14:47 h. Jueves, 05 de diciembre de 2019

“Volvemos con promesas cumplidas”

Al igual que en la campaña electoral de 2015, Cuatro Palabras acompañó durante toda la semana a los distintos candidatos locales en sus recorridos o actos, donde jugaron las últimas fichas buscando conseguir el apoyo de los vecinos y vecinas. A partir de las 08:00 comienza la veda electoral y todo deberá ser más disimulado. Cuatro años después, Víctor Aiola se hace un lugar en su apretada agenda y elige caminar en el mismo barrio que lo conoció pediatra y lo abrazó como político. Sin el equipo de prensa que siempre sigue sus pasos y acompañado por el concejal Loli Serritella y las candidatas Laura Marchesse, Patricia Colacilli y Mónica Wilken, el Intendente visitó a tres familias del barrio Alcira de la Peña. El plan de accesibilidad, los desagües pluviales y las cloacas son algunas de las promesas cumplidas con las que orgullosamente Aiola vuelve a ese lugar. 

AIOLA EN EL BARRIO  |  09 de agosto de 2019 (06:56 h.)
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“...Más lejos, otras vecinas le gritan entre risas desde atrás de la chapa que cubre su casa “quiero saber si después de ganar las elecciones vas a seguir caminando por acá con esta lluvia”. Víctor es pillo, “Me van a seguir viendo acá aunque no sea Intendente”...” Así finalizaba la crónica que Cuatro Palabras realizó en 2015 con Víctor Aiola, cuando el pediatra decidió caminar el barrio Alcira de la Peña. 

Por Martina Dentella

Cuatro años después elige el mismo lugar. La cronista le pide al Intendente que la recorrida sea sin equipo de prensa -como lo hicieron el resto de los candidatos- y él acepta. Aguardan parados en la calle Loli Serritella, y las candidatas Laura Marchesse, Patricia Colacilli y Mónica Wilken. 

Víctor Aiola se baja del auto y saluda a todos. Hace tanto frío como aquel día. 

Loli explica a quién vamos a visitar. Está a cargo del organigrama de campaña. 

Pasa un auto a toda velocidad por la Avenida Domínguez. La jefa de gabinete Laura Marchesse habla de los reductores de velocidad, explica que los vecinos los pidieron y que ya están encargados. 

Víctor habla con Sandra. Le pregunta cómo está el barrio y si mejoró la circulación con los trabajos y la colocación de piedra. Sandra tiene tres hijos, de 17, 12 y 9 años. Vive hace quince años en el barrio y dice que es la primera vez que un intendente la visita. 

El vecino de Sandra corta algunas ramas en el fondo de su terreno. Tiene la estufa encendida. 

Llega otra vecina del barrio con su hija en brazos, conoce a Víctor y el Intendente conoce a sus hijos. 

-Te vi en face, ¿cómo se llama el nuevo nieto?

-Simón

-¿Cómo anda el barrio, mejoró o no?

-Re bien, sí, mejoró muchísimo. Nosotros somos del 1 de mayo, el asfalto es la gloria, antes no se podía salir. 

-¿Estás contenta con la obra de las cloacas?

-Sí, sobre todo por los chicos, ni soñábamos con esta obra. Pensábamos que nunca iba a llegar. 

-Nosotros consideramos que más allá de la comodidad y el costo es un tema de salud pública, si los chicos juegan en la zanja se contaminan, tienen diarrea, parasitosis, no aumentan de peso lo suficiente. 

Aiola sigue usando el traje de pediatra entre los niños. Dice que “El mejor antídoto es la teta”. 

Las vecinas cuentan que cada quince días hay que llamar al camión atmosférico, y que cuesta setecientos pesos el servicio. Cuando no hay plata, hay que esperar. 

“El barrio no se inundó”, dice Aiola. La vecina le contesta “Acá era un desastre, cuando llovía era un mar de agua, ¿te acordás Sandra?”. 

Sandra asiente y vuelve a ofrecer pasar a la casa. Hace frío. Su hija se acerca desde el fondo, tiene nueve años y un collar de fideos pintados que ella misma se armó. Mónica Wilken le hace un par de preguntas y le halaga el collar. 

Ni Aiola ni el resto de los candidatos trajo boletas al barrio, tampoco hablan de las primarias que se disputarán el domingo. 

-El barrio tiene que seguir creciendo, la idea es que sea como cualquier barrio de Chacabuco- dice Aiola. 

-Yo para ir trabajar tenía que salir con la moto, acá no llegaba ni un remise, salíamos con botas de goma, era un desastre.

Aiola se despide y bromea “Que se siga agrandando la familia, así tengo trabajo para rato, a full”. 

Del fondo se acerca otra vecina. Víctor comenta que entró a trabajar en Torres Americanas, y Loli confirma que la empresa “Está tomando gente para trabajar”. 

Se despiden y Loli avisa que hay otro vecino esperando en una casa sobre la misma avenida. Caminan media cuadra. 

-¡Mirá cómo cambió el barrio!- dice Aiola. 

-Acá lo trajimos al hombre- dice Loli, cuando pasan a la casa. 

La familia estaba esperando al Intendente. Le cuentan de la problemática de salud de su hijo mayor. Víctor se pone los anteojos, se sienta, acepta un mate y los escucha a la par de que agarra los prospectos médicos y los papeles que le alcanzan. 

Se encuentran en un living ubicado en la parte delantera de la casa, donde la dueña de casa antes tenía una despensa. Reparte sillas para todos y torta para acompañar el mate. 

La vecina habla de un subsidio que solicita para unos viajes al médico de su hijo en Buenos Aires. 

Laura saca una foto al expediente y manda un audio para que salga, “Yo con esto ya hago el reclamo, no te preocupes”. 

Después de una larga charla, Víctor les dice que cuenten con él para lo que necesiten. Señala la parrilla. “Está muy limpita”, dice la arquitecta Colacilli y sonríe. 

Víctor promete volver después de las elecciones a comer un asado: “Vamos a echar un poco de fuego acá, así no se oxida”. 

-Vamos a volver con la carne para hacer un asadito- dice Loli y dejan la casa. 

Antes de irse del barrio, Aiola se cruza con un hombre. Se conocen, se abrazan. Víctor le hace la misma pregunta que al resto. Quiere saber cómo está él y cómo está el barrio. 

“A lo que estaba antes, cambió bastante, los otros estuvieron doce años y no hicieron nada, con las posibilidades que tenían, vamos por más”, le dice el vecino. 

Los candidatos hacen una ronda. Loli habla de cuando venía con La Red Solidaria, dice que “No se puede comparar”. Laura habla de la obra de accesibilidad y de la importancia de que la red cloacal contemple los caños hasta las instalaciones de cada hogar, para que los vecinos no lo tengan que pagar. 

“Somos un gobierno progresista que cumple cada una de sus promesas”, dice Aiola. La cronista sonríe. Él retruca “Preguntale a los vecinos si no, eran los olvidados de siempre, nos hicimos cargo, de acá a diez años a este barrio no lo conocés”. 

-Cierra la campaña, ¿Qué expectativas tienen?

-Hemos hecho mucho, yo estoy tranquilo. Me lo preguntan bastante. Si la gente no nos apoya yo me voy al consultorio tranquilo, todo lo que pude hacer lo hice. Después de cuatro años, que los vecinos te reciban así para mí es suficiente. 

El vecino pega el grito desde la casa:

-¡Víctor, vení que no nos sacamos una foto!