11:18 h. Miércoles, 24 de Abril de 2019

Trinchera de ideas 

 

OPINIÓN ​ Por Martina Dentella  |  08 de Abril de 2019 (15:18 h.)
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“Lo que quede de aldea en América ha de despertar. Estos tiempos no son para acostarse con el pañuelo a la cabeza, sino con las armas de almohada, como los varones de Juan Castellanos: las armas del juicio, que vencen a las otras. Trincheras de ideas valen más que trincheras de piedras”. 

José Martí

Un recorrido de seis estaciones de subte. 

Subió un pibe con una guitarra. Subió en la próxima estación una madre y una hija pidiendo ayuda para comer.

Subió un padre pidiendo plata para conseguir un techo donde dormir, y ya eran más de las nueve de la noche. Lo acompañaban 95 centímetros de campera con brillos, zapatillas rosas y mochila violeta. 

Tenía setenta pesos en la billetera. Arbitrariamente no les dí lo que tenía a lxs primerxs y sí a lxs últimxs en subir. 

La indiferencia, a quiénes les cabe. Para mí es un malestar incurable. 

Quienes soñamos por un lugar más justo, sufrimos la compañía religiosa del sentimiento de vergüenza. Vergüenza por las atrocidades e indecencias cometidas por otrxs, que pesan en unx, porque con nuestra compasión no alcanza para desterrarlas. Porque con nuestra compasión no se come, no se hace nada.

Sobran ruidos de hambre y hay carestía de cacerola en la república dolorosa de Argentina. El silencio sepulcral es complicidad. Rebosan las mezquindades en el barro tóxico donde pisamos y respiramos todos.

Qué es un límite, si no lo es un niño revolviendo basura, en cada cuadra, en cada rincón de la ciudad. 

Cómo resuena en cada unx: tres millones de pobres. Una cifra, un número. La inmoralidad. 

¿Nos convertimos en una masa corpórea capaz de sostenerse sin quebrarse hasta el fondo? ¿Cuál es el fondo? ¿Cuál es el final?. 

La cantidad de chicos pobres de entre 0 y 14 años aumentó de 39,7 por ciento en el segundo semestre de 2017 a 46,5 a fines de 2018. 

¿Ese no es el fondo? ¿Ese no es el final?

Arrancarnos las corazas que nos limitan a ver el dolor ajeno. Desnaturalizar la miseria y la vida en la calle. Dejar de ver el hambre por la mirilla de nuestra cotidianeidad. Dejar de ignorar a la cifra, al número, convertirlo en hermanx, en vecinx, en amigx. Organizarse. Intervenir. Poner las manos, el cuerpo, y las ideas. 

Trincheras de ideas valen más que trincheras de piedras. Hay una maquinaria que encender, para darles lugar. Hay que prender los sensores de nuestra propia humanidad. Porque con la compasión no alcanza, no se come, no se hace nada.