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  • martes, 01 de diciembre de 2020

Tomate con gusto a Chacabuco 

Tomate con gusto a Chacabuco 

En los últimos días, los descargos en redes y las puteadas in situ en las verdulerías por el precio del tomate me recordaron a mi niñez. Salía con mi mamá o mi abuela, en auto, bicicleta o a pie, y cuando  veíamos los carteles que rezaban “tomate de Chacabuco” frenábamos sí o sí a comprar. Los comía apenas lavados, como una fruta. Nadie que supere los veinte años puede no recordarlos. 

Pensar en volver a comer tomates orgánicos, rojos y jugosos no es una utopía, es posible y existe la Unión de Trabajadores de la Tierra, que lo está demostrando cada semana en los almacenes y domicilios a los que llegan con el bolsón agroecológico. 

Hay una realidad, y es que si bien uno de los nuevos directivos del mercado central es Nahuel Levaggi, integrante de la UTT, los productos agroecológicos y de la economía campesina y familiar no llegan a las mesas de todo el país, y el motivo es muy sencillo. 

Las familias productoras de alimentos que llegan a nuestras mesas no tienen suficiente acceso a la tierra como para proveer de alimentos sanos, seguros y de calidad para todo el país. 

Para avanzar en ese sentido, hay dos novedades importantes. Una es la Ley de Acceso a la Tierra (presentada por la UTT en el Congreso de la Nación), que propone una línea de créditos blandos para que campesinos y campesinas puedan convertirse en propietarios y propietarias de las tierras en las que producen a través del sistema agroecológico, sin venenos. Se trata de algo así como un ProCreAr rural. 

Y la otra, es el programa PROTAAL, Programa de Promoción del Trabajo, Arraigo y Abastecimiento Local, que impulsa el Gobierno nacional a través de La Secretaría de Agricultura Familiar para que las ciudades pequeñas produzcan alimentos agroecológicos y se genere trabajo genuino.

En ciudades con menos de 55 mil habitantes (aunque este punto puede ser flexible) se convoca a grupos de desempleados para que se conviertan en productores de verduras, pollos, huevos, carne de cerdo y leche. 

Chacabuco encuadra en los parámetros del proyecto, y  podría ocupar a cientos de vecinos y vecinas y cubrir la demanda de alimentos local, pero para que funcione el Municipio debe aportar sostén y acompañamiento, a través de los medios de producción, coordinadores o tutores en los distintos terrenos, y un presupuesto mínimo. 

El programa fijó como condición no utilizar agroquímicos. Las huertas son agroecológicas, y en el caso de la producción de huevos, las ponedoras son de piso, no usan jaulas.

Muchas veces vemos cómo se celebra desde el Gobierno Municipal la posible llegada de empresas a la ciudad, y ahí se agotan las posibilidades de generar empleo. Hay otras formas, existen y no hay excusas para que los municipios en general se pongan a trabajar  en este sentido. 

Una vez que comenzó la pandemia, e independientemente de cómo sucedieron las cosas, el ecologista Santiago Muhape se preguntaba cómo tantos trabajadores esenciales corrían el riesgo de contagio al tener que acudir a los mercados centrales para abastecer a la ciudad de alimentos que la ciudad podía (puede) producir. 

Aparentemente, el Municipio trabaja en la puesta en marcha de un Mercado que se ubicará  en la entrada de la ciudad y concentrará la producción de todo el partido. Según fuentes oficiales “la idea es darle valor a la producción de la zona de amortiguamiento donde no se puede fumigar ni aplicar nada y comercializar esos productos”. 

Hay cada vez más experiencias agroecológicas, que dan sobradas pruebas de que otro tipo de producción es posible, rentable, productiva, y más amigable con el ambiente y las generaciones futuras. 

Es por ahí.