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  • miércoles, 16 de junio de 2021

QUE SI QUE NO

El desánimo se impone en el sector comercial

Las restricciones impuestas por la segunda ola de contagios y la caída de la demanda complica a cientos de comerciantes locales, que apuestan a distintas estrategias para atraer clientes. Cuatro Palabras se entrevistó con vecinos que emprenden en distintos rubros. El delivery y la venta por redes se sostiene. La atención desde la puerta -coinciden los comerciantes- no funciona. Reclaman la reapertura al público con protocolos rígidos y aseguran que “hay desigualdades”con actividades consideradas esenciales. En ese sentido, varios se quejan por la falta de control en algunos supermercados. Mientras algunos Municipios invierten para apoyar a los sectores comerciales, en Chacabuco no se han planteado alternativas para sobrellevar la situación. 

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El desánimo se impone en el sector comercial

Melina, vendedora del local comercial “Mercado Bonito”, cuenta que las redes sociales son su principal estrategia para visibilizar los productos de su local. “En nuestro caso es fácil que vean nuestro catálogo en las redes y después lo pasen a retirar”, dice y asegura que “está funcionando bien, a la gente le gusta un poco porque es más práctico, por suerte se está vendiendo”. Melina considera que es poco probable que las medidas de cuidado finalicen el 31, y dice “vamos a tener que seguir así, no queda otra”. Mercadería reciben poca, y ahora intentan aplicar algunos descuentos para captar la atención “tratamos de rematar en más barato para que salga más". 

El testimonio de Graciela, que atiende el local “Malena” va en otra línea. “La gente se está cuidando, está temerosa de gastar, se vende muy poco”, dice en diálogo con este medio. Antes de la Fase 1, cuenta, vendía un poco más “pero tampoco tanto, se paró hace como tres meses, creo que la gente volvió a tener miedo de salir cuando hubo un pico de arriba de 100 contagios, en la calle se notó”. 

Por ahora trabajan en modo delivery o retiro en el local, a preferencia del cliente. Graciela apuesta a las promociones en efectivo, aunque explica “no ponemos liquidación porque una de las marcas con las que trabajo no quiere, pero en realidad es una liquidación para sacar todo”. 

La nueva temporada, la están pagando. “Los cheques están entrando y son muy grandes”. De todas formas, sus proveedores también están parados y atrasados con las entregas. “Si después del lunes seguimos en Fase 1 nos estarían mintiendo, el año pasado nos metieron adentro y no había ni un caso. Si teníamos ahorros no nos quedó nada porque todo fue para cubrir cheques, el local es nuestro, no tengo empleados, pero es mi fuente de trabajo”, dice. 

En otro orden de cosas se refirió a la marcha del sábado, aseguró que se trata de “un reclamo para poder trabajar, no a que nos den dinero, estamos pidiendo trabajar que es dignidad para el ser humano”. Opinó que “es un país muy inestable, donde uno no puede programar su vida, ni un fin de semana a Buenos Aires” y cerró “El peligro no está en los negocios, porque yo no quiero enfermarme ni mi marido quiere enfermarse, entonces nosotros nos cuidamos como en todos los otros negocios. Sí es un peligro la cola del banco, la del super, a mi me parece que estamos bastante abandonados como sociedad”. 

Fernando, del Centro Óptico Menervino comentó que su rubro fue quitado de la lista de “esenciales” en el nuevo DNU. “Tenemos que atender desde el mostrador como cualquier negocio, por suerte funciona y la gente se acerca, el tema es que el Colegio de Ópticos pidió ya al Ministerio que nos vuelvan a considerar esenciales, y estamos a la espera, hay gente que no ve y necesita sus anteojos recetados”. En ese sentido dijo que “Si seguimos en fase 1 nos arreglamos como todos, nos adecuamos a la situación. Tratamos de solucionar las cosas más imprescindibles. Lentes de contacto, por ejemplo, no estamos haciendo nada porque no pueden pasar al consultorio y menos manipular las lentes”. Por el momento trabajan con redes sociales, “pero los anteojos de sol no están saliendo porque no es la época”. 

Las vinotecas tampoco fueron consideradas esenciales. Carlos María, de la vinoteca Wein, asegura que se adaptaron a la nueva modalidad. “Hoy se complica mucho porque la gente no alcanza a ver la mercadería, yo se la tengo que mostrar pero la realidad es que en una vinoteca a la gente le gusta entrar y mirar lo que hay, ver los precios”. Carlos considera que sería lo mejor poder dejar ingresar de a una persona, cumpliendo los protocolos. Por último comenta que están entregando mercadería por delivery “pero está muy tranquilo porque no hay plata. Si el lunes no cambia la cosa seguiremos trabajando así, pero que nos dejen trabajar por favor”. 

El último consultado fue Adrián, propietario de Lola Benites. Por ahora se manejan con la modalidad take away, aunque asegura que “son muy pocas las ventas que se dan de esa forma”. Funciona mejor la atención desde la puerta pero con un local de 200 mts cuadrados que incluyen la parte comercial, más el depósito, la situación se complejiza. “Cuando una clienta pide una remera, las chicas tienen que caminar más de 30 metros entre ida y vuelta para mostrarle un artículo, y también la gente está con poca paciencia tratamos siempre de ponerle la mejor onda pero no son condiciones para trabajar, los negocios no están diseñados y diagramados para trabajar como se está exigiendo hoy, uno hace una inversión muy grande cuando pone un negocio”. 

Otro factor importante -y que preocupa en muchos casos- son las compras realizadas con la proyección de invierno, cuando creían que el local iba a estar abierto. “Ahora nos entra toda esa mercadería y no tenemos como sacarla. Estamos devolviendo mercadería a los proveedores que nos toman de vuelta, porque la verdad es que no podemos pagar mercadería para guardar, económicamente es otro daño más porque es por temporada”. En ese sentido aseguró que “la actividad hoy es equivalente a tener el local cerrado porque las ventas no cubren nada, son el menos del 50% es ínfimo, nosotros hacemos de cuenta que el local está cerrado y hacemos otras actividades: limpiamos, modificamos el depósito, los vestidores, tratamos de aprovechar el tiempo porque tampoco podemos tener a las vendedoras sentadas en el local mirándose, porque eso afecta a la parte psicológica y emocional también”.  Lo que espera, es que las medidas se flexibilicen “aunque sea como para dejar entrar a la gente” y señala que en un supermercado céntrico “el otro día había un montón de gente, más de 50 personas fácil, y a mí que tengo un negocio de 200 metros cuadrados no me permiten dejar entrar a una persona, es totalmente desigual”.