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  • sábado, 28 de mayo de 2022

Pedimos paciencia, empatía, corazón

(*)Adalberto Rubén Zanardi 

 

Pedimos paciencia, empatía, corazón

Los vecinos del Parque Industrial se sienten molestos e incómodos porque un grupo de camiones argentinos y uruguayos llegan a cargar en ese lugar y las empresas que les dan las cargas no tienen playa privada para ubicar los equipos de gran tamaño.

Los camiones son conducidos por seres humanos con las mismas necesidades que cualquiera.

Protestan, porque hacen ruidos, dejan residuos y varias quejas más, culpan a los trabajadores intentando que la policía municipal los eche de la zona, son los camioneros el fusible de la problemática, lo más débil diría. 

Existen argentinos que tienen tendencia de hacer leña de los árboles caídos, herir como mejor saben a los trabajadores y: “morder la mano de quien le da de comer”, y aunque se critique esa frase, si la analizamos o profundizamos es tal cual.

Los camiones son los que en medio de la pandemia no pararon para abastecer el país con todos los menesteres que ese vecino necesita para subsistir en su vida diaria, el transporte terrestre mueva absolutamente todo  lo que se consume,  la carne, verduras, lácteos, medicamentos, combustibles, oxigeno para los hospitales, podríamos seguir enumerando uno a uno lo que los camiones mueven y como dije al principio están conducidos por seres humanos, que comen, duermen, se bañan y necesitan usar baños, como todos nosotros, pero sucede que al estar a la espera de su carga o descarga en la mayoría de los casos están en la vía pública, donde algunas de estas cosas no las tienen a su alcance y me permito hablar del asunto ya que lo he vivido cuarenta años de mi vida, en eso de carretear en la vía pública soy veterano.

¡Imagínense estar sin un baño cercano!

El cuerpo pide y hay que darle lo que no se puede contener, y no es que sea abusivo con las explicaciones, pero creo que hay personas que aunque viven en una zona industrial donde es muy factible no haya silencios y aires puros y lo saben muy bien, les cae mal ver a un tipo comiendo en un guardabarros de un camión o en una mesita petisa sentados en una reposera, en ojotas y sin bañarse varios días y oyendo un poco de música como para relajar el nerviosismo de estar a deriva lejos del hogar, de sus hijos y afectos más queridos porque eligió ese oficio tan noble de ser camionero.

En mi vida laboral viví tantísimas historias buenas y malas, pero siempre rescato las primeras porque son las que valen la pena, gente de los caminos que me abrió la puerta de su hogar al verme anclado varios días en un mismo lugar esperando una carga o descarga,

“Gente tan necesaria” como diría Hamlet Lima Quintana, nuestro poeta latinoamericano.

Solo se pide paciencia, empatía, corazón y aunque sea ponerse en la piel del otro unos instantes, ir a la raíz del problema que sería en este caso la empresa que contrata esos camiones para que los ubique en un lugar donde los trabajadores estén un poco más cómodos y no joroben a nadie. 

 

(*)Camionero Jubilado -  Enero de 2022