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  • sábado, 27 de noviembre de 2021

“La agroecología es mucho más que producir sin químicos”

La soberanía nacional y la alimentaria, ¿se relacionan? Las organizaciones ambientalistas creen que sí. La agroecología, la agricultura familiar, o la compra directa a productores de alimentos, sin intermediarios, es una forma de autodefensa del pueblo frente al avance de las multinacionales. Marcela Calderón es una productora de la localidad de Baigorrita, un pueblo ubicado en General Viamonte. Desde hace diez años comenzó la reconversión de setenta hectáreas y asegura “la agroecología permite que los productos sean frescos, con mejor precio, con menos impacto ambiental, que se potencie el mercado local, es mucho más que producir sin químicos”.

Por Martina Dentella 

 

“La agroecología es mucho más que producir sin químicos”

Se celebró el Día de la Soberanía Nacional, y las organizaciones ambientalistas aprovecharon la fecha para poner en la agenda el concepto de soberanía alimentaria y decir que sin ella no hay autodeterminación de los pueblos, ni soberanía política. 

El alimento es salud, bienestar, prosperidad, es condición necesaria para la vida. La relación entre salud y alimentación es directa, pero en algún momento se desdibujó. 

El concepto de Soberanía Alimentaria, surge de la Vía Campesina y tiene que ver con el derecho de los pueblos a definir libremente sus políticas y sus prácticas de producción, acceso y consumo de alimentos. 

Es además, es una acción política, de ir contra modelos de producción que atentan contra el ambiente, y decidir qué llevar a la mesa. 

La agroecología, la agricultura familiar, o la compra directa a productores de alimentos, sin intermediarios, es una forma de autodefensa que tenemos como pueblo. Y estas vías lo que permiten es garantizar un precio justo, mejorar las condiciones de vida de esos productores, hacer más fuertes a las economías populares, a las cooperativas, y promover el abastecimiento local. 

 Marcela Calderón es productora de la localidad de Baigorrita, un pueblo ubicado en General Viamonte. Es autodidacta, hace diez años comenzó con una pequeña huerta y hoy cultiva su trigo de forma artesanal, molido a piedra. Su emprendimiento, llamado El Huerto Interior, tiene que ver con la agricultura regenerativa, porque su reconversión comenzó, a priori, para devolverle la vida al suelo. 

Con su familia se dieron cuenta que el modelo no iba más, que es un modelo que endeuda a los productores, y que “después de casi treinta años de siembra directa, el suelo no tenía estructura, no tenía vida y había que hacer algo con eso”. Así es como se bajaron del modelo industrial y empezaron a investigar, “en pos del buen vivir y de la calidad de vida”. 

Marcela es una de las productoras que ilustra el concepto tan potente de la soberanía alimentaria y comercializa los productos en ferias, mercados y a través de las redes. 

Hoy por hoy, a la hora de cultivar, todos los elementos son importantes en su campo: el suelo, las plantas, los animales, el sol, la luna, el cosmos, y por supuesto el hombre como intercesor de este espacio. “Buscamos rescatar todos los saberes de nuestros antepasados, que sembraban en determinado día, o se capaba con determinada luna”, dice.  

La calidad de vida fue el puntapié clave para repensar el modelo de producción. “Nos toca un pedacito de tierra, y nos pusimos a pensar para qué, y cuál es la huella de valor que nosotros íbamos a dejar en el espacio que está y en la vida que transitamos”, esa fue la toma de conciencia.

En estos diez años, vienen trabajando en setenta hectáreas sin ningún tipo de químicos, ni herbicidas ni insecticidas ni fertilizantes. “Estás a favor de la vida o a favor de la muerte, y también porque pensamos en qué sistema queremos impulsar, hoy somos generadores de alimentos saludables”. “Si tengo un sueño sano, equilibrado, íntegro, y con un sistema inmunológico sano, no hay lugar para la enfermedad; con las personas, los animales, las plantas, pasa lo mismo, por eso decimos que estamos en un modelo saludable”.

Para Marcela, la agroecología es un modelo de proceso, y por lo tanto no es inmediato, “en el modelo agroindustrial necesitás un insumo solo, que es el dinero mediante el cual accedés al resto de la cadena; en la agroecología son muchos los insumos y los procesos de regeneración del suelo, y es viable: en calidad de vida”. En ese sentido, asegura que “cambiar no es fácil, y salir de la zona de confort tampoco, nunca lo fue, uno tiene algunos miedos que lo paralizan para enfrentar lo desconocido, es un desafío, pero la vida misma es un desafío”. 

Para Marcela, el impulso de los Estados es clave, en tanto “qué mensaje da en calidad de alimentación, que es en definitiva la salud, es medicina preventiva”. “Los agricultores somos los que movemos el primer engranaje, deberíamos estar valorizados, empoderados, dignificados, movemos el proceso de alimentación para los consumidores”, dice y cierra, “la agroecología además permite que los productos sean frescos, con mejor precio, con menos impacto ambiental, que se potencie el mercado local, es mucho más que producir sin químicos”.