13:22 h. Viernes, 22 de Marzo de 2019

Cuatro Palabras

Yo te creo hermana 

ENTEVISTA A MARIANA CARBAJAL  Por Martina Dentella  |  13 de Marzo de 2019 (10:02 h.)
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“A mí me parece que desde el enojo no te escuchan, a veces es difícil porque son años de bronca, pero en los medios de comunicación tenemos que tener empatía con la audiencia, con señoras que nunca se plantearon de salir de ese lugar de amas de casa, de servicio a su marido, por eso hay que empujar los marcos más despacio, mostrar a la audiencia que estos temas son importantes y tienen que estar en la agenda prioritaria de la política” asegura Mariana Carbajal en esta entrevista con Suplemento F, que tuvo lugar en un café de Florida. 

Sus colegas le reconocen haber abierto camino. Es pionera en periodismo de género y una de las voces más influyentes en el país y latinoamérica respecto a esta temática. 

Carbajal nació y se crió en Temperley, provincia de Buenos Aires y estudió periodismo en la Universidad de Lomas de Zamora, desde allí la convocaron por una pasantía en el diario Página/12, donde continúa trabajando y militando por los derechos de las mujeres, lesbianas, travestis y trans. Además trabajó durante varios años en la televisión pública y en algunos programas de radio de las emisoras de mayor audiencia. 

La editorial Aguilar acaba de publicar su cuarto libro “Yo te creo Hermana”, en el que pone voz a las cientos de mujeres que entrevistó durante el último tiempo. Son historias de discriminación, maltrato, acoso o abuso que aborda con una mirada federal, “De alguna forma el libro busca reconstruir esa cartografía del machismo, pienso que mi rol es amplificar esas voces, y eso me alivia el dolor que me produce la escucha”, asegura. 

-Hay una mirada federal y latinoamericana en tu libro que tiene una relación estrecha con tu trabajo de periodista, que ha traspasado siempre las barreras de la Capital Federal como único territorio de cobertura 

-Fue una búsqueda, una decisión desde cuando resolví hacer este libro. Hace dos años que estaba tratando de encontrar un tema para escribir. Yo le tengo mucho respeto a lo que es la escritura de un libro. Cuando uno hace un montón de otras actividades como hacemos las periodistas y los periodistas que estamos diversificados por la precarización propia de nuestro laburo en la actualidad, sabes que le tenés que invertir mucho tiempo, entonces tiene que ser algo que me motive. En mi caso no fue “tengo que sacar un libro”, sino la búsqueda de un tema que me conmoviera.

Yo tenía otra editora con la cual no encontrábamos un punto de conexión y los temas que yo le planteaba me los bochaba y hoy son los temas que están en agenda. Sobre el abuso sexual infantil me decía “nadie quiere leer eso”, hace dos o tres años. Mi libró “Maltratadas” lo publiqué en 2014 antes de Ni Una Menos, el del aborto lo escribí en 2009, casi diez años antes del debate en el Congreso, digo esto porque muchas veces una tiene una sensación de escribir en un tiempo en que no hay una audiencia que te escuche. 

-Pero tu vida periodística está atravesada por eso, siempre has estado en la vanguardia y marcando camino respecto al periodismo de género. 

Con respecto a este nuevo libro, cuando la editora Ana Laura Pérez me hace la propuesta, yo entendí y sentí, que era el libro que quería escribir. Tenía que ver con sacar mi voz, que no aparece más que en la introducción, y poner la voz en mujeres, lesbianas, trans, travestis, que fueron silenciadas, calladas, que hablaron pero no fueron escuchadas. Y busqué esta cuestión federal, dentro de las limitaciones propias de hacer un libro en poco tiempo. Cada vez que me llamaban a dar una charla o taller, en distintos puntos del país hacía una pre-producción, me contactaba con organizaciones de mujeres, o militantes o periodistas y les explicaba qué tipos de testimonios de lo que nos ha pasado históricamente por ser mujeres necesitaba. De alguna forma el libro busca reconstruir esa cartografía del machismo, y además, de la diversidad de geografías, o ámbitos, creo que lo que puedo destacar como riqueza es que hay relatos de distintas edades, con lo cual el libro da cuenta de cosas que pasaban hace casi cien años en Argentina en la educación, en el trabajo, en las casas; y los relatos más actuales, de situaciones que fueron denunciadas y no fueron escuchadas en las propias familias o en la justicia, o que si tuvieron respuestas, fueron misóginas y machistas. 

También tiene que ver con el hecho de tener un entramado de fuentes federal, busco en la agenda y las encuentro o ellas saben que pueden mandarme información. Por supuesto que muchos temas quedan afuera, y eso siempre lo lamento y trato de explicar que no es mala voluntad sino que es imposible dar respuesta a toda la demanda de testimonios que no encuentran respuesta en la justicia y buscan en el periodismo un canal para visibilizar la dramática situación que están atravesando. Una se siente en deuda, porque es imposible. Yo me digo a mí misma, “soy periodista”, no puedo resolver los casos que la justicia no resuelve. En todo caso, en la medida de mis posibilidades, puedo visibilizar esas cuestiones de vulneración de derechos. Creo que el libro apunta a mostrar ese entramado, y que ponerlo en esa vidriera va a ayudar, me encantaría que el libro lo leyeran varones. 

Mi gran sueño es recorrer latinoamérica en una camioneta dando charlas y levantando testimonios, conversando con las mujeres para ampliar esta cartografía, hacerla más regional todavía. 

¿Qué sentís -después de tantos años de lucha en tu práctica periodística- al ver las vidrieras de las librerías cargadas de libros feministas?

Este último año fue increíble la visibilización de las luchas feministas, han llegado a la tapa de los diarios, a las vidrieras de las librerías. A fines de 2017 me llamaron de la editorial, para decirme que tenían unos 600 ejemplares de Maltratadas que iban a destruir porque estaban en depósito, que si los quería que los fuera a buscar. Fue mi papá a buscarlos. A una le duele un poco, es una imagen muy fuerte pensar en sus libros en la quema. La paradoja fue que en diciembre ese libro fue reeditado. Yo me sorprendí porque lo vi en las vidrieras sin saberlo. Claro, el momento hizo que la editorial creyera que era un libro de 2014 que se puede volver a vender. Hoy ves que las librerías le dan un espacio enorme a la temática feminista o de mujeres y me parece fantástico, habla de un público joven -aún en esta crisis económica feroz que estamos viviendo y que ha impactado en la posibilidad de consumir cultura- que tal vez no está tan empapado en la temática y que quiere saber. Anda muy bien el libro de Luciana Peker Putita golosa, y me encanta porque ves a las chicas que se lo pasan, que lo tienen como una biblia. El valor de Putita golosa es eso, un público ávido por saber qué le pasa y por qué le pasa. 

¿Cómo hacés para despegarte de cada historia, para poder seguir con tu vida cuando volvés a tu casa después de escuchar testimonios tan desgarradores? 

Pienso que mi rol es amplificar esas voces, y eso me alivia el dolor que me produce la escucha. Y después tengo un mecanismo como de archivo, no me olvido de los casos, sino que pienso hasta dónde puedo llegar. Me involucro todo lo que puedo, acompaño si es necesario, pero tengo que poner límites para darme cuenta hasta dónde llega mi función. 

Cuando llego a mi casa no lo dejo afuera, lo comparto con mi pareja o mis hijos, pero una vez que se publican las historias siento una especie de alivio. Hay como un autocuidado fundamental para la militancia feminista, donde nos encontramos frente a situaciones muy dramáticas donde el Estado está ausente y es muy desesperante. 

¿Cuál creés que tiene que ser el posicionamiento del gran movimiento feminista en este año electoral?

Dentro del movimiento hay puntos de encuentro que se escucharon el 8 de marzo, pero al interior tiene su diversidad. Es un año electoral, el movimiento feminista está en contra del ajuste, en contra de este gobierno macrista por el impacto que tiene en la vida de las mujeres, lesbianas, travestis y trans, de lo que ha sido el recorte de presupuesto en áreas claves, en la persecución a la militancia social, la represión en las marchas. La educación sexual integral es una enorme herramienta federal que podría llegar a todas las aulas y este gobierno en sus tres primeros años la ha debilitada, recortando las grandes capacitaciones masivas, achicando el presupuesto y dejando de imprimir materiales. El reclamo por el aborto legal, seguro y gratuito debe continuar este año. En los años electorales estos temas generan más incomodidad a algunas candidatas o candidatos de los más diversos sectores y procedencias políticas, pero las banderas del movimiento son las mismas. 

El movimiento feminista ha instalado término sororidad y lo ha puesto en práctica en muchos casos, ¿Creés que nos resulta más sencillo ser empáticas con las víctimas de violencia que con las mujeres que reconocemos como más poderosas?

La sororidad es un concepto en el que hallamos los puntos de encuentros desde una mirada política. Así como decimos que muchas mujeres son machistas y son voceras del patriarcado y hay hombres que empiezan a tener otra mirada y deconstruirse y entender cuando decimos que hemos sido históricamente discriminadas, me parece que no necesariamente por ser mujer una va a encontrar empatía o sororidad con las otras. Margaret Tatcher ha encarado un gobierno de mano durísima con recortes sociales, aumento de desempleo y aumento de la pobreza en Inglaterra, entonces yo no puedo tener empatía con esas mujeres y sí con hombres más sensibilizados y comprometidos con el reclamo. No creo que por el hecho de ser mujeres una hace alianzas. 

Lo de la competencia entre mujeres creo que ha sido una creencia instalada justamente para promover la rivalidad. Yo trabajo con mujeres, tengo amigas mujeres, puedo tener proyectos con otras mujeres y con varones, pero siempre depende con quién. Con algunas personas no podría construir nada, independientemente de su género. 

¿Cuál es la reflexión que se deben las nuevas masculinidades?

El lugar de privilegio que han tenido históricamente. A las mujeres nos costó todo. Era parte de la naturaleza de los varones acceder a todo, al voto, a la educación, a la salud, al deporte. Nosotras hace setenta años que podemos votar en la Argentina. Los hombres tienen que tomar conciencia que la humanidad los ha visto ocupando ese lugar de privilegio. Cuando nosotras vamos por la paridad en la política o en el deporte algunos piensan que les vamos a robar esos lugares, y en verdad son los lugares en los que siempre tuvimos que estar. Creen que ceden, “vienen las mujeres y nos quitan el trabajo, las bancas”. Yo trato de poner eso en perspectiva, sobre todo cuando hablo con jóvenes. Quizás una no toma noción de que hace setenta años no se pudiera votar, y fue necesario que las sufragistas a principio de siglo tiraran piedras, prendieran fuego, hicieran huelgas y fueran encarceladas. Y si no hacemos eso, no nos ven, no toman conciencia del lugar en el que nos han colocado históricamente. En el libro está el relato de Cami, que es mi hija, y cuenta que hace dos años consiguió -a fuerza de insistir- poder jugar al fútbol en el recreo del colegio, porque no las dejaban, porque la cancha era el lugar privilegiado de los varones. Mira qué importante es todo este movimiento y debate que se está dando en todos lados, para que una nena de once años pueda pensar, “¿por qué ellos pueden y nosotras no?”. 

-¿Cómo creés que debe trabajar cada una con su propio potencial?

Hay una frase que me gusta mucho y es “Nos mueve el deseo”, y creo que ahí está la cuestión. A pesar del contexto económico y de estar viviendo un momento muy duro, la falta de trabajo, los sueldos que no alcanzan, los tarifazos, cada vez más personas pobres, todo eso a veces conspira contra la posibilidad de seguir nuestro deseo. 

Rita Segato, hace tres años atrás cuando recién había asumido Mauricio Macri y estábamos un poco bajoneadas por lo que se iba a venir me dijo “que no nos quiten la alegría”, y para mi fue una frase clave y muchas veces me la repito. Que no nos quiten la alegría.