07:42 h. Viernes, 06 de diciembre de 2019

Volver a los 17

(*) Por Roberto Villarruel

cuatropalabras.com.ar  |  13 de noviembre de 2019 (14:53 h.)
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En estos días, muchos de nosotros volvimos a usar el teléfono. Entiéndase bien, no me refiero al whatsapp o mensajes de texto si no a hablar por teléfono. Hablar, oir la voz del otro, escucharnos en la angustia, el dolor y el asombro por Chile. 

A lo largo de los días irrumpieron en nuestra vida cientos de imágenes, circulando sin filtro por las venas abiertas de las redes sociales. No fueron las muchedumbres en las calles, paisaje habitual de nuestras existencias, las que despertaron el asombro o la preocupación si no volver a verlos a ellos con toda su furia criminal desatada: los verdes, el ejército, los milicos.

De repente, el teléfono comenzó a sonar entre amigos, entre pares, para descargar todo lo que estallaba en nuestra mente y en nuestras entrañas. 

“¿Viste lo de Chile? ¿Estás viendo? ¿Viste los operativos? ¡Están chupando gente! ¡Lo del flaco que tiraron del camión fue un simulacro de fuga!” 

No faltaron los toques de humor negro:

“¿Guardaste los discos de Quilapayún? ¡El domingo 27 llega el charter y los rajamos a todos!"

Un dolor, un horror, una memoria generacional despertó de los rincones en los que anidaban, desperezándose al igual que esa Bestia que volvíamos a ver, pavoneándose por las calles de Santiago ensangrentada. 

De repente, nos encontramos preguntándonos qué hacíamos o dónde estábamos aquel septiembre del 73. Las marchas, las proclamas, la música, la poesía, los amores, los odios las lecturas… y la represión llevándonos en viaje directo al 76 grabado a fuego en nuestro organismo.

Hubo necesidad de hablarnos, de oirnos. De intercambiar llanto, dolores de panza, bronca irrefrenable, preguntas sin respuesta, elucubraciones efímeras, promesas recuperadas, saberes precisos y recuerdos frescos. Como aquellos novios o amigos de la antigüedad moderna que fuimos, quemando horas con el tubo en la mano, parejas de amigos hablándonos de cama a cama con el altavoz encendido mirando los mismos programas de tv, debatiendo, analizando y compartiendo angustias a los gritos.

Ese pequeño aumento del boleto chileno y sus consecuencias nos hicieron comprobar hasta qué punto y de qué manera el Terrorismo de Estado y sus crímenes aberrantes viven en cada parte de nosotros. Es memoria, es cuerpo, es piel, es ADN, es alerta. 

De eso se trata la experiencia histórica. De ella está hecha la lucha por la vida y la felicidad.

Ella es la que hizo despertar la resistencia valiente del pueblo chileno, la que hizo sonar nuestros teléfonos, la que en las próximas horas nos devolverá la posibilidad de soñar con un torbellino de pureza original que detenga a los peregrinos, que libere a los prisioneros y que al malo lo vuelvan puro y sincero. 

(*)Director del Centro Universitario de Idiomas, amigo de Cuatro Palabras.