15:09 h. Domingo, 15 de diciembre de 2019

Un golpe de eurocentrismo 

OPINIÓN  |  21 de noviembre de 2019 (17:02 h.)
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(*)Por Josefina Poy

“Nosotras colocamos la iniciativa,

Nosotras definimos e intuimos

el grado de provocación,

Nosotras escogemos nuestras palabras,

Nosotras elegimos nuestros temas,

Nosotras elegimos los escenarios y las horas

según nuestro calendario de amor y 

nuestro calendario de lucha.”

Mujeres Creando

Como en una novela de Margaret Atwood, la mujer blanca avanza con una biblia en una mano y el poderío misógino en la otra sobre un camino abierto por quienes portan las armas.

Ayer lloraba, hoy sonríe con una sombra de perversidad. Esa de quienes vienen a destruir el mundo preexistente donde el horizonte era la igualdad para imponer un nuevo modelo basado en ese libro que siempre se usó para someter a la población.

La imágen es tan explícita que ningún director de cine la plantearía de ese modo. Jeanine Añez, blanca su piel y rubio teñido su cabello con raíces negras que asoman pero son tapadas (en absoluto contraste al Presidente depuesto) levanta "Los cuatro evangelios" de un tamaño obscenamente grande acompañada por cómplices y militares.

Un poco más al sur, en Argentina, el debate se establece entre quienes culpan a Evo Morales y quiénes lo defienden. En el trasfondo, se asoma la duda de ¿a quienes honestamente les interesa la realidad del pueblo boliviano más allá de las mezquindades políticas partidarias?. Si así fuera se tomarían unos minutos para conocerlos, entender la cultura indígena, la cosmovisión que los mueve, las luchas que traen consigo históricamente.

Pero no. A algunxs sólo les interesa mandar a bolivianos y bolivianas a un combate desde el sillón de la casa mientras se ponen la whipala de portada de Facebook.

Justifican con el ruso Trotsky, mueven fichas como el TEG y se enajenan del territorio, la historia y la población a la que se refieren.

Ni siquiera se molestan en citar a algún intelectual o personaje boliviano porque al fin de cuentas se habla desde el eurocentrismo.

Para poder entender esta idea es necesario leer a Aníbal Quijano, quien define el eurocentrismo como una perspectiva de conocimiento hegemónica que, si bien tiene raíces antiguas, puede considerarse que surge fuertemente en el siglo XVIII en Europa Occidental y que incluye no sólo a Europa per sé sino “lo europeo” en contraposición a todo lo demás. 

Se crea la idea de una diferencia en la “naturaleza” (es decir, lo racial) y se oculta la historia del poder. Para imponerlo, generaron una nueva identidad a través de la expropiación de las poblaciones colonizadas de aquellos conocimientos/descubrimientos útiles para el capitalismo, así como explotándolos como mano de obra esclava, reprimieron su cultura y universo simbólico y los forzaron a aprender la cultura de los dominadores.

Cuando hablamos de la realidad de otros países, de otras comunidades, creo obligatorio reconocerles y oir voz propia. Podemos ser eco, compartir sus relatos y vivencias, pero jamás decirles qué hacer si no se desea devenir en fascista. 

Saben bien, porque lo llevan en la sangre, en sus ancestros, en la memoria colectiva. Con Bartolina Sisa Vargas como parte de la multitemporalidad entendida como “coexistencia objetiva y perdurable de los distintos horizontes históricos” (Sinclair Thompson, 2010) en un mismo espacio, idea retomada por Silvia Rivera Cusicanqui. 

Hablamos con naturalidad de la deconstrucción del machismo y miramos hacia el costado cuando nos toca reconocer el colonialismo que permanece así como el eurocentrismo. 

Y deconstruirlo en consecuencia.

En palabras de Aníbal Quijano: “Es tiempo de aprender a liberarnos de espejo eurocéntrico donde nuestra imágen es siempre, necesariamente, distorsionada. Es tiempo, en fin, de dejar de ser lo que no somos”.

(*) Estudiante de Sociología (UBA), docente, feminista hasta la médula.