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  • sábado, 25 de septiembre de 2021

OPINIÓN

Una campaña entretenida

Por Gustavo Porfiri

 

En nuestras pampas, la campaña electoral rumbo a las PASO del próximo domingo vuela bajo, bajito. Los debates más importantes que amplifica el conglomerado de los grandes medios de desinformación, son en torno a la capacidad de garche de una fuerza política o si está mejor o peor fumar un porro en Palermo o en una villa. Así que mejor veamos qué pasa en el barrio con un proceso electoral que sí tiene alta carga política: el venezolano.

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Una campaña entretenida

En la República Bolivariana la gran noticia es que la oposición participará en las mega elecciones de noviembre próximo. Esto suena raro porque tenemos asumido como habitual que los opositores se enfrenten a los oficialistas en casi cualquier país del mundo. Sin embargo, que en la tierra de Bolívar los seguidores de Juan Guaidó se hayan puesto en campaña es un hecho que sacudió el tablero político sudamericano y sus réplicas llegan hasta la Casa Blanca.

En los comicios del 21 de noviembre se pondrán en juego 23 puestos de gobernadores, 335 de alcaldes y las bancas de los consejos estadales y municipales. En total se juegan 3.082 cargos. Los candidatos pertenecen al Gran Polo Patriótico Simón Bolívar, que es un conjunto de organizaciones que apoya a NIcolás Maduro; también está la Alternativa Popular Revolucionaria, formada por partidos chavistas pero críticos de la gestión actual; la opositora por derecha Alianza Democrática, que ya ha intervenido en los comicios legislativos del año pasado, y la frutilla del postre: la Plataforma Unitaria(o G4) un cuarteto de partidos tradicionales de la derecha más rancia referenciados en la figura de Juan Guaidó. Justo al cierre del plazo para inscribirse, el 31 de agosto pasado, estos partidos de la oposición más radicalizada de Venezuela anunciaron su participación en las elecciones de finales de noviembre, rompiendo años de boicot y llamados a la abstención por “falta de garantías”. Este sector opositor está integrado por facciones de los partidos Acción Democrática, Voluntad Popular, Primero Justicia y Copei. Desde hace algunos años se han negado totalmente a participar de cualquier proceso electoral que estuviera organizado por el gobierno que encabeza Nicolás Maduro. Para estos partidos, el Centro Nacional Electoral(CNE) es(era) un “organismo ilegítimo y fraudulento”. Un aparato más de la “dictadura chavista”. Se cansaron de gritar que hasta que no se acabara la “usurpación” de Nicolás Maduro, nunca habría elecciones libres. 

"No podemos seguir viviendo de fantasías"

Así lo anunció Henry Ramos Allup, uno de los voceros de esta estructura opositora y golpista. Ramos Allup representó históricamente el ala extremista encabezada por Guaidó y llamó siempre a la abstención en las elecciones. Ahora, para explicar el cambio de postura de ciento ochenta grados, dice que en la política "no hay dogmas", que los procesos "no son lineales" y que las posiciones deben adaptarse a la "conveniencia" de las situaciones que se presenten. Claro que -luego de varios años de machacar la cabeza y la conciencia de sus seguidores con el argumento de que en Venezuela no había democracia y que no había que participar en ninguna elección- salir a justificar que ahora sí, con Maduro y todo es conveniente sufragar, no es tarea fácil. Sobre todo, teniendo en cuenta que tienen dos meses para revertir la situación.

Para entender mejor, hay que recordar que cuando en 2020 se celebraron las legislativas en Venezuela, algunos dirigentes opositores decidieron participar. Esto provocó una grieta profunda en la derecha venezolana. De ahí que, de Primero Justicia se produjo un desprendimiento llamado Primero Venezuela que sí fue a las urnas. Lo propio sucedió con el tradicional Copei, que se dividió en dos sectores: uno “acuerdista” que participó de las elecciones y otro “confrontador” que siguió negando cualquier acercamiento al mecanismo democrático.

El experimento fallido

En enero de 2019, el entonces jefe de la Asamblea Nacional de Venezuela, Juan Guaidó, se autoproclamó como presidente interino del país, en el marco de las manifestaciones opositoras que se celebraban en Caracas y otras ciudades contra el Gobierno de Nicolás Maduro. “Hoy 23 de Enero juro asumir formalmente las competencias del Ejecutivo Nacional como el Presidente encargado de Venezuela para lograr el cese de usurpación”, vociferaba este representante de la derecha subido a una tarima, empezando a desarrollar uno de los papelones políticos más importantes de la historia sudamericana.

El cese de la “usurpación”, formar un gobierno de transición hacia la “democracia”, y celebrar elecciones “libres” fueron los ejes de la agenda del presidente autoproclamado. Al cabo de treinta y dos meses, ninguno de esos objetivos se cumplió. Por el contrario, el gobierno de Maduro pudo capear el temporal y puso en caja a toda la oposición logrando sentar a sus jerarcas en una mesa de diálogo que tiene lugar ahora mismo en México, con el auspicio del gobierno de Andrés Manuel López Obrador y del Reino de Noruega. Con todo esto, la figura artificial de Guaidó se terminó de deshilachar.

Claro que algunas concesiones ha logrado el G4: la renovación del CNE, la liberación de algunos activistas opositores presos, o el reconocimiento y puesta en manos de la Justicia de casos de violencia policial o militar. Pero todo esto ha sido parte de un devenir político que pone ahora a Venezuela en un mar mucho más calmo que hace un par de años.

En fin, que por aquellos pagos sí que está entretenida la campaña.