• 03:09
  • miércoles, 28 de julio de 2021

OPINIÓN

La independencia verdadera

Por Gustavo Porfiri

 

Cuba anunció que dos de sus desarrollos de vacunas contra el coronavirus tienen una eficacia que se sitúa a la par de las que ya se han inyectado a unos 1.900 millones de personas en el mundo entero. Si Abdala y Soberana 02 siguen avanzando y se aprueban, la mayor de las Antillas podrá conseguir la inmunidad total de su población sin la necesidad de recurrir a vacunas extranjeras. Un ejemplo para toda Latinoamérica y el Caribe que tiene un pionero llamado Fidel Castro.


 
opinión
opinión
La independencia verdadera

Todavía hay que esperar. Las vacunas cubanas deben superar dos escollos importantes: la validación interna y luego un nivel de producción en escala para lograr el objetivo cubano de vacunar a su pueblo con un desarrollo científico y técnico absolutamente propio. 

Los resultados obtenidos durante el proceso de prueba en Fase III dicen que los proyectos cubanos están en el nivel obtenido por las vacunas más difundidas en todo el planeta. El Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología(CIGB) -responsable del desarrollo de Abdala- ha informado que este fármaco tiene una eficacia del 92%. En ese índice se ubican los productos Sputnik V de Rusia y el norteamericano de Pfizer.

En el caso de Soberana 02, desarrollada por el Instituto Finlay de Vacunas, que entró en la Fase III de ensayos clínicos el 3 de marzo pasado en ocho municipios de La Habana, ha demostrado -con dos inyecciones- una eficacia cercana al 70%, porcentaje que la equipara con la vacuna de AstraZeneca o la china Sinovac. Aunque seguramente esta performance aumente, pues Soberana 02 está diseñada para tres aplicaciones.

Los antecedentes sobran

Desde el inicio de la pandemia de coronavirus, Cuba se mostró altamente confiada en sus capacidades propias para lidiar con el asunto sin depender de otros países. Pero esa confianza tiene raíces sólidas: la isla produce el 80% de las vacunas que se aplican en su calendario obligatorio anual; desde hace décadas produce el suero recombinante Heberbiovac HB, uno de los pilares fundamentales en el control, la eliminación y posible erradicación de la hepatitis viral tipo B-D; tiene dos medicamentos contra la meningitis B: VA-MENGOC-BC y Quimi-Hib, este último de gran eficacia en el control de Haemophilus influenzae tipo b (Hib) una bacteria gramnegativa causante de enfermedades como meningitis, neumonía, epiglotitis, celulitis, septicemia, artritis, entre otras. Asimismo, la isla caribeña ha desarrollado Heberpenta, una vacuna pentavalente para combatir Difteria, Tétanos, Tosferina, Hepatitis B y Haemophilus influenzae tipo b, que une de manera simultánea todos los antígenos de la formulación en un solo frasco y que obtuvo su registro en 2010. Todo esto pone a Cuba en un lote muy selecto de naciones del mundo con capacidades propias para enfrentar la pandemia con su propio arsenal científico-técnico. Todo esto a pesar del bloqueo inhumano impuesto por los Estados Unidos desde hace décadas a la isla.

El hombre que adelantaba varias décadas

El pasado 1° de julio, el CIGB cumplió su 35° aniversario exhibiendo una de sus creaciones más promisorias: Abdala. “Es un regalo que le debíamos al Comandante en Jefe Fidel Castro”, dijo ante la prensa la directora de la institución, Marta Ayala, al evocar en primera instancia la figura del fundador del Centro, un visionario y soñador que desde fines de los ´70 del siglo anterior, y con más fuerza en los años ´80, impulsó la formación científica y el trabajo investigativo de esta rama por vía de la creación de interferones, hasta ese momento un logro que solo estaba al alcance de países desarrollados.

Cuando en 1976, en California, Estados Unidos, se creó la primera empresa biotecnológica en el mundo, la Genetic Engineering Tech, Inc. (Genentech, Inc.) seguramente nadie se sorprendió. Pero sí hubo muchos al punto del desmayo en 1981, cuando Cuba emprendió el desarrollo de la industria de la biotecnología, sin antecedentes similares en la región y ni siquiera en Europa.

En su enorme capacidad visionaria, Fidel Castro sabía que el futuro de Cuba estaría asegurado con el desarrollo de la ciencia. Lo expresó en 1960, cuando un 25 por ciento de la población cubana era analfabeta y otro tanto de personas funcionaban como tal, aunque sabían leer y escribir. Vino entonces la Campaña de Alfabetización, la construcción de escuelas y centros asistenciales de salud, y la preparación de los científicos. Quienes pensaron que Fidel se había vuelto “loco” al apostar por la industria médico-biotecnológica en momentos en que esta disciplina apenas comenzaba a surgir en los países más industrializados, recibieron la primera bofetada de realidad el 28 de mayo de 1981, con la producción del primer interferón en Cuba.

"La ciencia y las producciones de la ciencia, deben ocupar algún día el primer lugar de la economía nacional, que partiendo de los escasos recursos, sobre todo de los recursos energéticos que tenemos en nuestro país, tenemos que desarrollar las producciones de la inteligencia, y ese es nuestro lugar en el mundo, no habrá otro (…)", afirmó el Comandante en 1993. Igualmente, al inaugurar el Centro de Inmunología Mo­lecular el 5 de diciembre de 1994, el líder enfatizó: "Es un orgullo en pleno Periodo Especial inaugurar este Centro que no es un lujo, es una promesa de salud para nuestro pueblo y es una promesa de ingresos para nuestra economía".

Una guía permanente

En su apretada agenda de trabajo, diariamente Fidel hacía un tiempo para ocuparse de la ciencia y sus hacedores. Seguía los avances que surgían en el mundo, intercambiaba ideas con los investigadores, preguntaba hasta el más mínimo detalle de cualquier estudio, les sugería ideas, los desafiaba a desarrollar proyectos colosales. El resultado de todo ese afán por lo verdaderamente importante está a la vista hoy, cuando el mundo depende de las vacunas para protegerse de la peste. Una vez más, el Comandante nos marca el rumbo, nos dice cómo hay que sembrar para obtener los frutos que nos den la verdadera independencia.