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  • miércoles, 27 de mayo de 2020

Una peste clasista

Por Gustavo Porfiri

Según una publicación reciente de la revista española La Marea(1), una investigación conjunta de la Universidad de Harvard y el periódico Boston Globe demuestra que la mortalidad por COVID-19 es superior entre aquellas personas que viven en barrios pobres y en viviendas hacinadas en el estado de Massachusetts. Por eso afecta más a las personas negras, latinas y racializadas. Esta faceta de la peste se multiplica por todo el continente: a mayor pobreza, menos chances de escapar del virus.

 

Una peste clasista

El estudio mencionado afirma que epidemiólogos de la Universidad de Harvard han concluido, en colaboración con el periódico Boston Globe, que las personas que viven en las ciudades, poblaciones y barrios con mayores tasa de pobreza y de hacinamiento en los hogares, son las que más terminan muriendo cuando se contagian de covid-19. Mayoritariamente viven allí integrantes de la población negra, latina y racializada. 

Más adelante, el artículo explica que periodistas del Boston Globe consiguieron, tras mucha insistencia, los datos básicos -nombre, edad, etnia, edad y código postal- de las veinte mil personas fallecidas en las primeras quince semanas de 2020, por cualquier causa, en el estado de Massachusetts. Se los entregaron al equipo de Harvard que cruzó esta información con la de los cinco años anteriores. Los resultados fueron concluyentes: cuando la pandemia explotó en Estados Unidos, y la mortalidad se disparó a principios de abril, lo hizo especialmente en los guetos socioeconómicos. Las muertes han sido un 40% mayores en las ciudades y asentamientos con más población de personas negras y racializadas, un 14% más en aquellas con más habitantes por vivienda y un 9% en aquellas más pobres en comparación con las más ricas del Estado.

Bajando por el continente

“En esta pandemia no estamos todos en el mismo barco, estamos en el mismo mar; unos en yate, otros en lancha, otros en salvavidas y otros nadando con todas sus fuerzas”. La frase es contundente y sencilla. Está plasmada en un comunicado emitido por siete organizaciones indígenas en el estado mexicano de Hidalgo y refleja claramente en cuáles sectores sociales impactará más fuertemente el coronavirus. En América Latina, los pueblos originarios aparecen entre quienes van tirando manotazos en el agua, resistiendo al menosprecio de gobernantes y ninguneados en pantallas y micrófonos(2).

Para dimensionar la vulnerabilidad de las poblaciones originarias, podemos citar la ausencia de servicios básicos, como el agua, tan necesaria en los protocolos sanitarios para evitar la propagación de la peste; las enfermedades preexistentes al Covid-19 -propias de la pobreza- sumadas a la falta o lejanía de centros de salud; dificultades para acceder a los alimentos debido al mal estado de caminos y las grandes distancias en las que se encuentran los mercados; programas sociales que no incluyen a los pueblos originarios por su falta de documentación; pésima o nula comunicación oficial disponible en lenguas en las que se comunican estas comunidades. La pandemia vino a profundizar estas situaciones que ya estaban instaladas y eran crónicas en esta parte del planeta.

Y por casa…

“Preocupa la crecida de casos de covid en paradores de CABA”. El título apareció este lunes en la edición digital del matutino porteño Tiempo. Gustavo Sarmiento, autor de la nota, asegura que mientras se multiplican los casos de covid-19 en los barrios populares de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, las miradas apuntan ahora a los paradores con personas en situación de calle: en el de Retiro la tendencia es que 9 de cada 10 testeados dieron positivo.

Recientemente, Alejandrina Barry, diputada porteña del Frente de Izquierda, ha denunciado que desde hace unos días comenzaron a llegar al hospital Durand decenas de contagiados con Covid-19 provenientes de los barrios Villa 31 y Villa 1-11-14. “Los vecinos de los barrios vulnerables no solo sufren hacinamiento, falta de agua y un abandono por parte del Estado, sino que ahora sufren pésimas condiciones de atención sanitaria”, aseguró la legisladora, quien añadió: “las y los trabajadores de la salud, se ponen al hombro la atención de los pacientes de las villas, sorteando las dificultades de las malas condiciones edilicias del hospital(Durand), la falta de comida adecuada, calefacción y agua caliente, para atender a los vecinos de las villas que llegan en micros a diario”.

La situación de pobladores en estado de fragilidad en el área capitalina y metropolitana tiene una vuelta más de rosca que se expresa claramente en el siguiente testimonio: “Entre los problemas que genera la pandemia entre las y los migrantes, estamos viendo las grandes dificultades de quienes no pueden acceder a los beneficios que está otorgando el gobierno por no tener el documento nacional de identidad, ya que con una precaria (tipo de constancia de residencia provisoria) no se puede acceder a ellos”. Así desnudó esta problemática Zulema Montero, referente del Bloque de Trabajadorxs Migrantes, en un trabajo ineludible para entender este asunto que Gabriela Costanzo y Natalia Debandi, investigadoras y docentes, publicaron en www.agenciapacourondo.com.ar con el título “Nadie se salva solo”: la emergencia poblacional migrante.

Nuevamente comprobamos que, cuando una crisis golpea fuerte -y esta lo está haciendo sin piedad- los que deambulan al borde del precipicio creado por el reino capitalista son los primeros, y los más, en caer. 

 

(1)https://www.lamarea.com/2020/05/11/pobreza-covid-19/

(2)https://www.telesurtv.net/opinion/Los-pueblos-originarios-de-America-Latina-en-la-era-Covid-19-20200503-0019.html