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  • domingo, 12 de julio de 2020

Tareas para el día después

OPINIÓN / Por Gustavo Porfiri

Tareas para el día después

Jerome Hayden Powell nació el 4 de febrero de 1953 en Washington, DC. Actualmente preside la Reserva Federal de los Estados Unidos de Norteamérica, también conocida como FED (acrónimo de Federal Reserve System), una entidad público-privada que viene a cumplir el rol de banco central de la potencia norteña. 

La FED fue parida en 1913, a través de la Ley de Reserva Federal y su finalidad fue la de mejorar el ambiente financiero enrarecido que atravesaban los yanquis por entonces. En este momento del siglo XXI, los bancos de Wall Street son los mayores contribuyentes y los dueños de la Reserva Federal, el organismo encargado de imprimir el billete verde que domina el planeta, o dominaba, si prefieren.

Don Powell juró el cargo el 5 de febrero de 2018, luego de ser nominado el 2 de noviembre de 2017 por el Donald Trump, y es quien tiene la posibilidad de apretar el botón que pone en marcha las máquinas que imprimen dólares. Y vaya si gastó tinta verde, el tal Jerome: en este primer semestre de 2020, se han inyectado en todo el mundo unos 18 billones de dólares en estímulos. Esta friolera de guita representa el 21 % del PIB mundial.

El gran salvador 

Otra de las funciones que el personaje de esta columna tiene entre sus manos es la de “rescatar” empresas y bancos que han caído en desgracia. En realidad, el sistema de rescate está armado para que esas compañías se quedan con enormes cifras de dinero -a costo cero- que la FED le entrega alegremente. Robert Kiyosaki, empresario y escritor estadounidense, declaró recientemente que la "Reserva Federal de Estados Unidos está muerta". El autor del popular libro "Padre rico, padre pobre" argumentó este domingo en un tuit que el aumento de las deudas otorgadas a las empresas, supuestamente unos USD 900 mil millones, pasarán a USD 1.6 billones el próximo año, poniendo en riesgo a la Reserva Federal.

Por su parte, Estados Unidos sigue aumentando la carga de su deuda. Ésta crece a mayor ritmo que su propio PBI, en tanto que la relación entre cada dólar de deuda y el incremento productivo es cada vez peor. Cuanta más deuda se contrae, menos rentable resulta, un modelo que es insostenible, ya que no puede funcionar ningún sistema en el que la deuda aumente más que el crecimiento de forma sostenida.

El globo se desinfla

El problema del sistema financiero global tiene sus raíces en el escenario detallado líneas arriba: una Reserva Federal que no para de emitir billetes para salvar un barco hundido. Así, el mundo se enfrenta a una catástrofe similar a la del coronavirus: la pandemia de la emisión de moneda. De ahí que son tan grandes los esfuerzos por enmascarar a la segunda con la primera, haciéndonos creer que el derrumbe de la economía global sustentada en el sistema capitalista es culpa de un organismo microscópico. Con o sin peste, la economía en la que estamos inmersos reventaba, por eso que es innecesaria la discusión que enfrenta a los protocolos sanitarios con los mandatos económicos. En un mundo sano, en el que lo primordial fuese la existencia humana, quizá no hubiera aparecido el Covid-19 y, en caso de que igualmente nos atacara, las variables económicas no se hubiesen visto afectadas, pues estaríamos blindados por un sistema económico diseñado para priorizar la vida.

Otro síntoma de que el sistema de la FED y su billete verde está a punto de explotar es que después de un cuarto de siglo de experimentación con las monedas fiat, y del abandono del oro como patrón monetario, el metal ha vuelto a tomar su lugar y se mueve más alto incluso que las acciones mejor cotizadas. Asimismo, hay países sensatos que están acumulando oro, como Rusia o China, dos potencias que han demostrado largamente que de tontas no tienen nada.

El día después

Nadie sabe cómo saldremos de la crisis sanitaria. Estamos preparados para que sople el viento del norte, eso acumula calor, nubosidad, humedad, se establecen las condiciones necesarias y llueve. Luego, sopla el viento del sur, o del oeste y limpia. Sin embargo, a este virus no hay viento que se lo lleve, por ahora. Lo que está claro es que la pandemia aceleró los problemas que ya tenía la economía mundial. El FMI espera que 2020 termine con una caída que no se recuerda desde el final de la Segunda Guerra Mundial. La Organización Internacional del Trabajo dice que en tres meses se perderán 300 millones de puestos de trabajo y los más precarios tendrán que elegir entre “enfermarse o morir de hambre”. 

Lo concreto es que el día después de la pandemia nos encontrará sumergidos en gravísimos problemas, casi de subsistencia. Bueno, parece que es la hora de dejar de creer en Jerome Powell(no en su persona, sino en el sistema que encarna) y tratar de hacernos un mundo nuevo, pero mejor. Es un desafío interesante, pero más que nada es una obligación. Este mundo no aguanta un dólar más.