06:45 h. Sábado, 21 de septiembre de 2019

Utopía y acción

Por Alejo Dentella

“La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces para qué sirve la la utopía? Para eso, sirve para caminar” Eduardo Galeano.

CONTRATAPA  |  08 de septiembre de 2019 (23:01 h.)
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Qué otra cosa más que la utopía pudo mantener en pie a quienes en estos últimos casi cuatro años creyeron que en el horizonte había algo más que la luz al final del túnel, de la que hablaba la vicepresidenta Gabriela Michetti. Por supuesto valió la pena caminar dos pasos, dos más y otros dos, aunque “el horizonte se volviera a correr diez pasos”. Por eso hoy estamos acá. Pero lo importante, no es estar en esta instancia de algarabía por un resultado electoral preliminar que ciertamente nos abre otra perspectiva. Lo que importa es que estamos acá, porque muchos, miles, millones, a los gritos o en silencio, nos bancamos este recorrido espantoso de soportar el peor tiempo de la política argentina. Fue el peor sin dudas, porque como dijo el periodista Eduardo Aliverti, “A Macri no le alcanza ni para ser Menem”.

La utopía, dice Eduardo Galeano, “siempre se aleja dos pasos más”. Es cierto, pero no es lo mismo caminar a tientas, que hacer un recorrido que aunque espinoso y sin atajos, lo conduce alguien que puede ver más lejos. De eso se trata, no hubiese existido utopía, no hubiera habido camino, no hubiéramos llegado hasta acá, si no fuera por la fortaleza política de quien seguramente ya es una líder mundial del siglo XXI. Amada y odiada, reivindicada o perseguida, con lo mejor y lo peor de cada argentino, jamás abandonó la centralidad que la historia la obligó a ocupar. Llega un nuevo tiempo, no será color de rosa, ni con sabor a dulce de leche, tampoco la mejor música para nuestros oídos. Más de un disgusto nos traerá y más de una alegría le dará a quienes hasta hoy la siguen puteando. De eso se trata este nuevo tiempo político de la Argentina. No está mal, porque debe ser un tiempo de todos, de todas, de todes.  

Alberto es la accion

Alguna vez, allá por los años ochenta escuché hablar de la necesidad de conjugar la utopía y la acción. No es casualidad que quien planteaba esto era el por entonces presidente nacional de la Juventud Radical Carlos Raimundi, quien desde hace varios años se ha sumado al espacio que conduce Cristina Kirchner. Lo de Raimundi en esos momentos tan movilizantes de la recuperación democrática, tenía que ver con que entendiéramos cuáles eran las posibilidades reales de concretar algunos sueños, en el contexto de aquella realidad. Vale traer esa reflexión para estos tiempos. No es la misma noción de utopía que desarrolla el brillante escritor uruguayo, pero no es excluyente. 

El probable resultado de las próximas elecciones del 27 de octubre, llevarían a Alberto Fernández al sillon de Rivadavia. Se equivocan una vez más, quienes subestiman la inteligencia de Cristina planteando horizontes inmediatos de conflictividad interna. Los que hablan de doble o triple comando. Alberto Fernández es la acción de hoy, es lo que nos permite seguir caminando por la utopía de millones que creemos en un país diferente. Tiene varias tareas por delante, una es la de volver mejores, la otra, de la que nadie habla, es la de llevarnos a reencontrar un sueño. Pero la más importante, de la que no podrá excusarse ni renunciar, es poner por encima de cualquier compromiso de Estado, las urgencias que padecen millones de argentinos. De a dos pasos, de a dos más. Así vamos a llegar, aunque el horizonte se aleje. La accion de hoy necesita de Alberto Fernández, de Sergio Massa, de Felipe Solá, de Julián Domínguez, de todos los gobernadores del PJ. Mientras tanto seguiremos caminando.

Axel, la utopía

Únicamente una líder política del tamaño y la dimensión histórica de Cristina Kirchner pudo haber jugado la partida que ella desplegó. Estaba fuera de discusión que con Cristina no alcanzaba y sin ella no se podía. Pero hacía falta el gesto y la oportunidad. Era necesario que ella reconociera que ya no era su momento. Pero lejos de una rendición, la jugada debía plantear un nuevo escenario para los próximos tiempos. Desde 1983 a la fecha, solo ella y Néstor pudieron conservar un caudal electoral superior al 30% luego de abandonar el poder. De nuevo, fue eso lo que a Cristina le dio centralidad y protagonismo para marcar el camino por donde salir del laberinto trágico al que nos empujó Cambiemos. 

Utopía y acción a la que se refería Carlos Raimundi o la utopía como el camino de “los dos pasos” de Eduardo Galeano, sintetizan este tiempo doloroso pero embriagante que vive la argentina. Si Alberto y todos a los que él pudo convocar son la acción como remedio de urgencia que necesita la argentina, Axel Kicillof es sin dudas, la utopía para seguir soñando mientras avanzamos de a dos pasos, aunque quedemos a diez. 

Cristina sabe que Alberto tendrá por delante un trabajo, que ni ella ni alguno de su riñón íntimo, podrían hacer. Son tiempos muy complejos donde los argentinos necesitamos priorizar denominadores comunes, para salvar al 40% de pobres que viven en este país rico. Los caprichos y las mezquindades de la militancia no pueden ser un obstáculo para realizar esa tarea. Tampoco las complejidades, aunque extremas, pueden ser la excusa para obligarnos a dejar de soñar. Alberto Fernández deberá concentrar la acción de gobierno buscando la síntesis de un país plagado de conflictos y desencuentros. Los que necesitan calmar su ansiedad, deben entender que por primera vez la provincia de Buenos Aires estará en manos de un dirigente político que no es empleado del presidente. Tampoco su enemigo. Sin dudas, los bonaerenses tendremos nuestra propia utopía. De a dos pasos. Tranquilos.