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  • miércoles, 28 de julio de 2021

“Vimos la potencia de la comunidad cuando se trabajaba por otro”

Siempre le interesó la cuestión de la vida pública. No solo de la política, sino de cómo las y los ciudadanos piensan y trabajan por los otros. El periodista, escritor y docente universitario Manuel Barrientos, publicará semanalmente en Cuatro Palabras una serie de textos titulados “Cuando fuimos el futuro”, con anclajes en su infancia transcurrida en Chacabuco, durante las intendencias de Osvaldo Rodrigo y Mario Lalla. El foco estará puesto en la potencia de la vida política y la participación ciudadana de los años ochenta. En diálogo con este medio se refiere a su libro “Relatos de la crisis que cambió la Argentina”. Una charla con Horacio González, y una lectura que lo acompañó siempre: la voz de Haroldo Conti. 

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“Vimos la potencia de la comunidad cuando se trabajaba por otro”

En la primera década de los 2000, mientras leía al sociólogo polaco Zygmunt Bauman -que analiza las construcciones de las esferas políticas, públicas- comprendió que desde niño se incorporan las ideas de nación, patria, Estado, familia. “Me di cuenta que nuestra generación arrancó la primaria en el 83 y la terminó en el 89, era llegar a la escuela y vivir en esa democracia, ver cómo se iniciaba”, cuenta en diálogo con Cuatro Palabras. 

El motor narrativo de los textos de Manuel tienen que ver con el trabajo político y comunitario de los años ochenta. Cuando empezó la construcción de esos relatos murió Alfonsín, luego Néstor Kirchner, dos hombres memorables a los que se refiere.  “Durante la intendencia de Rodrigo y Lalla, se hacían olimpiadas estudiantiles, las y los estudiantes de las escuelas secundarias hacían actividades deportivas, culturales y solidarias, yo participé de uno de los últimos encuentros que se hicieron, ahí se veía la fuerza que tiene una comunidad cuando se pone a trabajar por los otros, y a pensar en los otros, que de alguna manera es la forma de pensar en uno mismo y en su futuro”, dice. 

Lo que no cierra, asegura, es por qué esa potencia se agota. Si bien siempre hay mucha gente que trabaja de forma comunitaria, hay oleadas de mayor actividad y momentos en los que la sociedad se frena, se repliega, se aísla. 

Manuel Barrientos publicó en el 2014 junto a su amigo Walter Isaías, “Relatos de la crisis que cambió la Argentina”, un libro en el que dialogan con las voces claves para pensar los procesos que desembocaron en diciembre de 2001: Hebe de Bonafini, Víctor De Gennaro, Ezequiel Adamovsky, Eduardo “Wado” De Pedro, Horacio González, entre otros. 

“Nuestra idea era repensar el 2001, una batalla perdida de nuestra parte, en general para los medios y para la política es el punto donde no hay que volver, y para nosotros en ese tiempo es el momento de gran fuerza colectiva, de organización social, nos interesa lo que surgió en esos años, vecinos y vecinos en las calles expresando, nacieron muchos colectivos de arte, se pusieron en valor los organismos de derechos humanos, hubo muchas apuestas solidarias, queríamos mostrar y contar esas formas de organización social y comunitaria que surgieron en esos años”, cuenta.

Cuando entrevistaron al sociólogo Horacio González, les explicaba que “lo que se había encendido era una chicharra, una suerte de alerta social que marcaba que ciertas cosas no se podían hacer, la sociedad había marcado un límite y un camino”. Esa conversación fue en la primera década transcurrida, cuando empezaban a notar que esas “chicharras” se empezaban a apagar. “Empezamos a volver en cierta forma en términos económicos, sociales, la relación con organismos internacionales de crédito”. 

En su perfil de Instagram se presenta como “de la República de Chacabuco”. Un guiño a lectores. Un homenaje a Haroldo Conti. “Cuando a Conti lo invitaron en La Habana a la casa de las Américas, García Márquez se presentó como colombiano, Vargas Llosa como peruano, y Haroldo se diferenció”. 

Cuando transitaba los primeros años de la primaria, una docente preguntó en el aula si conocían a algún escritor. Manuel dijo que conocía a Haroldo Conti, que era amigo de sus padres. La señorita se asustó. “Siempre me acompañó la lectura de Haroldo, desde chico, lo leí muchísimo, me molestaba que se destacara el Conti de Sudeste, de la vida de Tigre y no tanto el Conti de Chacabuco, pero era una cuestión de localía”, dice. En el año 2004, en el Centro Cultural Rojas dirigió un ciclo sobre todas las adaptaciones cinematográficas sobre la obra de Conti. “Siempre pienso en Conti”, asegura.