De Chacabuco a La Cuesta de Miranda

Migrar a La Rioja  |  22 de enero de 2020 (10:01 h.)

Josefina Poy y Simón Marsiletti hace tiempo que venían pensando en mudarse a algún lugar que tuviera un paisaje que les guste. Querían abrir la ventana y ver una montaña, muchas plantas, o un río, o el mar. Hace pocos meses viajaron de vacaciones a La Rioja, por recomendación de varios amigos y les encantó. Cerca de La Cuesta de Miranda vieron una casa con un cartel de venta. Llamaron, y luego de algunas idas y vueltas, decidieron poner un hostel, un parador y camping e instalarse a vivir -al menos por unos años- en el lugar. Desde hace algunos días ultiman los detalles para abrir las puertas de La Cuesta, desde donde nos cuentan su experiencia. 

“Vinimos en agosto, teníamos pensado realizar un recorrido, queríamos hacer Laguna brava que está ahí por Vinchina y también nos habían dicho La Cuesta de Miranda. Llegamos al Talampaya, y la verdad es que estaba muy cambiado, era muchísimo más caro y estaba concesionado por una empresa cordobesa, entonces no nos atrajo tanto, pero nos había recomendado un amigo que hiciéramos Cañón Arcoiris. La excursión la dio un profesor de historia, el lugar es realmente increíble y lo maneja una cooperativa. Fue muy lindo, realmente como salido de un cuento, parece que estás como en marte, son los paisajes que uno no sabe que están acá en La Rioja”, cuenta Josefina. 

Después de hacer La Cuesta de Miranda -que también los maravilló- bajando hacia Chilecito se encontraron con el lugar que se llama Miranda y les pareció único respecto a todo lo que venían viendo, un poco más árido, y de tierra colorada. Es un valle fértil entre dos cerros lleno de plantas. 

-Mirando el lugar y viendo toda la vegetación que había empezamos a averiguar de qué se trataba vivir acá. Frenamos en una casa que tenía un cartel de venta. Hablamos con nuestro -ahora- vecino y nos contó un poco del lugar. Llamamos al número del cartel, más que nada por curiosidad y charlando con el dueño acordamos alquilarlo y ver si podíamos montar un proyecto, nos gustaba mucho la casa, que es antigua, de adobe, con los paredones de piedra muy lindos, muy fresca y después conocimos el predio que nos terminó de enamorar. 

Es un predio de dos hectáreas de nogales, de parras, árboles de membrillo, damasco durazno, limones, y con vista a las sierras. 

“Así empezamos a pensar este proyecto, todo esto se fue gestando en Chacabuco, hasta que decidimos armar otro viaje para conocer bien la casa por dentro y ver de qué se trataba. Tiene tres habitaciones grandes, dos la vamos a destinar al hostel y una nuestra, una cocina muy linda que tiene dentro un hogar o para cocinar y también para calefaccionar y un living comedor grande, una galería muy linda”, dice Simón. 

Cuando cerraron el trato se fueron con un amigo y con Juanjo, el papá de Josefina, para empezar a reconstruir la casa antigua, pintarla, acomodar las puertas, ventanas. Pusieron muchas horas de trabajo, mucho amor y ya están ultimando detalles para abrir sus puertas. 

“Fue difícil obviamente, los dos tenemos tenemos familia en Chacabuco y nuestros amigos, pero también uno piensa en vivir un par de años en un lugar donde uno esté plenamente conforme con el entorno y también trabajar de algo que a uno le sea más satisfactorio, que es trabajar en la naturaleza y trabajar con gente nueva, conocer gente de otros lugares y también conocer un poco más la historia del lugar. Nos parece reimportante preservar este espacio que requiere mucho trabajo porque estaba descuidado y en eso estamos”, dicen. 

Confiesan, además, que una de las cosas que los convenció fue que “la gente es muy amable, son personas de mucho trabajo, cuidan mucho el lugar, les gusta el turismo, lo venden bien, es muy simpático y todo se da con mucha naturalidad, todos te ofrecen su ayuda, su servicio y lo que pueden hacer para darte una mano. Trabajan con recetas de generación en generación y todos tienen huerta. Nosotros por ahora tenemos unas cebollitas, unas calabazas”.

Con Simón se turnan pero hacen los dos todas las tareas del lugar. “Nos gusta acomodar el lugar, tender las camas, lavar la ropa, los platos, cocinar, estamos aprendiendo y enterandonos de recetas nuevas del lugar, conocemos bodegas y vemos cuáles son los vinos que creemos que pueden llegar a gustar. Obviamente todo cuesta mucho todo está hecho a pulmón, nos han ayudado muchísimo nuestros amigos y nuestra familia para poder construir esto, que es un espacio que queremos compartir”. 

 

Recomendaciones en la zona

-Particularmente Cañón Arcoiris, está en Parque Talampaya y todavía no está demasiado promocionado, por lo tanto se conserva mucho por la gente del lugar y no está tan explotado económicamente. 

-Laguna Brava. 

-La Cuesta de Miranda, donde está ubicado el Hostel. 

-Chilecito, un poco más turístico. 

-Aicuña. Se está volviendo cada día más popular. Tiene un circuito muy lindo de hacer, la gente del lugar es muy predispuesta a recibir visitas, todo el mundo cocina cosas deliciosas y hay lugares donde quedarse a dormir. 

-Los Colorados.

-“Son lugares fascinantes de conocer y muy distintos entre sí”, asegura Josefina. 

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