14:08 h. Jueves, 05 de diciembre de 2019

No tiene límite

OPINIÓN / Por Gustavo Porfiri  |  13 de agosto de 2019 (17:44 h.)
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Aún sabiendo que está “game over”, que perdió por paliza una elección, desatendiendo cualquier mínima regla de convivencia institucional, tuvo el “valor” de echarle la culpa del desmadre financiero a los votantes de un espacio opositor y autocrítica a sus vencedores. ¿Pensaba que destratar a un pueblo como lo hizo durante toda su gestión iba a salir gratis? ¿De verdad creía que -otra vez- una ajustada mayoría le iba a dar piolín para que siga destruyendo la República? Es momento de estar muy atentos, pues ante semejante desquicio existen los mecanismos constitucionales apropiados para poner límites. Este pueblo no se merece un disgusto más.

El día después es culpa tuya

El dólar no tiene control. La economía está en shock. Las acciones de las empresas insignias del mercado criollo caen por el barranco. La tasa no tiene techo. Las reservas del Banco Central se esfuman. Las cadenas de comercialización se paralizaron. No hay precios. No se entrega mercadería pero los precios aumentan igual. Pero la culpa es de los otros, sobre todo de los argentinos que este domingo decidieron pasarle la factura electoral por tanto tarifazo, por tanto desempleo, por tanta pérdida de derechos, por tantos sueños postergados. La culpa la tienen los votantes que no aplauden en masa la extinción de un país y su pueblo.

"Le pedimos al kirchnerismo que actúe con responsabilidad", dice el presidente que ha hipotecado el futuro de varias generaciones metiéndose bajo las polleras de Christine Lagarde para acceder a un préstamo multimillonario del Fondo Monetario Internacional de cuyo destino todavía no tenemos noticias, aunque sí sospechas firmes de haber sido utilizado en parte para fugar divisas por los pasadizos secreto de la timba financiera y también para sostener la estantería hasta el domingo pasado. Vistos los resultados, dejaron que la estantería se venga abajo sin considerar que ese desplome afecta a millones de compatriotas que no tienen cómo defenderse ante el embate del aumento de precios de alimentos e insumos de extrema necesidad para seguir viviendo. Pero la culpa de todo eso es del propio afectado que no sigue votando a su verdugo.

No puede, no quiere, no sabe

"Ojalá que el kirchnerismo se haga cargo y revierta esta situación", dice el hombre sin que le cambien los colores del rostro. La verdad es que él mismo dio la respuesta a esa cuestión en otra frase de la desopilante conferencia de prensa que -dicho sea al paso- quedará como una pieza de estudio para la academia de las ciencias políticas. "Soy presidente hasta el 10 de diciembre, como mínimo", afirmó el líder de la bochornosa derecha argenta. Bien, entonces sería conveniente que se haga cargo quien corresponde y no el frente ganador de las PASO. Este espacio no tiene porqué asumir ninguna responsabilidad en tanto simplemente salió victorioso por paliza de una elección primaria. Claro que si el planteo fuese honesto, y el presidente asumiera un mínimo de su responsabilidad, debería llamar no sólo a quienes ganaron el domingo sino a todos aquellos que tengan algo para aportar en esta emergencia. ¿Por qué no convocar a economistas, políticos, cámaras empresariales, sindicatos, universidades, iglesias, movimientos sociales y demás protagonistas de la cotidianeidad ciudadana y lograr un amplio consenso para atravesar los cuatro meses que restan hasta el 10 de diciembre?

Sería pedirle demasiado a quien ha demostrado manejarse con la lógica del patrón que no reconoce ni acepta ninguna idea que no coincida con su proceder casi patotero. Pero además tiene este hombre una limitante ideológica. Si convocara a otros para prevenir la debacle total, estaría obligado a ponerle un freno a los causantes del descalabro, esos demonios a quienes él mismo soltó: “los mercados”.

En otro párrafo de colección, el presidente aseguró: "pasamos de que la bolsa subía como loca el viernes con las encuestas, a que hoy se desplomara todo". Claro, lo dijo tratando de hacernos creer que el humor de “los mercados” depende de si votamos a este o al otro. ¿Desde cuándo tenemos que pedirle permiso a alguien para expresarnos en una elección? ¿En qué momento se instauró la lógica de que nuestra libertad de sufragio está condicionada por algún sujeto externo a nuestras convicciones más profundas? "Hay siete millones y medio de argentinos que entendieron, y otros que no. Esas dudas los llevaron a votar por otra alternativa", aseguró el primer mandatario arrojando otra vez la responsabilidad del desastre que él mismo provocó a quienes no metieron en el sobre la boleta con su nombre. La verdad es que se pone difícil aceptar que un mandatario elegido por el voto tenga semejante destrato para con aquellos que no aceptan seguir aguantando el sufrimiento que él les ha provocado.

Dichos gauchos

"Lo que hay que hacer, como decía el gaucho, es terminar de cruzar el río. Nunca estuvimos tan cerca. Y ayer volvimos a mostrar esta duda". Otra vez apelando a las metáforas sin sentido ni contenido. ¿De cuál río habla? ¿De qué gaucho? ¿Cuál es la duda que mostramos el domingo? ¿Por qué no habla en el idioma en que todos nos manejamos y nos explica cómo va a hacer para evitarnos más disgustos?

Lo del domingo fue un anticipo que parece indicar que el pueblo argentino está dispuesto a retomar las sendas perdidas y no permitir que personajes como los que nos pusieron en esta situación asfixiante sigan haciendo daño. Es un buen indicio, aunque todavía debe confirmarse en las urnas dentro de dos meses y algunos días. No hay que aflojar, “ni abajo del agua”, como decía el gaucho.