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  • martes, 01 de diciembre de 2020

Tiempo de pensar en los niños y las niñas 

Tiempo de pensar en los niños y las niñas 

Por Martina Dentella 

 

Todos los veranos, a mi hermano y a mí nos mandaban a la misma colonia de vacaciones, desde diciembre a marzo. A las dos de la tarde nos pasaba a buscar el mismo colectivo que llegaba echando humo y levantando polvareda. 

Pepe, el conductor, tenía colgado un sapo de un verde viejo y gastado del espejo retrovisor y una estampa de la Virgen pegada en el vidrio. Nos sonreía cada vez que subíamos, y a veces chocábamos los cinco. Siempre me sentaba en el mismo lugar, arriba de la rueda, donde el piso del colectivo se levantaba y yo llegaba a apoyar los pies. Apenas me sentaba, abría la ventanilla y colgaba el bolso del asiento delantero. Ahí saludábamos a nuestras mamás que se quedaban en la parada, mientras que algunos de los más chicos se quedaban llorando porque no querían subir, y otros abrían las ventanillas de par en par, el viento les pegaba en la cara, y ni miraban atrás. 

Teníamos que seguir el recorrido, hasta que llegábamos a la ruta, y nos encontrábamos con el otro colectivo, donde viajaban el resto de los chicos. 

“Quieren salir primeros pero no pueden, primero estamos nosotros y después ustedes”, cantábamos desde la ventanilla, mientras los pasábamos. Cuando perdíamos, nos bajábamos sin cantar, y al ratito nos íbamos corriendo al monte donde brotaba el olor a eucaliptos. 

Las imágenes de los campamentos, las obras de teatro, los cantos, las meriendas compartidas, y la pileta gigante, y las largas noches de sueño y cansancio profundo se suceden en quien escribe, solo por nombrar algunas. Son construcciones de infancia, y marcan las bases para la vida. 

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Falta poco más de un mes para el inicio del verano, que es el momento del año que se añora durante la niñez. Según los anuncios oficiales, por el momento, no habrá colonias de vacaciones para niños y niñas porque no se pueden garantizar - a priori- las condiciones sanitarias para que los contagios no ocurran. 

Una pandemia es un momento de excepción. Está claro que prever y garantizar la salud es prioridad. Así y todo, es esencial que desde el Estado se planifique -con todo el potencial creativo y los recursos humanos disponibles- actividades recreativas para quienes no están en condiciones de captar y procesar la gravedad de la cuestión sanitaria, y después de ocho meses de encierro, solo quieren jugar. No se trata de una encrucijada. Mientras padres y madres continúan trabajando, y enfrentando una crisis económica, la conexión, el cruce con otros niños y niñas, y las políticas públicas acordes a este tiempo (en grupos reducidos, espacios abiertos, tiempo limitado, esporádico) pueden hacer una diferencia.