14:45 h. Jueves, 22 de agosto de 2019

Violencia invisible 

OPINIÓN  (*) Por Valentina Leonor Cuatrini  |  18 de julio de 2019 (16:06 h.)
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En 1813 se constituyó un tratado de medicina legal e higiene que afirmaba “ ...El gozo sexual de una mujer después del casamiento simulado solo es un violación si emplea fuerza, más esa especie de violencia no es competencia a los médicos....” 206 años después en el programa de Baby Etchecopar se habla de violencia de género, considerada esto no solo por la violencia física, si no tanto sexual, moral y/o psicológica hacia las mujeres y colectivos LGBTQ. Por supuesto no por qué el lo quisiera, si no por qué así lo sanciono la Fiscalía Porteña después de acusarlo de alentar desde su programa la persecución y el odio contra dirigentes mujeres integrantes de movimiento populares, gremiales y sociales. Qué hemos avanzado hemos avanzado, pero.. ¿realmente somos conscientes de la violencia moral y psicológica a la que estamos sometidas? 

Desde el programa de Etchecopar hasta en el laburo, en la calle, en el médico, en este universo de las relaciones de género, la violencia psicológica es la forma de violencia más maquinal, rutinaria e irreflexiva y, sin embargo constituye el método más eficiente de subordinación e intimidación. 

Uno de los problemas de esta violencia es que no siempre es verbal, y no tiene por qué serlo, muchas veces ocurre sin ninguna agresión verbal, manifestando exclusivamente con gestos, actitudes, miradas. Cuanto más disimulada y sutil sea la violencia, mayor será su eficiencia para mantener despierta y clara la memoria de la reglas impuestas, qué se debe hacer y qué no, cuál es nuestro rol y cuál no.

Esta violencia moral es el más eficiente de los mecanismo de control social y de reproducción de las desigualdades, por su sutileza, su carácter difuso, su omnipresencia, y su validez, está socialmente aceptada, naturalizada por su invisibilidad, de difícil percepción y representada por manifestarse casi siempre solapadamente,confundida en el contexto de las relaciones aparentemente afectuosa. Una vez que entendemos todo esto, que intentamos hacernos conscientes, ¿qué hacemos?. Le gritamos a cada persona que nos grita en la calle? ¿Peleamos en cada almuerzo familiar? ¿Ponemos en evidencia cada comentario que nos hace el Dr.? ¿Qué respondemos a cada “ahora no se puede decir nada”?. Creo que cada vez que lo hacemos avanzamos un poco más, cada vez que ganamos lugar en los medios, en la calle, en la mesa familiar estamos un poco más cerca, no por nada, después del primera Ni Una Menos, las denuncias por violencia de género aumentaron un 62%. Este aumento de denuncias registradas no responde al aumento del fenómeno en sí, sino a la expansión de la conciencia de víctimas. Mientras más conscientes, más empoderadas <3

(*)Estudiante de psicología UNLP. Amante de los gatos.