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  • sábado, 17 de abril de 2021

¿Y la vacuna contra el hambre?

Un informe de dos agencias de la Organización de Naciones Unidas (ONU) indicó recientemente que más de diez millones de personas de cuatro naciones centroamericanas corren el riesgo de ver incrementada su inseguridad alimentaria en los próximos meses. Asimismo, el 24 de marzo pasado, durante la Cumbre de derechos humanos de la ONU, organizaciones campesinas exigieron "el respeto pleno al derecho a la alimentación". ¿Por qué logramos rápidamente encontrar varias vacunas contra la pandemia del coronavirus y sin embargo nada hemos avanzado con un flagelo tan antiguo como la falta de comida?

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¿Y la vacuna contra el hambre?

El estudio de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y el Programa Mundial de Alimentos (PMA) pidió más asistencia alimentaria y la entrega de semillas resistentes a la sequía como medidas para enfrentar la situación de la escasez de alimentos en Honduras, Guatemala, El Salvador y Nicaragua. Esta zona fue abatida en noviembre pasado por los huracanes Eta e Iota y sufre los efectos de la pandemia. 

Según el informe, titulado "Hunger Hotspots" (lugares críticos con respecto al hambre) muchos hogares de esas repúblicas centroamericanas perdieron reservas y acceso a los alimentos por los huracanes y por la reducción del empleo debido al impacto de la pandemia, en especial en el sector informal.

En Honduras se prevé "que 3,1 millones de personas se enfrenten a una alta inseguridad alimentaria aguda, incluyendo casi 570.000 en situación de emergencia", mientras que en Guatemala la cifra llegaría a 3.700.000 millones de personas que habitan en los siete departamentos más afectados por los huracanes, se lee en las conclusiones del estudio.

Para El Salvador "se espera que alrededor de un millón de personas enfrenten una alta inseguridad alimentaria aguda entre marzo y mayo de 2021, incluidas 121.000 en emergencia", mientras que los más afectados son los "grupos han experimentado pérdidas de ingresos debido a las restricciones de movilidad y transporte relacionadas con la pandemia".

En Nicaragua los daños y pérdidas causados ​​por los huracanes se estimaron en más de 742 millones de dólares, con afectación directa en el PIB, con cerca de tres millones de personas expuestas, sobre todo de los territorios indígenas, donde la pesca artesanal, la silvicultura y la agricultura se vieron significativamente afectadas, aseguró la ONU.

El informe recomienda medidas críticas a corto plazo con respecto al hambre. Entre ellas, "el aumento de la asistencia alimentaria y nutricional, la distribución de semillas resistentes a la sequía, el tratamiento y vacunación del ganado, la rehabilitación de estructuras de captación de aguas, y el incremento de las oportunidades de ingresos para las comunidades vulnerables". 

Verso a verso

“La pucha si lo ha estudiado, que hasta te larga contento”, dice José Laralde en la milonga “El por qué”. Nuevamente, desde esta columna se reniega contra una entidad como la ONU -capaz de analizar certeramente los males que agobian a todo el planeta- pero absolutamente imnútil cuando de implementar soluciones se trata. Se queda en su rol de relatora universal. Entonces, ¿Por qué aún no se desarrollaron “vacunas” contra el hambre? ¿La pandemia sí moviliza a las fuerzas de la ciencia de todo el globo para encontrar una respuesta rápida ante el coronavirus, pero la falta de alimentos para millones de humanos no es capaz de despertar las mismas energías? No se entiende. A menos que debamos admitir que el hambre es un componente esencial del sistema de vida que impera en este planeta. De lo cual se desprende que todas las superestructuras internacionales -como la ONU- son meros mecanismos cómplices del mandato -no explícito, pero muy visible- que considera conveniente y necesario que millones de personas no coman.

Ahora, si parte de la solución del hambre pasa por algo tan simple como la distribución de semillas, de ganado, y el acceso a algunos terrenos donde las comunidades puedan producir alimentos, ¿Por qué se demora tanto la puesta en marcha de una política tan elemental? Intentemos una respuesta.

Este año, el Secretario General de las Naciones Unidas, António Guterres, convocará una Cumbre sobre los Sistemas Alimentarios, como parte del Decenio de Acción para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de aquí a 2030. En función de tan alto objetivo, este 24 marzo, en Ginebra Suiza, durante la 46ª sesión del Consejo de Derechos Humanos, el rol esencial de los campesinos y la agroecología fueron incorporados en la agenda de la cumbre mencionada.

Vía Campesina y el Centro Europa-Tercer Mundo (CETIM) presentaron la posición de trabajadores rurales, pequeños productores y centenas de ONG y actores solidarios. “Es esencial que los Estados protejan las zonas rurales, así como la cooperación multilateral internacional para resolver esta crisis'', enfatizaron, pero además pusieron el dedo en la llaga: advirtieron que los poderes políticos y económicos dominantes apuntan a “desmantelar los espacios multilaterales”, para privilegiar al sector privado de la alimentación en lugar del interés general de los pueblos. En relación a la Cumbre alimentaria de las Naciones Unidas, denunciaron que “los lobbies empresariales que defienden los intereses del agronegocio están influyendo y capturando los preparativos”.

Nada que deba sorprendernos. Las gigantes multinacionales que dominan el acceso a las semillas están metidas en la FAO y en otros espacios similares para meter presión e imponer su agenda, todo envuelto en discursos muy bonitos. Una píldora bien dorada de chamuyo. 

Alarmante, pero pareciera que mientras haya monopolios manejando los alimentos no habrá posibilidad de darle una ración saludable y suficiente de comida a cada habitante del planeta, sobre todo si vive en los rincones donde el capitalismo ha decidido amontonar hambrientos.