• 05:22
  • miércoles, 28 de julio de 2021

NO SE FÍA, NO INSISTA

La desaparición de la libreta de almacén

La libreta de almacén salvó durante décadas la comida del día. La confianza mutua, la estabilidad económica y la cercanía del barrio, la sostenían. Apenas un puñado de vecinos conservan el privilegio de acceder a este sistema en el mercado barrial. La inflación, la falta de poder adquisitivo y de previsión la borraron del mapa social. Quienes están de ese lado del mostrador explican cómo es el vínculo con los clientes de hoy, y denuncian una competencia desleal con los grandes supermercados.
Screenshot_20210708-085427_Drive
Screenshot_20210708-085427_Drive
La desaparición de la libreta de almacén

Pablo Emanuele, de la Esquina Inglesa comenta que en aquel tiempo la libreta la llevaba el cliente, donde anotaba los productos que retiraba y al mes se acercaba a pagar. “Se dejó de usar hace quince o veinte años, porque el gran problema es la inflación, el cliente hoy se lleva algo a determinado precio y cuando lo viene a pagar ese precio ya aumentó”. Y la otra cuestión, insiste, es que los propietarios necesitan la plata en mano “para poder pagar la mercadería que está por entrar”. 

Según Stella, que recibe a su clientela en Almirante Brown y Alfonsín, la libreta tampoco funciona. “Solo se puede fiar a alguien muy conocido, porque uno necesita el dinero rápido, ya que cada vez que vas a hacer el pedido hay un aumento”.  Hace poco tiempo atiende el lugar, pero su marido tiene una pizzería hace catorce años y emprende un sistema de trueque con los comerciantes del barrio: el panadero le compra y él al otro día le descuenta del pan, al carnicero, la carne. “Yo me acuerdo que cuando era chica, nos mandaban a mi y a mi hermana de la mano con la libreta de la despensa, de la verdulería y la de la panadería”, cuenta a Cuatro Palabras. 

Verónica, tiene su despensa en el barrio Alcira de la Peña. Su lema es: “Si por fiar tengo amigos y los pierdo por cobrar, para evitar enemigos lo mejor es no fiar”. En seis años instalada en el lugar ha perdido algunos clientes por cuestiones mínimas. “Un chico me pidió un día una cremona, me dijo después te la pago, nunca más no vino ¡por una cremona!, yo siempre digo a todos que vengan, que me digan que no lo pueden pagar por ahora, pero que sigan comprando, que no se vayan a otro negocio, entonces yo manejo plata”. 

Si bien no usa la libreta, le fía a algunas personas cercanas, “de todo el mes tengo dos personas que son muy seguras, lo que yo arreglé con ellos es que les doy pero les anoto lo que se llevan, uno o dos días antes de cobrar me avisan, entonces les pasó el precio actual del producto, y ellos están de acuerdo”, cuenta. 

Verónica reniega de que los grandes supermercados tienen la ventaja de comprar en cantidades desorbitantes y por lo tanto desleales. “Tienen ofertas o productos más baratos de lo que tenemos nosotros”, dice. De todas formas, agradece sus ventas y asegura “voy tratando de conseguir cosas un poquito más económicas y no las marco tanto, cuando traigo de Bragado puedo acceder a otros precios y lo dejo más económico, no le sacamos ventaja porque estamos en un barrio y somos todos humildes”. 

Carlos lleva una vida dedicada al comercio. Desde su almacén ubicado en la calle Belgrano,  analiza que la libreta dejó de usarse “por todo lo que trae aparejado”. “Uno hacía algunas cosas que el tiempo va borrando, la evolución va trayendo un cambio que llega”, dice. La palabra confianza, entre paréntesis, mató al hombre, dice. “Pero uno cuando se fía sabe porque es consciente de lo que hace”. En su trayectoria como almacenero ha fiado y lo han traicionado. “En mi existencia no sé si debería poner otro negocio como este”, asegura. Dice también, que en épocas pasadas tenía clientes a los que podía “bancar” hasta un año, “y hoy tienen dos mil hectáreas de campo y además no les actualizaba nada, les congelaba el precio”. De todas formas, conserva algunos clientes de otra época a los que les entrega mercadería y le pagan a los días, “pero las cosas van caducando, van desapareciendo y de yapa esta pandemia que no perdona a nadie, y con el tema de las cadenas de supermercados claro que estamos en desventaja, siempre”.