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  • viernes, 03 de diciembre de 2021

Anteojos inteligentes: acceso a la lectura y movilidad segura

Por Martina Dentella 

 

Anteojos inteligentes: acceso a la lectura y movilidad segura

Hace pocos meses, Inés Caballini comentó en su columna de radio (FM Ultra 98.9) la existencia de Anny: lentes inteligentes para personas ciegas o con baja visión, conectados a una aplicación. Al poco tiempo, se comunicó con los emprendedores cordobeses que crearon el primer dispositivo en el país, y encargó el suyo. 

Pasaron algunas semanas y empezaron los mensajes:

-¿Ine ya los recibiste?

-Todavía no. 

Tenía más ansiedad que ella por conocer cómo funcionaban. 

Y llegó el día. Inés, que es Profesora de Educación Especial, y especialista en Nivel Superior y Nuevas Tecnologías, se acercó a la radio con una caja, sacó los anteojos y me los prestó. En la patilla derecha tiene una cámara, y en la izquierda un micrófono y unos botoncitos de costado que -al presionarlos- alertan cuando hay un objeto contundente delante, por sobre la cabeza. Se conectan por bluetooth al celular y leen las notificaciones, además escanea textos escritos o impresos en papel. 

Sirven, según Inés, para ganar autonomía en la calle, pero además aporta seguridad. Si la persona que los usa está en peligro, se activa un llamado al contacto de confianza previamente indicado, y esa persona puede ver el entorno a través de la cámara. También, orienta y localiza al usuario en el orden y sentido de las calles, e indica cómo llegar a destino. La batería tiene una duración de siete u ocho horas y se carga con usb convencional. 

Después hablamos con el Ingeniero Lúcas Sala, su creador, que los pensó en función de simplificarle la vida a su primo, que tiene discapacidad visual y se mudaba a una ciudad nueva. Lúcas estaba atravesando el proceso de pensar en su tesis, hizo una propuesta a la cátedra de crear los anteojos inteligentes que evitaran ciertos golpes cuando saliera a la calle, y tuviese una herramienta de ayuda remota, y la posibilidad “de ser sus ojos en algún momento y sacarlo de alguna situación de estrés”. Conocieron la problemática y la comunidad. Siguieron adelante y formaron una empresa: Caecuslab Tecnología Inclusiva. A través de la experiencia de los usuarios, realizan las actualizaciones del sistema operativo y del anteojo. 

Los anteojos también aportan la descripción de entorno, donde la persona ciega pueda sacar una foto y “le describimos los objetos que están dentro de esa imagen, por ejemplo ‘ventilador, sillón, mesa, escritorio, plantas, humanos’, y ese tipo de cosas que le dan una idea de contexto por donde se va a mover”, agrega Sala. 

“Nuestro propósito se crea al descubrir que como sociedad no estamos preparados para ser inclusivos, arquitectónicamente tampoco somos accesibles, y surgen ayudas técnicas para poder ir supliendo todas las falencias de la accesibilidad universal”, explica. En ese recorrido fueron aprendiendo, ganaron un congreso en México, aprendieron cómo otros países trabajan en accesibilidad en los espacios públicos y urbanos. 

Pero Anny se crea con un equipo interdisciplinario de psicólogos, docentes, ingenieros en sistemas y electrónicos. “Y suma más autonomía a quienes ya la tenemos, pero necesitamos de ojos, por ejemplo para leer algún texto, en ese sentido nos da un aporte fundamental, para no necesitar de un otro, que a veces no está”, dice Inés. 

También, viene a poner coto en la necesidad de confiar en las respuestas ajenas en la vida cotidiana, desde la devolución del dinero en un mercado, un texto importante, una firma, o el acto cívico preferencial: ir a votar. 

Pero sobre todo, llega como un modo de esperanza para las personas que nacieron o se quedaron ciegas. Para que recuperen la confianza de que pueden seguir haciendo sus cosas, que no se terminó todo, que puede buscarse una vuelta.