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La última carta

OPINIÓN / Por Gustavo Porfiri  |  23 de Abril de 2019 (15:56 h.)
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La semana pasada esta columna estuvo dedicada al mismo tema. Todavía no había precisiones sobre las medidas que anunciaría el gobierno CEO-radical para amortiguar los males de quienes no pueden acceder a una canasta alimenticia digna, pero se veía venir. Hoy podemos comprobar que cualquier pronóstico quedó corto.

Los aliviadores

El Gobierno se quedó sin cartas y con el modesto “programa de alivio” anunciado busca ganar aire para llegar a las elecciones de octubre. Pero los hechos demuestran que va a ser muy difícil que el plan funcione y que sea a través del congelamiento de precios de algunos productos que la inflación se detenga.

El ministro de Producción y trabajo, Dante Sica, dijo después de los anuncios que “bajar la inflación no es una tarea mágica de uno o dos meses”, contradiciendo aquella -ya famosa- frase de campaña pronunciada por el mismísimo: "eliminar la inflación será la cosa más simple que tenga que hacer si soy Presidente."

Sica insistió con el argumento monetarista de que para bajar la inflación es “necesario bajar el déficit fiscal y tener una política monetaria que sea consistente con nuestra disciplina fiscal”. Y otra vez la realidad le pega en la trompa a todo el gabinete: el gobierno llevó a cero la emisión de dinero y puso en marcha un profundo ajuste del gasto público, sin embargo, la inflación saltó al 4,7 por ciento en marzo y acumula 54,7% en doce meses. 

Por su parte, el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, prefirió hablar de un "pacto entre caballeros" para referirse al acuerdo que abrocharon con diecinueve empresas. Aquí conviene invertir unas líneas en detallarlas, por si fallan. Las firmas que proveen esos “productos esenciales” son: AGD, Arcor, Bunge, Café Cabrales, Dulcor, Establecimiento Las Marías, Gerula, Ledesma, Molinos Río de la Plata, Morixe, Pepsico, Adecoagro, Bodegas Norton, Quilmes, Prodea, Bagley, Alimentos Refrigerados, Mastellone e Ilolay.

Una joyita del acuerdo tiene como protagonista al café, ya que el dueño de la empresa Cabrales, Martín Cabrales, aclaró que este es un "un producto dolarizado, un commodity", en consecuencia no es posible incluirlo en el “pacto de caballeros”. “El café no estaría dentro de la canasta de productos esenciales, hay un té”, dijo Don Cabrales, dejando en claro la esencia de este engendro: los pobres no pueden tomar café, que se arreglen con té.

Agujeros por todos lados

Dejando de lado el chiste grotesco del asado a 149 pesos que hay que ir a buscar al Mercado Central, una cuestión que conviene aclarar es que en definitiva los “productos esenciales” no superan la veintena, puer hay varios de un mismo rubro. Por ejemplo, cuatro tipos de leche o siete yogures diferentes. Otro aspecto a tener en cuenta es que esta canasta contiene productos de dudosa calidad alimenticia y que la mayoría de ellos son de segundas o terceras marcas, algunas totalmente desconocidad por el público en general. Y otro interrogante que se abre es porqué no hay frutas ni verduras frescas incluidas en los “productos esenciales”. ¿No lo serán?

En definitiva, resulta difícil creer que un acuerdo de precios se base en las buenas intenciones del gobierno y de las empresas. Para que un plan de congelamiento de precios funcione debe haber en primera instancia un control severo por parte del Ejecutivo. Pero para eso, quienes están a cargo de la administración nacional deben tener un sustento ideológico suficiente que les permita tener la mano firme para que los precios permanezcan en las góndolas de acuerdo a lo pactado. No es el caso del ejecutivo actual, que desmanteló la estructura necesaria para una tarea eficiente de control, precisamente, siguiendo su norte ideológico.

El pacto que falta

En las últimas horas, el matutino Página 12 publicó una nota sobre los precios de los medicamentos. Según el diario capitalino, los remedios aumentaron un 266 por ciento en los últimos cuatro años, con casos de remedios esenciales -como los que tratan problemas cardiovasculares, que son la causa principal de muerte en el país- que tuvieron incrementos del 600 por ciento. Esta situación golpea especialmente a los jubilados, ya que se da en el marco de que PAMI les dejó de entregar el 100 por ciento de la medicación crónica gratuita, a menos que reúnan una serie de requisitos demasiado restrictivos. Por la suba de los precios y la falta de cobertura, los adultos mayores son empujados a suspender o discontinuar sus tratamientos. 

En el mismo período en que los remedios subieron un 266 por ciento (de mayo de 2015 a abril de 2019), la jubilación mínima aumentó sólo un 172. Esto se debió a la reforma provisional que aprobó el Congreso en diciembre de 2017, mientras una multitudinaria manifestación de protesta era reprimida en la plaza. Su aplicación en 2018 y lo que va de 2019 fijó una recomposición del haber mínimo del 28,4 por ciento (comparando enero 2018 con enero de 2019), mientras la inflación acumulada de 2018 sumó 47,6 por ciento.

Acá no hay “pacto de caballeros” para aliviar el bolsillo de los jubilados. Esto demuestra que las causas reales del proceso inflacionario pasan por otro costado y deja desnudos a los ministros que anunciaron el “programa de alivio”. Una bolsa de productos berretas que están muy lejos de ser parte de una alimentación saludable, entregada a regañadientes por los buitres de la alimentación, es lo único que se le ocurre al macrilismo para solucionar una situación que comenzó a engendrar desde su primer día de gestión. ¿Eso es todo lo que tienen? Muy poco por tratarse de la última baraja que tenía para tirar en la mesa el “mejor equipo de los últimos cincuenta años”.