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  • jueves, 24 de septiembre de 2020

Volando muy alto

OPINIÓN /Por Gustavo Porfiri

El pasado domingo 30 de agosto, día de Santa Rosa, a las 20:18, hora oficial argentina, el cohete Falcon 9 de la empresa espacial SpaceX fue lanzado desde la Estación de la Fuerza Aérea de Cabo Cañaveral (Florida, EE.UU.) para poner en órbita al Satélite Argentino de Observación Con Microondas(SAOCOM) 1B. El suceso volvió a poner a nuestra República en los primeros planos noticiosos de una industria en la que parece que somos capos.

Volando muy alto

La misión SAOCOM está liderada por la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE), la que a su vez designó a INVAP como contratista principal para el diseño, fabricación, integración y ensayos de la plataforma principal y la electrónica principal del radar, siendo la CONAE la responsable del diseño, fabricación, integración de la antena radar y test del instrumento principal, el Radar de Apertura Sintética (SAR por sus siglas en inglés), como así también de la operación y distribución de las imágenes que se generen. Esta información disponible en http://saocom.invap.com.ar, nos da la pauta de que el satélite recientemente puesto en funciones es bien criollito, caserito, “como los que hacía la abuela”.

Una de las protagonistas principales de este logro es INVAP S.E. Según se lee en su web, se trata de una empresa estatal argentina de alta tecnología “dedicada al diseño y construcción de sistemas tecnológicos complejos, con una trayectoria de cuatro décadas en el mercado nacional y tres en la escena internacional, su misión es el desarrollo de tecnología de avanzada en diferentes campos de la industria, la ciencia y la investigación aplicada, creando paquetes tecnológicos de alto valor agregado tanto para satisfacer necesidades nacionales como para insertarse en mercados externos a través de la exportación”.

Investigación Aplicada Sociedad del Estado fue creada mediante un convenio entre el Gobierno de la provincia de Río Negro y la Comisión Nacional de Energía Atómica(CNEA); recientemente, el 1° de este mes, cumplió cuarenta y cuatro años. Hoy es una empresa respetada en el mundo entero.

El padre de la criatura

El Doctor Conrado Franco Varotto es un italiano que llegó de niño a la Argentina. Se doctoró en Física en el Instituto Balseiro de Bariloche en el año 1968 y luego se perfeccionó en la Universidad de Stanford, en EE.UU., actuando como Investigador Asociado en el Departamento de Ciencias de los Materiales. Allí vio el nacimiento de Silicon Valley, esa incubadora de empresas tecnológicas de San Francisco de California, desde donde se catapultaron al mundo Apple, Facebook y Google, entre otras. Con esa impresión en su espíritu, volvió a nuestro país decidido a promover el desarrollo de la investigación aplicada, impulsando la creación de INVAP. Para ello se basó en un núcleo de profesionales de excelencia formados a partir de la continuidad del trabajo en la CNEA, desde su creación en 1950. Este pionero sostiene que  para este tipo de actividades, el principal insumo es

“la materia gris”.

Varotto, apellido poco difundido más allá de los ámbitos académicos, es una especie de Messi o Maradona, es decir un sobresaliente en su disciplina que ayudó a colocar a nuestro país dentro de los pocos en el mundo que dominan dos tecnologías clave: la nuclear y

la espacial. Claro que su aparición en la prensa está muy disminuida en comparación con los futbolistas nombrados. Los medios nos hacen hablar todo el día sobre si la “Pulga” se va o se queda del Barcelona, pero de don Franco, ni una línea.

Un camino alternativo

Actualmente INVAP tiene una plantilla de alrededor de mil cuatrocientos empleados. También tiene presencia en el exterior, donde se asientan las delegaciones de Brasil, Holanda, Australia, EEUU, Arabia Saudita, Argelia, Egipto, India, Venezuela y Bolivia.

Esta empresa estatal criolla vive de lo que produce, por lo que no le “cuesta” nada al Estado nacional. Se aclara esto por si algún achicador de estados está leyendo y se pone nervioso. Sin embargo, lo interesante de INVAP no es su costado económico, sino que su relevancia está en haberse convertido en una referencia tecnológica ineludible y en la cara más visible del sistema nacional de Ciencia y Tecnología. Tan visible que por las pantallas de todo el planeta se pudo observar su logo estampado en el SAOCOM, antes de que volara al espacio para tomar su órbita.

“Los argentinos practicamos el stop and go”, sostiene un amigo académico, definiendo claramente que a veces arrancamos muy bien y a poco de andar paramos, y hasta retrocedemos. Aún así, aquí estamos ante un desarrollo que -con su marchas y contramarchas- nos llena de orgullo. En esta somos campeones del mundo sin hacer goles con la mano ni ganando sospechosamente por goleada una clasificación. INVAP es el rumbo para los recursos profesionales y técnicos que genera el sistema científico tecnológico nacional y también nos muestra cómo es posible ser protagonistas en el mundo del siglo XXI sin tener que someternos a los mandatos del paquete biotecnológico de Bayer-Monsanto.