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  • domingo, 12 de julio de 2020

“El taller adelante porque el trabajo es lo primero”

Si uno camina por la calle y pregunta por una virtud del actual intendente, la respuesta mayoritaria es “un tipo muy trabajador”. En la primera parte de una intensa conversación que ayer mantuvimos en el taller metalurgico de  Reinaldo Roberto Aiola (padre del actual Jefe Comunal), aparece la explicación de cómo se transmitió esa cultura del trabajo y del esfuerzo. Los Aiola siempre tuvieron el lugar de trabajo en el frente del terreno y más al fondo la casa, “porque el trabajo es lo primero” dice el padre de Víctor. Detrás de ese tipo flaco, corvado y de pocas palabras, se esconde un testimonio de vida que alcanza para un guión que refleja nuestro pasado de inmigrantes que aprendieron a poner el lomo como destino inexorable. Por eso cuando le preguntamos hasta cuándo va a seguir en el taller, la respuesta llegó sin dudar “yo elijo morir trabajando”.    

 

Entrevista: Andrés Colicchio / Edición: Alejo Dentella

“El taller adelante porque el trabajo es lo primero”

Tengo entendido que te criaste en la casa de un sastre, y tu mamá era ama de casa, ¿qué recuerdos tenés de tu infancia?

Tengo que hacer una aclaración. La casa de mi viejo estaba en la Av. Alsina, y atrás estaba la casa de familia. Pero yo vivía con mi abuelo, que estaba en la Primera Junta. De ahí viene la tradición que yo respeté, y por eso tengo el taller adelante de mi casa también. 

 

Siempre el trabajo adelante, ¿define eso a la familia?

Sí, siempre el trabajo adelante. ¿Sabés que pasa? Mucha gente me preguntaba cómo hice la casa también en la parte de atrás, o por qué no hacía el galpón atrás y la casa adelante, pero ¿cómo entrás? Primero tenés que tener el taller, donde vas a poder hacer todo. La casa es un lugar para vivir, pero la base es el taller. Mis abuelos, los gringos, me criaron. Yo soy casi un hermano de mi papá, porque hasta los veintiocho años viví con mi abuelo, hasta que me casé. Hacía una cuadra y media y estaba en lo de mi viejo, iba a comer a veces, pero me crié con mis abuelos. Mi señora dice que soy un tipo antiguo, porque me criaron ellos. Yo como ajo. Hasta dulce de leche con ajo te daban, le metían ajo a todo. A mí me quedaron muchas costumbres de ellos. 

 

El trabajo del sastre hoy se usa más para la alta costura, y en tu época la forma de vestir era otra. 

-Sí, es muy diferente. Hasta un peón de horno, tenía su traje. Gente que trabajaba cortando ladrillo, tenía su traje. Todo el mundo tenía uno. Aparte si ibas al cine sin corbata no te dejaban entrar. Eso lo sabe cualquiera, era otro sistema de vida, no sé si mejor o peor. Cada generación, o cada movimiento que hay en la sociedad, creo que es para bien. Podés ir con una ropa más humilde a cualquier lado ahora, y está todo bien. 

 

¿La gente iba de traje a la cancha también?

Sí, fíjate hasta en un partido de Boca y River, que hay en las revistas “El Grafico” de aquellos tiempos, estaban todos de traje y sombrero. Hay un cuadro de cuando Hipólito Yrigoyen va caminando al Congreso, y toda la gente está vestida igual, de saco y sombrero. Cuando era chico yo tenía traje, saco y pantalón corto. 

 

¿Tu papá te hizo algún traje?

Sí, varios, y me hizo el traje de casamiento. Mi abuelo me había hecho el traje cruzado y de pantalón hasta la rodilla. Recién a los quince o dieciséis me hicieron el primer largo. 

 

Tu papá también estaba muy relacionado al movimiento tanguero, en ese momento había muy buenos músicos, cantantes.

No lo tengo claro, puede que haya sido así. 

 

Vos sí te relacionaste con el tango

Sí, yo sí era tanguero, con Adalberto Centurión y el hermano de mi señora Carmencita. Habíamos formado una peña. Esa peña dio el origen de la calle Gardel, queríamos preservar su nombre, en agradecimiento. Yo hablaba poco, la voz cantante la llevaban los otros. El varon del tango se llamaba. Habían editado una revista pero no sé a dónde habrá ido a parar. 

 

¿Cómo te iniciás en el oficio, dónde estudiaste para ser metalúrgico?

Estudiamos acá en la Escuela Industrial de Chacabuco, que era hasta tercer año. Luego había que ir a Junín o a Chivilcoy. Estaba Mario Brandone, un muchacho de apellido Contreras, y otro de Salto. Nos fuimos los tres a Chivilcoy para terminar. Después se sumaron Julio Chazarreta y Hugo Jacobs. 

 

¿Tenía una buena base el Industrial?

Sí, era muy buena la base. No tenían ningún título los maestros, pero eran maestros de oficio, enseñaban bien. La teoría tiene que ir acompañada de la práctica. Vos salías capacitado para agarrar un torno y ponerte a trabajar. Tuvimos muy buena formación. En aquella época había una rigidez en el trato. Había mucho respeto a los profesores. Hoy los chicos la primera vez que los ves te dicen “qué hacés che”. No es de mala fe, acá vienen muchos y son educados, y buena gente, pero las relaciones en ese punto son diferentes. 

 

¿Te tocó hacer el servicio militar obligatorio?

Sí, claro. Lo hicimos en el Primer Cuerpo de Artillería en Junín. Nos tocó derrocar el gobierno de Arturo Frondizi, que tuvo la mala idea de invitarlo al Che Guevara cuando fue a Montevideo, en una convención de América Latina. Frondizi, a “sotto voce” lo hizo venir a la Argentina para conversar en 1962. Él era un tipo muy hábil. Mi viejo era Frondizista, de la UCR intransigente. Estaba jaqueado por los militares, que en esa época tenían una gran preponderancia. Frondizi, hábil, los hacía enemistar para ir manteniéndose cuatro años en el poder. Pero cuando los tipos vieron que ya habló con el Che Guevara ahí se le armó la trifulca. 

 

¿Vos fuiste obligado a participar de eso?

Sí, fuimos obligados. Con Onganía, había un cruce, una interna. Los militares pusieron a José María Guido, que no sé si era presidente del Senado. Fue un gobierno títere. Atrás estaban los militares. Y en ese mismo año, 1963, nos tocó el día 7 de julio, ir a custodiar las urnas en un pueblo rural de Junín porque se volvió a elegir un nuevo presidente que fue Don Arturo Illia, que ganó con el 25% de los votos porque el peronismo estaba proscripto. Yo tenía veinte años. Illia hizo lo que pudo, porque también lo echó Onganía. Lo sacaron de una oreja al pobre hombre. Combatió a los capitales, a los laboratorios. 

 

¿Cuando ponés tu propio taller y te independizás?

Estuve unos años con Osvaldo Cámera, luego entré a trabajar al Molino Río de la Plata, de guarda máquina, y después de ocho años, tendría 31, me independicé y puse mi taller. Hice lo mismo que mis antepasados, el taller primero, adelante, y atrás la casa. 

 

¿Ya estabas con tu señora?

Sí, nos casamos y acá seguimos. Acá nacieron todos.

 

Tenés filiación comunista, ¿cómo hiciste para casarte por iglesia?

Mujer: Porque yo me quería casar sí o sí. 

R.A- Era una cuestión social, era muy difícil no casarse por iglesia. A mí no me gustó hacer malabarismo, me casé y listo. 

¿Lo más importante es el amor?

Sí, el amor, que se va yendo (risas). Era linda esa época. 

Mujer:- Bautizamos a todos los chicos, el no los quería bautizar. Gracias a Dios.

R.A. No yo no quería. Lo único bueno es que comimos algún lechoncito. 

¿Hasta cuándo vas a trabajar?

Me gustaría trabajar hasta el último minuto de mi vida. Yo dinero no manejo, de eso se ocupan mis hijos, yo manejo las herramientas nada más. Nana administra. No sabemos cómo vamos a morir, ojalá trabajando. La vida es difícil y la muerte también es difícil. 

 

“El Che Guevara hacía lo que decía”

 

En la segunda parte de esta nota, Reinaldo Aiola habló de su mítica historia como amigo del comunismo. “En Chacabuco nunca fuimos mas de 150 o 160 comunistas, yo me daba cuenta cuando íbamos a votar” asegura, y enseguida se entusiasma hablando del Che Guevara y dice “es un hombre que pudo estar detrás de un escritorio y eligió hacer lo que decía”. Hablando de política, Aiola cuenta que tiene una hermana kirchnerista, otra peronista y un hijo radical, pero “a pesar de que nos juntamos siempre, nunca tenemos grandes discusiones”

 

 

En Chacabuco como en el resto del país ya no quedan muchos comunistas

 Sí, yo al que sigo un poco es al Partido Solidario, que está Heller, el del Banco Credicoop. El partido comunista no sé a dónde ha ido a parar. Cuando yo era chico había ciento cincuenta personas, yo me daba cuenta cuando íbamos a votar, siempre sacamos 150 o 160 votos, esos eran votos comunistas. Es muy difícil que entre el comunismo en un país como la Argentina. No sé por qué. En realidad sí sé por qué, pero sería largo de explicar. 

 

¿Quiénes eran tus referentes políticos?

El Che Guevara principalmente, siempre me llamó la atención que era un hombre que vivía como decía. Pocos lo han hecho. Te voy a contar una anécdota del Che Guevara, era ministro de trabajo en Cuba, y allá siempre hubo racionamiento, porque no alcanzaba por el bloqueo y tantas cosas que ha sufrido el pueblo cubano. Y siempre hay algún obsecuente, había un tipo que le llevaba el bolsín al Che, y en vez de dejarle dos paquetes de arroz, le dejaba cuatro, y el doble de azúcar. Y el Che dijo “a mí me dan lo mismo que al resto”. O sea que el tipo vivía como decía. Va a quedar como uno de los grandes patriotas del mundo. Dejó todo para tratar de hacer otra revolución. El partido comunista boliviano lo mandó al muere, no le dio una sola ayuda. También estuvo en África, cuando podía estar atrás de un escritorio. El tenía la idea de formar un hombre nuevo. Un hombre distinto. 

 

Tenés una hermana peronista, Ana, a Tati, kirchnerista, y a Víctor radical, tenés un lío bárbaro en la familia. 

Sí, pero esa es la democracia. Que cada persona tenga sus ideas, sea hermano, primo o pariente. Hay familias más tradicionalistas, no digo que esté mal. 

 

¿Y qué pasa en una mesa de los Aiola con semejante despelote político?

No hablamos de política. Muy poco. Cuando nos reunimos, y es bastante seguido, no nos sale. A veces hemos hablado y discutido, pero liviano, ahí nomás. Porque no sé por qué hay tanto choque. Yo tengo varios amigos peronistas, y son muy buena gente, y amigos de todas clases. Hay que discutir amablemente. 

 

¿Cómo fue vivir está etapa con un hijo intendente?

Yo te voy a explicar, estoy medio cansado con ese asunto. Porque la gente viene al taller y me dice “decile a Víctor si me puede venir a fumigar los mosquitos”. Hace cinco años que Víctor está en la intendencia, y yo jamás fui a verlo. Entré cuando asumió, la única vez y me mostró el lugar. Yo a la gente le digo que vaya al Corralón o al Hospital o a donde necesite, yo acá te puedo dar un fierrazo (risas), no somos Víctor. Yo me hago cargo de lo que sea, pero no le tiro el fardo a nadie. La gente pide y pide, creo que tienen que hacer y hacer. Y los mosquitos, que los aplaudan.