes responsables pero también es evidente, desde el segundo en que mataron a Gaby que todo lo que hicimos hasta ahora sirvió de poco y estamos obligadas a repensar nuestras prácticas, nuestros discursos. 

No estoy desconociendo las luchas ganadas en general. Pero esto es Chacabuco y debe ser observado en su particularidad. 

Ya no ocupo, ni quiero ocupar, los lugares de antes. 

Las ofertas de puestos políticos me ofenden. Las campañas también.

Estar viva se siente un privilegio momentáneo y fugaz.

Si cuando la realidad nos revienta en la cara decidimos continuar con las prácticas de siempre, pues, las cosas seguirán igual para nosotras. 

Continuaremos perdiendo amigas, llorando compañeras, marchando y marchando eternamente a ningún lugar. Las invito a cuestionar-nos. Y nos abrazo. 

Nota al pie: 

Suplemento F, el papel, la tinta, nos funde a todxs lxs que escribimos en un encuentro tan cálido que es un espacio que debe ser habitado. No nos quitarán las palabras. Por muchos y tantos años más. 

(*) Estudiante de Sociología (UBA), docente, feminista hasta la médula.