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  • sábado, 19 de septiembre de 2020

A LA CONDUCCIÓN DE LA U.C.R.

A LA CONDUCCIÓN DE LA U.C.R.

   El proceso electoral de 1983 planteó con absoluta claridad a la sociedad argentina dos opciones: consagrar la impunidad del terrorismo de estado o afirmar para siempre el compromiso con la vida. 

     En esa instancia, los argentinos mayoritariamente optamos por la vida. El juzgamiento y condena a los responsables del terrorismo de estado nos encolumnó a casi todos en pos de dar una vuelta de página a nuestra historia: las irrupciones de facto fueron desterradas definitivamente de la vida institucional de nuestro país.

     Lamentablemente, en un contexto de condiciones económicas internacionales muy desfavorables para nuestro país, los intereses económicos y corporativos locales lograron hacer fracasar a aquel gobierno en otro de sus objetivos centrales: consolidar un proyecto democrático y lograr un funcionamiento del Estado capaz de brindar alimentación, salud y educación para todos.

     Desde aquel entonces, el Radicalismo muchas veces renunció a los nobles postulados que lo llevaron a representar a la mayoría de los argentinos. Lo demuestran las conductas de muchos de sus dirigentes que, sucesivamente, se sumaron a la estrategia de quienes utilizan el poder político como instrumento para su enriquecimiento personal.

      El actual es un contexto sustancialmente distinto al de 1983, pero a mi juicio válidamente comparable respecto a la reacción de la sociedad: como entonces, la inmensa mayoría de los argentinos apostó nuevamente por la vida. El mejoramiento del sistema de salud como prioridad y el cuidado colectivo y solidario, nos encolumnó a casi todos.

     Lamentablemente, también como en aquel entonces, intereses de poderosos grupos económicos y corporativos, unidos a los de quienes solo persiguen resguardo judicial y/o sobrevivencia política, motorizan la división y el antagonismo en la sociedad y amenazan con truncar el deseo de la gran mayoría de los argentinos: desarrollarnos solidariamente en un marco de convivencia democrática.  

     La pandemia, que aqueja al mundo todo, en nuestro país desnudó como nunca antes la grave situación socioeconómica que sufrimos. Superarla no será tarea sencilla, ni posible para un solo gobierno. Requiere de un amplio acuerdo social y programático, de mediano y largo plazo, que permita cambiar las prioridades en el manejo y uso de los fondos públicos y establecer políticas de estado, única forma para lograr las profundas modificaciones en el campo económico y social que se requieren, para beneficiar a la sociedad en su conjunto. 

     Es en este contexto que considero inadmisible la decisión del Comité Provincial de nuestro Partido, encabezado por el exvicegobernador Salvador, de fijar como fecha de elecciones internas partidarias el próximo 11 de octubre. Dicha decisión expone a nuestro Partido al desprestigio social, por su desconección con la realidad. Desnuda además la mezquindad de su conducción, que pretende lograr la continuidad en sus cargos aprovechando la extrema limitación de los afiliados para su participación en la elección. Y fundamentalmente y sobre todas las cosas, contradice la esencia de nuestras elecciones internas: debatir ampliamente para definir y legitimar, a través del voto, el rumbo y proyecto partidarios.

     Me resultaría al menos llamativo, que el Comité local acompañe esta decisión del Comité Provincial, por cuanto el hecho que el Partido que llevó al poder municipal a Víctor Aiola lleve adelante, en este contexto, una elección de autoridades, con el desplazamiento y la movilización de vecinos afiliados que genera, lo colocaría en franca contradicción con su sincera adhesión a las restricciones  de circulación y reuniones vigentes.

     Esa misma contradicción que, por supuesto, sentiré personalmente si la elección no se posterga y se lleva a cabo el día fijado. Porque sé, como afiliado comprometido, que no dudaré en participar (asumiendo los cuidados que la situación impone) para dar testimonio de mi rechazo a quienes, en pos de beneficios personales, asumen para el Partido el simple rol de esqueleto de una coalición electoral. También, y fundamentalmente, porque no dudaré en participar para apoyar con mi voto a quienes abrazan el noble espíritu que supieron tener los grandes hombres de la Unión Cívica Radical, que hoy muy bien define el Senador Martín Lousteau: el Radicalismo debe ser el corazón y la cabeza de un proyecto político que exprese el interés de las mayorías.

   Jorge Aldo Pérez

   ex Concejal U.C.R