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  • jueves, 04 de junio de 2020

Zapatero a tus zapatos 

A los ocho años, Antonio Mendoza iba al centro a comprar tinta para lustrar zapatos. Trabajó en distintos talleres, hasta que se casó y tuvo sus primeros hijos, mellizos (luego tendría ocho más) y buscó un local para poner su propio negocio. A los 68 años continúa al frente de su taller, con una cartera de clientes histórica. 

Zapatero a tus zapatos 

Empezó a trabajar en el rubro cuando de niño, lustraba zapatos. Se acercaba a la Avenida Alsina a comprar un poco de tinta con cera a un taller de calzado que se llamaba El Rapio. Era de Raúl Monzo. Él estaba con Pilo Fernández en el banco del Verdadero Huracán. 

Monzo, que lo veía seguido lo invitó a trabajar con él, y Antonio le respondió “le tengo que preguntar a mi papá”. 

Desde ahí, nunca dejó de trabajar hasta volverse un profesional. Se construyó él mismo su primer cajón para trabajar, “éramos un montón, me acuerdo del Gordo Risso, de Huberto Ramírez, de Luis y José Ramírez, Pocho Laureiro”. 

Después trabajó con Caprano, en la calle Avellaneda, hasta que se casó, tuvo sus primeros hijos, mellizos, “y Capraro no me podía tener más porque era más pesada la carga, por eso me inicié solo, primero hacía laburitos en mi casa, y después busqué un localcito”. 

Alquiló un local en Primera Junta 58. Era el famoso zapatero remendón. 

Cree que el trabajo cambió mucho en los últimos años, “antes la suela venía cortada, venían los groupones, y trabajabamos mucho en la media suela y taco en cuero, se trabajaba mucho en cuero. El sistema cambió todo, los zapatos son distintos, nosotros acostumbrabamos a forrar zapatos de fiesta, colocábamos taquitos de madera, la gente tenía zapatos que duraban toda la vida, y el zapato era argentino, era flexible, era una cosa hermosa, le podías dar tinta, era otro arte, usábamos pomadas Washington”. 

El oficio fue en declive y tiene pocos aprendices. Ya no se trabaja con los mismos materiales de esa época, en la que los zapatos duraban más de quince años, las personas decidían arreglarlos y continuar usándolos, motivo de honra “había créditos para comprarlos, en varias cuotas”. El calzado de ahora es “de acrílico, de plástico, cartón prensado”. 

Antonio Mendoza sostuvo una numerosa familia. Tuvo diez hijos con su mujer, cuatro mujeres y seis varones. 

En una de las paredes de su local tiene una foto de ella. Falleció hace algunos años. Estuvieron juntos cincuentas años, “el amor de mi vida”, dice. Muestra sus herramientas de trabajo, entre ellas, tiene fotos de su familia, de sus hijos, almanaques, historia viva.