20:38 h. Miércoles, 11 de diciembre de 2019

Game Over - Una novela violenta 

(*)Por Leticia Cappellotto 

TODOS LOS VIERNES EN 4P  |  03 de agosto de 2019 (13:09 h.)
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XVII-

¿Cómo se mata a alguien? Escribí en mi cuaderno de notas luego de la reunión con Natalia. Pensé en todas las novelas de Agatha Christie que había leído. Pensé en las cientos de horas que me pasé frente al televisor viendo series de detectives norteamericanos desde mi infancia. Pensé en que lo más cerca que había estado de un arma había sido haber mirado un documental sobre las masacres de estudiantes en Estados Unidos. ¿Tenía que ser yo la que matara al marido de mi prima o podría tercerizar ese servicio? ¿Cuánto me cobrarían por cometer un asesinato? ¿Habría tarifa en dólares? ¿Se movería con la inflación? ¿Habría una paritaria de sicarios? Se me ocurrieron varias ideas todas igual de inútiles: había escuchado que la nuez moscada en grandes cantidades podría ser mortal, pero el gusto seria tan amargo que cualquiera se daría cuenta. También sabía que los accidentes de tránsito mataban por año más gente que los infartos, pero yo no sabía manejar, así que también estaba descartado. 

Hice una nueva lista, para ordenarme:

Formas de matar a alguien

Empujarlo debajo de un tren

Empujarlo debajo de un auto

Tirarlo por una ventana

Dispararle

Ahorcarlo

Envenenarlo

Inyectarle un veneno mortal

Ahogarlo con una almohada

Golpearlo en la cabeza con algo muy pesado

Inducirlo al suicidio

De cada opción anoté pros y contras y rápidamente me di cuenta que en todas estaba demasiado involucrada mi fuerza física pero lo que más falta me hacía era fuerza moral. Matar a alguien no es tan fácil como podría pensarse, requiere de una decisión consciente, valentía y un puntito de locura. ¿Tenía todo lo que hacía falta? No, definitivamente no podría matar a Javier con mis propias manos pero ¿Cómo encontraría el deseo de matar a alguien solo porque una prima me había dicho que tenía que hacerlo? ¿Y si mi prima estaba completamente loca? ¿Y si solo quería jugar conmigo? ¿Y si lo que había que hacer era lograr que lo dejara y no matar a nadie? ¿Javier se merecía morir solo porque era golpeador? ¿Quién se merece realmente morir? ¿De pronto creía en los merecimientos? ¿Por qué un desconocido mata a otro? ¿A título de qué? Volvieron a retumbar en mi cabeza las palabras del juez de la Corte Suprema que había dicho en una entrevista: “Ud primero preocúpese por que no lo mate un familiar, luego preocúpese por que lo mate un delincuente que no conozca”. Así las cosas había más chances de que te matara alguien que previamente te había amado que un desconocido. Era realmente desopilante: en el preciso momento en el que alguien te decía “Te amo” aumentaban tus posibilidades de morir en manos de esa misma persona. Dándole las vueltas correspondientes a este asunto entendí que antes que resolver la parte operativa de la cuestión lo que necesitaba era odiar a Javier, para así poder matarlo. 

Hablé con mi prima y pedí que organizara una cena. Estaba convirtiéndome en una asesina, tenía que sentir deseo de matar para poder hacerlo. Tenía que odiar a mi víctima para concretar mi misión. Como cualquier transformación, los cambios se producen siempre del interior al exterior.

(*)Leticia Cappellotto (BsAs, 1985) es docente y periodista. Publica artículos, crónicas y relatos en Argentina y España. Vive en Madrid.